Foto Agustín Millán

Mientras miraba lo que tenía que ser un debate político y que se limitó a ser un conjunto de altares para diferentes proclamas, se me planteó una pregunta. <<¿Pueden, las guerras, categorizarse según su contingencia?>>. Tendríamos las guerras inevitables y las guerras evitables. Las primeras, serían todas esas guerras apoyadas en una Verdad Única e inalterable (guerras de religión, guerras nacionalistas) y también las guerras mercantiles. Las guerras de la Verdad Única, son inevitables, pues esa Verdad debe imponerse al coste que sea, y que la misma Verdad justifica. Las mercantiles (como la de Irak) son inevitables precisamente porque las consecuencias que no están relacionadas con el mercado son irrelevantes, y, las consecuencias mercantiles son, precisamente, su justificación oculta. Ambas, las guerras de Verdad y las de Mercado, suelen interrelacionarse y retroalimentarse como modo justificativo. Añadiendo, además, que el Mercado es otro tipo de Verdad, menos emocional, pero no por ello más o menos cruel.

Las guerras evitables, pensaba, son las guerras nacidas fruto de una reivindicación, consecuencia final de una serie de acontecimientos. Son guerras nacidas de una demanda, es decir, de una parte enfrentada a una situación que, más que perseguir un objetivo en sí (la Verdad, el beneficio) lo que hace es luchar contra tal situación percibida como injusta. La Revolución Francesa o algunas guerras de independencia (aunque usen el nacionalismo para extenderse) serían ejemplos de guerra evitable. Estas guerras, que suelen parecer inevitables en su momento, la perspectiva que nos da la historia nos hace sospechar que no era así. ¿Podrían haberse evitado las luchas de la Revolución Francesa con unas políticas negociadoras de entendimiento? Seguramente es más probable que haber evitado la guerra de Irak, la cual no se basaba en ningún “desentendimiento”, ni de situación injusta para la parte que provocó la guerra.

Es un planteamiento un poco naíf, y seguramente erróneo por reduccionista. Pero pensaba en ello mientras miraba y escuchaba el debate electoral, sección dedicada a <<La Cohesión del Estado>> (eufemismo para no decir <<Unión de España>>), que giró básicamente sobre Cataluña y la reivindicación independentista (como siempre, fue obviado que el 70 – 80% de catalanes desea un referéndum o que, apenas el 12 – 13% de catalanes son partidarios de la monarquía).

Me saltaré, aunque creo que es relevante, profundizar en el hecho que los cinco candidatos eran varones. Que cuatro de ellos adoptaban una posición patriarcal: Casado y Abascal la del macho Alfa duro e implacable, esa que, me disculparán, alberga su Verdad Única en el escroto (anterior al escrutinio); y Pedro Sánchez y Rivera (aunque este último ya menos, supongo que debido a la inseguridad de las malas perspectivas electorales) adoptaban la posición del macho condescendiente, del que sabe más, que está un poco por encima del resto.

Está directamente relacionado con lo anterior, cómo se ha descorrido un velo que muestra una realidad sin tapujos: hay cuatro partidos que son, directamente, nacionalistas españoles. Por mucho que no lo reconozcan con ese vocablo (a lo sumo, les dirán que son “patriotas”), su visión del Estado está basada en la Verdad Única del nacionalismo, y esto es muy preocupante, sobre todo en este país. El giro o, tal vez y finalmente, la sinceridad al respecto del PSOE, deja desnudo a Iceta y todo el PSC, al cual solamente le queda el sabido argumento: <<el PSOE no piensa así, pero habla así por las circunstancias derivadas del momento electoral>>. Un simple autoengaño al que se ha sumado ERC, supongo que en aras de justificar una posición de quietud para que JxCAT le adelante y se la pegue… y así pueda obtener algún voto más y forzar unas autonómicas (pura estrategia de partido histórico, pero, cuidado, muy supeditada a cuál sería el candidato rival, donde puede haber sorpresas).

