Érase una vez un país socio de Hitler que cuando éste perdió la Segunda Guerra Mundial, tras intentar un Imperio Universal basado en la pureza racial y el exterminio de los inferiores, acogió a los dirigentes vencidos en sus costas mediterráneas, por aquello del clima, la tranquilidad, una bonanza económica garantizada y esperanza de una vuelta a la gloria perdida. Por supuesto, sería erróneo pensar en la colaboración de la Iglesia Católica en todo esto, más allá del socorro a los perseguidos que, por definición, practican sin distinción de ideologías.

En este cuento la zorra mató a las gallinas y, oh sorpresa, el granjero le colocó unas bases militares y le ayudó a superar la vergüenza internacional ser un régimen colaboracionista, y con ello llegó el desarrollismo de los cachorros neonaci-onalcatólicos del Trabajo, el turismo para unos y la emigración sin cualificación profesional para otros, y así se hizo el país más mejor y, he aquí la casualidad, los inversores del turismo trabajaron en zonas donde los refugiados alemanes de aquella guerra perdida estaban siempre por medio, buenos arquitectos acostumbrados a construir barracones para miles, millones de personas.

Otras regiones de ese país, esquinadas, quedaron para exilio de homosexuales y, dado que nadie se fijaría, ¿por qué no colocar un polo industrial químico casi sin controles con la probada estructura de mezclar lo Público con lo privado a través de sobres, inversiones encubiertas y trasvases de personas, pasta, cargos y empleos entre marqueses, gerifaltes, y todo ello durante décadas y con herencias y traspasos para otras generaciones y cambios de régimen político?

En esa zona destruyeron el estuario de dos rías, llenaron de metales pesados los caladeros de pesca (riquísimos los lenguados) y dos barcos, con nombres de pueblos de la zona para demostrar amor a la patria chica, salían casi a diario para aliviar los detritos en alta mar; una de las riberas transformada en un surrealista fangal morado humeante, hedía a muerte mientras hirvientes ácidos llegaban a las aguas con brillo divertido semifluorescente.

Pero nadie avisó a los inversores del cambio político, tampoco a los políticos… y todo siguió igual. Hasta que los malditos europeos, que no se aclaran, porque lo mismo te incineran dejando el continente plagado de husmo bíblico que ahora te exigen respeto ecológico para lo creado por el dios citado, provocaron la deslocalización de tanto esfuerzo tan bien ejecutado: es más fácil destruir países más pobres y repetir el ciclo, cada desgraciado tiene su oportunidad.

Y entonces hubo que buscar soluciones ingeniosas para guardar productos fosfoyesosos, que según algunos sindicalistas de la escuela de Hoffa servían como abono para macetas, y construyeron, junto a la ciudad, unas balsas maravillosamente blancas, del albor de un paraíso, unas plataformas de pura nieve mentirosa que, de albas, parecían contrastar con la negrura mortecina de los índices de mortalidad por cáncer de laringe, estómago, testículos, cerebro… etc., de esa hermosa ciudadanía agraciada con miles de toneladas de alucinantes aires pestíferos.

Y en éstas llegó un Gobierno progresistas y pensó todo el mundo: ¡A que intentan hacer cumplir las sentencias de los Tribunales y nos dejan sin la hermosura de las balsas y con una reparación económica y paisajística que pudiera servir de escarmiento y modelo!

Pero afortunadamente se hicieron los suecos, se hicieron los europeos en general, y aun perdiendo la visión megalítica de la gran losa albina: toda su riquísima ponzoña seguiría aquí. Porque, al final, se trataba de taparla y ponerle arbolitos verdes y, ya que se disfrutaba de la gestión del terreno, ¿por qué no pedir a lo Público que volviera a participar invirtiendo los dineros de los impuestos de los muertos para conseguir volver a la casilla de salida y hacer economía circular sostenible?

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales. Otras experiencias profesionales: -Director del Festival Internacional de Música Clásica Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). -Director de la Oficina y Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008 organizado por la Diputación Provincial de Huelva, las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía, los Ministerios de Educación y Cultura del Gobierno de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, entre 2005 y 2008. -Asesor musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). -Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Conferenciante recurrente en programas educativos del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Educación y de Cultura del Gobierno de España. Como escritor he colaborado con la prensa escrita, antes en Cuadernos de la Campiña, Huelva Información y los diarios provinciales del Grupo Joly, y ahora en la web semanalmente con Diario16.com y mensualmente en la revista en papel Diario16, publicando varios cientos de artículos. He contribuido con textos críticos y de creación esporádicamente con una multitud de revistas literarias. Junto al Catedrático Francisco Javier Blasco Pascual, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes (49 tomos) para la editorial Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ (junto al profesor Javier Blasco, 2013) -Obra y edición en JRJ. El Poema Vivo (2017) Además he preparado la edición, selección y prólogo de la antología del poeta granadino Premio Nacional de las Letras Antonio Carvajal: -Alzar la vida en vuelo (2014 y 2019) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -La Gloria del Mundo (2017) -Libro de los silencios (2018) [XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA 2019] -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) -Las criaturas (Reedición 2019) -El mar de octubre (2020) También he publicado cuentos en diversas revistas físicas y virtuales y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012), y en 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (2016), coordinada por Antonio Enrique, entre otras. El jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 me ha distinguido con su Premio para Libro de los silencios. En el blog literario de Fernando Valls se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en las webs del Grupo Joly, de Diario16 y www.quenosenada.blogspot.com

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