Puede que en unos años podamos evitar la aparición del Alzhéimer con el simple gesto de tomar un anticoagulante para mantener nuestra circulación cerebral fluida. De momento el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) ha logrado retrasar la aparición de la enfermedad y disminuir otros síntomas conocidos gracias a un anticoagulante oral, que ha mantenido la circulación cerebral más fluida y las arterias “limpias”.

Además, un año después del tratamiento no se ha experimentado pérdida de memoria, sino que ha disminuido la inflamación cerebral, el daño vascular y se han minimizado los depósitos de la proteína beta amiloide, señal típica del alzhéimer. Aunque de momento solo se ha demostrado su eficacia en ratones, “lo importante es que este trabajo inicia un campo de investigación en la enfermedad de alzhéimer que se tenía completamente olvidado”, asegura el cardiólogo Valentín Fuster, director del CNIC y autor principal de la investigación.

Y es que hasta ahora la investigación contra este problema neurodegenerativo se había centrado más en el cerebro, en evitar la formación de placas de beta amiloide y la destrucción de neuronas que originan la enfermedad. “El propio Alois Alzheimer, al describir la enfermedad a la que dio nombre, fue quien propuso en 1906 que el alzhéimer era una problema vascular, no del parénquima cerebral. Esto que se dijo hace más de un siglo se había olvidado totalmente”, afirma Fuster.

El equipo del CNIC partió de la premisa de que la proteína beta amiloide que destruye neuronas es muy trombótica. “Cuando entra en el cerebro, parte se deposita en la pared vascular de las arterias cerebrales y se forman coágulos”, dice el cardiólogo. Así que, para evitar su formación, decidieron probar dabigatrán (pradaxa), un anticoagulante de nueva generación muy conocido por los enfermos de corazón y pacientes que deben hacer reposo por lesiones traumatológicas, porque con él se mantienen a salvo del ictus y la trombosis. Se eligió dabigatrán, y no otros anticoagulantes, porque aquél tenía menos efectos secundarios, especialmente menos riesgo de hemorragia cerebral.

La investigación se realizó con ratones modificados genéticamente para desarrollar un alzhéimer humano precoz, a los que entrenaron en un tablero con una única vía de escape donde guarecerse. Con salud, los ratones eran capaces de recordar su refugio, pero a medida que la enfermedad evolucionaba perdían esa capacidad, salvo en aquellos que recibían el anticoagulante. Estos ratones medicados consiguieron mantener su memoria y su circulación cerebral un año después del tratamiento, según comprobaron en resonancias magnéticas y otras pruebas de imagen. Asimismo, esta terapia reducía la inflamación cerebral, el daño vascular y los depósitos de beta amiloide.

Ahora el siguiente paso será averiguar si además de prevenir la pérdida de memoria y retrasar el alzhéimer puede funcionar cuando la enfermedad ya se ha instalado. “Este será el reto de la próxima década”, afirma el director del CNIC. La propia Marta Cortés, investigadora del CNIC y responsable del estudio, ofrece un dato inquietante: “Me aventuraría a decir que el fármaco podría funcionar cuando el alzhéimer ya está un poco avanzado, pero será muy difícil en estadíos tardíos de la enfermedad. Rebobinar ese estado en el que las neuronas ya han empezado a morirse es difícil”.

Después de los ratones, el equipo seguirá los experimentos con otros modelos animales de mayor tamaño. Aunque el objetivo primordial son los ensayos clínicos con pacientes reales. La previsión es que se puedan comenzar en cinco años, si bien antes se deberá decidir cómo se diseña, asegura Valentín Fuster. “¿Probamos con personas con riesgo familiar de alzhéimer precoz? ¿En pacientes que ya han experimentado los primeros síntomas? Estamos en esa discusión. No es una decisión fácil que se pueda contestar ahora”.

De momento, Marta Cortés señala que “lo ideal sería identificar a la población sana con una mayor tendencia a coagular y, por tanto, con un mayor riesgo de alzhéimer. Eso se podría averiguar con una resonancia magnética. Estaría indicada a partir de los 50 años. Los de mayor riesgo serían los candidatos a tomar anticoagulantes de forma preventiva. Y mientras como recomendación general, lo mejor es reducir al mínimo el riesgo cardiovascular con deporte, sin tabaco y una buena dieta para mantener el corazón y el cerebro sano”.

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