El Gobierno de Díaz Ayuso empieza a poner en juego las ocurrencias de su presidenta eternamente dreamer y adolescente. Ayer se supo que el presentador de televisión Pedro García Aguado, conocido por el programa Hermano mayor, se ha sumado al proyecto de trifachito castizo como director general de Juventud de la Comunidad de Madrid, un organismo dependiente de la Consejería de Educación.

Por descontado, lo primero que ha hecho el también medallista olímpico es salir al balcón de Twitter para agradecerle a Ayuso la confianza depositada en él, al tiempo que ha prometido que pondrá “todo lo aprendido estos años al servicio de la juventud madrileña”. Seguramente el temperamental coach se refiere a todo lo que aprendió en sus años de reality, cuando arreglaba la azotea a los jóvenes descarriados, violentos e hiperactivos.

Estamos por tanto ante un actor que aprendió las técnicas y claves de la manipulación televisiva en un programa de máxima audiencia, un intérprete especializado en el prime time que sabe hacer teatro del bueno, transformando la realidad en ficción y viceversa, que a fin de cuentas es de lo que se trata en política. Aguado (este Aguado, no el jefe de Ciudadanos-Madrid que no quiere “pajines” ni “aídos” a su lado porque no confía en la capacidad de las mujeres de su partido) da el perfil requerido por Ayuso, otra gran actriz de la escuela del método que cultiva el glamour vamp años cincuenta, o sea mucho cabello ondulado con reflejos, vaporosos vestidos de seda y el NO-DO franquista antes de la película. Con tanto actor, el Gobierno de la Comunidad de Madrid va a parecer la Escuela de Stanislavski. Ya solo faltan Felisuco y Toni Cantó.

Qué podemos decir de García Aguado. En su papel de entrañable hermano mayor que petó las audiencias, obró prodigiosas conversiones y exorcismos de jóvenes con problemas. Todos recordamos al aguerrido padre Karras de la psicología infantil llegando a la casa de alguna familia aterrorizada por un pequeño déspota o proyecto de Billy El Niño. El crío o la cría endemoniados echando espumarajos por la boca, soltando insultos contra todo bicho viviente y estampando el plato de lentejas contra la pared. Y el coach tan sereno, tan tranquilo, tan seguro de que iba a obrar la exitosa rehabilitación. Por sus manos pasaron jóvenes aspirantes a macarras, muchachos violentos y agresivos que pegaban a sus madres, niñas adictas a las drogas, al chocolate y a la videoconsola. Aguado era un maestrillo que con su librillo siempre metía en cintura a los gamberros sin necesidad de darles ni un cachete ni un soplamocos. Él siempre obraba el milagro de la transformación gracias a sus técnicas pedagógicas conductistas exclusivas (con algo de ayuda de la posproducción televisiva, todo hay que decirlo). Y lo hacía en apenas un cuarto de hora, charlando con los chicos y convirtiéndose en su amigo y confidente hasta encauzarlos y hacer de ellos personas pacíficas, de provecho, buenos españoles. Más tarde el San Pedro de Cuatro se metió a cazador de trols, un programa sobre acosadores de Internet del que se rumoreó que estaba más precocinado que una pizza de Casa Tarradellas. Vamos, que las historias estaban guionizadas, preparadas, puro teatro.

El problema, y ahí es donde puede fracasar el flamante fichaje de Ayuso, es que la vida real no es como la tele, y ahora el “hermano mayor” que siempre obraba el milagro del happy end televisivo y convertía un monstruito en un niño modélico, tendrá que enfrentarse a situaciones de verdad, con chicos y chicas de carne y hueso de barrios humildes como Vallecas o Usera, donde nunca llegan las políticas sociales sino la jungla ultraliberal del PP. O sea, la vida misma en toda su crudeza y miseria. Sin guiones ni escaletas ni tomas falsas. Habrá que ver si tiene tanto éxito esta vez.

En otro orden de cosas también resultará interesante comprobar cómo se maneja en su nuevo cargo de viceconsejera de Vivienda Concepción Dancausa, el otro “gran fichaje” de Díaz Ayuso. Concejal de Hacienda en el Ayuntamiento de la capital, Dancausa fue una de las implicadas, junto a la exalcaldesa Ana Botella, en el caso de la venta de más de 1.800 pisos de protección social a fondos buitre multinacionales. La nueva “vice” de Vivienda fue una de las condenadas por el Tribunal de Cuentas, aunque finalmente la sentencia fue revocada en segunda instancia. Por cierto, la propia Díaz Ayuso ha tenido que superar antes de su investidura una serie de escandalazos sobre alzamientos de bienes, turbias historias púnicas, cosas. Un mal rollo. Pero seguro que Pedro G. Aguado, con sus consejillos y técnicas de hermano mayor para adolescentes con problemas, sabe llevarlas a las dos por el buen camino.

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