Un equipo de investigadores españoles, dirigido por el bioquímico Mariano Barbacid, ha conseguido eliminar por primera vez en ratones los cánceres de páncreas más frecuentes. Se trata de los tumores más mortíferos que acosan a los seres humanos y de los que apenas el 5% de los enfermos con esa dolencia superan los cinco años de vida. Según ha declarado esta semana Barbacid en una rueda de prensa, en Madrid, “me preocupa mucho dar falsas esperanzas. Quiero dejar muy claro que no va a servir para las personas que en estos momentos tienen cáncer de páncreas”. Y ha matizado: “esto lo que hace es abrir nuevas puertas”.

En la mayoría de los casos, la mutación iniciadora de los tumores de páncreas en humanos aparece en KRAS, un gen que en condiciones normales impediría la multiplicación celular. Desde su hallazgo en 1982, los científicos han publicado unas 36.000 investigaciones sobre dicho gen y su incidencia en el cáncer, pero aún no hay ninguna medicina para neutralizar su actividad cuando prolifera. “O somos incompetentes o es complicado”, ha afirmado Barbacid, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en la capital de España.

El logro de este equipo se ha basado en la modificación genética de 12 roedores, con el objetivo de presentar estas mismas mutaciones en KRAS y otra habitual en otro gen, el TP53. Después se han modificado de nuevo los genes de los ratones para conseguir la neutralización de una molécula fruto de la mutación en el gen KRAS (denominada c-Raf) y el bloqueo de otro de los presentes habituales en el cáncer: el receptor del factor de crecimiento epidérmico. Esta difícil modificación genética, improbable en humanos, ha conseguido provocar el cáncer y después neutralizarlo en seis de los ratones tratados.

El CNIO ha afirmado en un comunicado que “hasta ahora, nunca se había observado la desaparición (represión completa) de cáncer de páncreas avanzado en ningún modelo experimental”. Y según se ha publicado en la revista Cancer Cell, este enfoque experimental también ha servido para bloquear el crecimiento de nueve de los diez tumores de páncreas humanos implantados y cultivados en otros ratones inmunodeprimidos. Por desgracia, Barbacid ha advertido que la aplicación de esta estrategia a personas no llegaría antes de cinco o diez años, suponiendo que llegue.

De izquierda a derecha: Mariano Barbacid, Marta Puyol (directora de investigación de la AECC) y Alfredo Carrato. Foto: redaccionmedica.com

El médico Enrique de Madaria, vicepresidente de la Asociación Española de Pancreatología, ha asegurado que “el estudio abre una vía de investigación para mejorar el pronóstico de pacientes con cáncer de páncreas, pero está lejos de poder aplicarse en pacientes”. Y ha añadido que “actualmente, no hay medicamentos que bloqueen de forma selectiva c-RAF sin efectos indeseables a otros niveles”. Por su parte, De Madaria, especialista en el Hospital General Universitario de Alicante, ha afirmado que “este estudio insta a investigar nuevos fármacos que ofrezcan esperanza a pacientes con cáncer de páncreas”.

Marta Puyol, directora de investigación de la Asociación Española contra el Cáncer, ha pedido en la rueda de prensa a los partidos políticos que aprueben cuanto antes una estrategia nacional de investigación en cáncer, con el objetivo de duplicar la inversión y alcanzar un 70% de supervivencia global en España para el año 2030. En la actualidad, el 53% de los pacientes siguen vivos cinco años después del diagnóstico, un plazo suficiente para considerarse curación en muchos tumores. El éxito varía desde el 85% en el cáncer de mama hasta el 5% en los tumores de páncreas.

El objetivo ahora es “conseguir en los pacientes lo que Mariano [Barbacid] consigue en sus ratones”, ha asegurado Carrato. El oncólogo ha descrito la escalofriante dimensión del enemigo. Las personas con cáncer de páncreas presentan síntomas muy poco específicos, como las náuseas, la pérdida de peso y el dolor abdominal o lumbar. “Es muy frecuente que el paciente lleve con dolor de espalda un año y no se le diagnostique el cáncer hasta que se pone amarillo”, ha aseverado Carrato. “Es una realidad que llegamos tarde al diagnóstico”. Y cuando el tumor se detecta la cirugía ya no es factible y los tratamientos con quimioterapia y radioterapia son ineficaces.

Por eso “vale la pena destacar cualquier trabajo que aporte potenciales nuevos tratamientos a este tumor”, ha explicado la médica Teresa Macarulla, del Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona. A su juicio, este estudio es “esperanzador”, pero “hay que ser cautos con los resultados, dado que los autores reportan datos de pocos modelos”.

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