La recomendación que me llegó fue suficientemente entusiasta para despertar mi interés. Me refiero al libro “Otra vida por vivir”, de Theodor Kallifatides, un autor griego (para un servidor desconocido) de más de 40 libros de poesía, novela y ensayo… en sueco. Kallifatides marchó de Grecia a mediados de los ’60, entre la guerra civil del país y antes del inicio de la dictadura militar.

Como hace tres años tomé la decisión de solamente comprar libros de poesía (y previamente leídos), hice la rutina de rigor: dirigirme a la biblioteca. Pero el libro está siempre ocupado, en todas las bibliotecas. Siempre está en casa de alguien, en alguna mesita junto a una butaca o sofá o, incluso, junto una cama. Fuera como fuera, tras meses y meses en que alguien siempre se me adelanta, un familiar me lo prestó hace unas semanas.

Finalizados los libros que tenía en préstamo y a la espera de la llegada de los siguientes, pensé que era un buen momento. Uno tiene el pensamiento irracional que hay libros que esperan, como si tuvieran vida propia, su momento idóneo para asaltarnos.

Lo leí en un día (es muy breve, casi que demasiado) con la angustia aquella de que se acaba, de que va a finalizar y que uno llamaría por teléfono al autor y le diría: <<continúa, por favor. No calles, no calles nunca>>.

El libro, en su superficie, es fácil de explicar: un griego que emigró a Suecia hace más de 30 años, ya anciano, deja de escribir. Y es que es un escritor, en lengua sueca, de renombre. Así pues, ante la incapacidad de escribir más, decide abandonar su estudio, un apartamento al que durante años y años ha ido cada día a escribir. Y nos explica cómo le afecta, tanto a nivel de los quehaceres cotidianos como a nivel anímico y espiritual. Luego, hay un viaje a Grecia a su pueblo natal, donde le han puesto su nombre a una calle y a la escuela, y se dirige (con su esposa o compañera sueca) para recibir un homenaje. Ya está, eso es la superficie.

El fondo, es más difícil de explicar. A un servidor, y disculpen la petulancia, le hacía pensar en las “partitas” de Bach: una música que no dice nada grandilocuente, pero que se extiende como un telón de fondo donde se proyecta todo lo que va sucediendo. Es esto: Kallifatides, el autor, erige con palabras un telón de fondo. Y, en ese telón, se van proyectando las cosas importantes que convierten a hombres y mujeres en seres humanos: el valor de la amistad, las distancias, la familia, las pequeñas manías en que nos apoyamos, la relatividad de los sucesos históricos y cómo, poco a poco, percibimos la importancia que tienen. El paso del tiempo, los cambios, las posibilidades de otras vidas que no vivimos… y a las cuales ya no podemos regresar. Y más: en qué puede transformarse el amor con los años, la ternura y la independencia, la solidaridad del emigrante (de todo aquél que está en una tierra que no es la “suya”). Y mucho más, pero no es cuestión de hacerles una lista.

Sobre, o bajo todo ello, planea un pensamiento recurrente, al cual se puede acceder desde varios caminos: la cultura, la socialdemocracia y en qué nos está convirtiendo el capitalismo extremo.

Déjenme precisar con tres apuntes. 1) La cultura, para alguien de gran nivel educativo (que no social económico) de Grecia, no es exactamente lo mismo. Es decir, que Esquilo no le suena a ovejas, que sabe muy bien qué significó la Grecia clásica para el mundo moderno, y que es muy consciente de lo que se está perdiendo. 2) La socialdemocracia, que para alguien que lleva más de 30 años viviendo en Suecia, no tiene nada que ver con el PSOE ni las pamplinas que hemos vivido por aquí. Y 3) En qué está convirtiendo este capitalismo extremo a la sociedad, lo tiene muy claro un anciano que ha vivido (realmente “vivido”) los dos puntos anteriores; es decir, con una gran perspectiva.

El libro, a medida que avanzamos, nos va envolviendo con una dulce nostalgia. Es esa nostalgia que tienen algunos hombres y mujeres sabios (no siempre “cultos” en un sentido académico) sobre lo que podría ser, pero no es. No cae en el error de “todo tiempo pasado, fue mejor”, ni muchos menos, pues recuerden de qué Grecia marchó. Sino que es consciente de las posibilidades del ser humano, de la belleza, de la naturaleza que nos envuelve… y de cómo vamos despreciando esas posibilidades por cosas tan importantes como tener un coche mejor (engaño, nos deja entrever, para que unos pocos vivan en el lujo y muchos, no en la pobreza, sino en la miseria falta de dignidad).

Es muy curioso, pensaba al haberlo finalizado, que sea un libro tan solicitado y alabado en el boca a boca de los que, en catalán, llamamos “lletraferits” (traduzcan ustedes mismos)… y que luego todo vaya como va a la hora de votar.

En fin, a riesgo de ponerme panfletario, lo dejo con dos últimos apuntes: 1) Europa (lo que nos incluye) debería plantearse el trato que le dimos a los griegos con su última crisis, y los habitantes de España (esos que se quejan de la “insolidaridad” del centro norte de Europa) deberían ser los primeros. Y 2) Gracias a la traductora por permitirnos un tal deleite frase tras frase, párrafo tras párrafo, y fíjense de qué lengua está traducido el libro, que por alguna razón lo señala en la portada. La prosa, sí, fluye en líquida miel: dulce y energética como el vuelo de una abeja. Cierto que todos dejamos atrás otras vidas por vivir, y, si lo leen, tal vez tras una pátina de tristeza, se sentirán mejor.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

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