Concentración de apoyo a Alma Vives, el pasado 15 de noviembre, cuando se celebró el juicio por el régimen de visitas.

Alma Vives tiene 28 años. Su pesadilla comenzó cuando tenía solo cuatro. Ahora ha vuelto a resucitarla su verdugo, su propio padre, que ha reclamado judicialmente a su hija un régimen de visitas sobre su nieta. La pequeña tiene en la actualidad la misma edad con la que este maltratador y abusador sexual comenzó a abusar de ella y a maltratarla, como hizo también con su madre. La titular del Juzgado de Primera Instancia número 12 de Palma de Mallorca, Rosa María Mas Piña, debe decidir ahora si concede el régimen de visitas a este abuelo pese a sus antecedentes por malos tratos. El juicio se celebró el pasado 15 de noviembre y a las puertas del juzgado se produjo una concentración de apoyo a la víctima.

Una jueza de Palma decide si concede las visitas al abuelo pese a que admite que su interés es sólo hacia su hija y no por su nieta

Cuando los padres de Alma se divorciaron en 1995, su madre denunció a su ex marido por malos tratos. Un juez le concedió una orden de alejamiento sobre las dos, madre e hija. Pese a ello, el maltratador exigía un régimen de visitas sobre su hija Alma, régimen de visitas que judicialmente se le concedió hasta que Alma cumplió los 16 años. Fue en ese proceso cuando se confirmó que esta joven no sólo fue víctima de violencia de género sino que también sufrió abusos sexuales por parte de su padre.

El Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS), dependiente del Consell de Mallorca, confirmó que Alma no sólo fue maltratada físicamente por su padre sino que también sufrió abusos. Entonces, debido a la corta edad de Alma no dieron validez a su testimonio aunque en el IMAS quedó claro su caso y por ello esta institución se ha opuesto ahora frontalmente a la petición de régimen de visitas del padre de Alma sobre su nieta.

Sin interés por la nieta

Durante el juicio del pasado 15 de noviembre, la psicóloga privada que testificó a petición del demandante respondió a preguntas de la jueza que el padre de Alma no ha transmitido en ningún momento interés sobre su nieta, sino que este proceso judicial lo ha iniciado sólo para retomar el contacto con su hija Alma, a la que maltrató y abusó cuando era menor de edad y con la que ha logrado mantener un régimen oficial de visitas hasta que ella cumplió 16 años, pese a que Alma dejó constancia en incontables ocasiones que no quería volver a ver a su padre.

Un informe pericial aportado en la vista, realizado por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de las Illes Balears, dependiente del Ministerio de Justicia, confirma que quedan acreditados los abusos sobre esta joven, aunque del mismo modo ven al maltratador apto para estos encuentros periódicos con su nieta.

Los forenses recomiendan que este contacto abuelo-nieta se realice “de forma paulatina y en un lugar neutro y con presencia de profesionales”. Del mismo modo, ponen especial énfasis en evitar la “interferencia materna” para que se puedan llevar a cabo estos encuentros del abuelo con su nieta.

Los forenses que han emitido este informe pericial al Juzgado de Primera Instancia número 12 de Palma hablan de “conflictividad manifiesta” entre Alma y su padre desde hace 21 años, una relación que es completamente nula desde hace dos años. Los forenses achacan la oposición frontal de Alma a que su hija de cuatro años mantenga contacto con el demandante a “un miedo irracional que le procesa hacia el mismo” y para evitar exponer a su hija a lo que denominan “situaciones desagradables” vividas por Alma en el pasado. Los forense apostillan que estas “situaciones desagradables”, que para los expertos del IMAS constituyen un caso claro de abusos sexuales, no han sido probadas documentalmente por la víctima. Y todo ello pese a los reiterados intentos que Alma ha llevado a cabo para no verse más con su progenitor desde que era pequeña hasta cumplir la mayoría de edad.

A todo esto se suma que Alma, que ha recibido el apoyo de las asociaciones Stop Desahucios y Brilla Illes Balears, también es víctima de violencia de género por parte de su ex marido, un ciudadano keniano que intentó estrangularla en diciembre de 2015, al que se le retiró la patria potestad sobre su hija y fue expulsado del país por un periodo de diez años tras dos condenas de 2016 y 2017.

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