Para qué nos vamos a engañar, la reivindicación catalana es cada vez más de carácter revolucionario (en un sentido, todavía, light, pero basada en cargarse un sistema establecido) y que se apoya en una situación que es vivida como injusta. Esto, antes de que salte algún marxista, no quiere decir que sea una revolución de clases, ni nada así. Pero tampoco un simple empuje nacionalista. Es algo más complejo, donde se mezcla el sentimiento de ser despreciado e insultado con una profunda y enraizada desconfianza en el Estado Español que merma su legitimidad ante los que reivindican. Y le podemos añadir la beligerancia lingüística de esos cuatro partidos, que sólo hace que acentuar la parte emocional que se retroalimenta con la sensación de injusticia. A ello, se le une también la desconfianza que este Estado sirva para mejorar la vida de sus ciudadanos de una manera justa e igualitaria, pero manteniendo las diferencias y particularidades de cada cultura (vaya, lo que nos vendían como un futuro estado federal y que ya yace en la cuneta junto tantos olvidos).

La posición de cuatro de los cinco partidos representados por sus líderes, parecía la de cuatro valientes que “los tienen bien puestos” preparados para la batalla (lugar, recuerden, que no suelen pisar los líderes). No es una tontería que, precisamente, esos cuatro líderes no concedan entrevistas a los medios catalanes y solamente lo haga Pablo Iglesias (al menos, hasta escribir este artículo): no deja de ser curioso que se llenen la boca de Cataluña, pero que no quieran defender sus argumentos en los medios catalanes. Tampoco deja de ser curioso que, esos cuatro partidos que esconden la palabra “nacionalismo” tras el velo de “constitucionalismo”, planteen medidas que rayan la inconstitucionalidad o que recuerden el pre constitucionalismo. O que el líder “socialista” se sume al ataque al sistema educativo catalán por adoctrinador (si tanto adoctrina, ese 40 – 50% unionista ¿es, simplemente, más inteligente?) y proponga una asignatura sobre la Constitución que es, básicamente, lo que pedía un ministro del PP: <<españolizar Cataluña>>, dijo hace pocos años; es decir, adoctrinar. Y, también, curioso que tanto se ataque a TV3 como si los catalanes no pudieran elegir Antena3, Tele5, TVE, LaSexta, etcétera, con la libertad que da el mando a distancia. O curioso erigir a Puigdemont como un símbolo al que hay que crucificar, a sabiendas que muchos catalanes, que jamás hubieran votado a la antigua CiU, lo van a ver como un símbolo de resistencia si al juez Llarena no le sale bien la jugada y, en el caso de extradición y encarcelamiento, ríanse de los 20 contenedores quemados en Barcelona.

Me pregunto, si cogiésemos una persona de hace 20 años (no hace tanto, por allá el año 2000) que fuera socialista ideológicamente, ante este debate, ¿qué razones tendría para votar, a día de hoy, el PSOE? Y, si fuera un socialista catalán, ¿le quedaría alguna razón para votar al PSC? Se me ocurren dos opciones: o que no tuviera ninguna razón salvo alguna “nueva” (como la unidad de España a cualquier precio) o el autoengaño: en ese debate solamente había un partido de izquierdas y que, además, no me pareció radical en sus propuestas, sino moderado, incluso el más constitucionalista y, más incluso, el que tenía más sentido de Estado (entendido como representación de los intereses ciudadanos, y no como algo abstracto).

Hasta hace poco, en Europa había partidos de ultraderecha que permitían, a las derechas, ser meramente conservadoras y/o neoliberales, y España era una anomalía: la ultraderecha estaba en el mismo partido que la derecha y la centroderecha (el PP). La aparición de VOX, conjuntamente a la demoledora demagogia y crispación de Ciudadanos, ha trasladado todo el espectro político hacia la derecha. El PSOE se ha derechizado, incluso el Podemos radical parece ahora socialdemócrata. Lo lógico, como en Europa, es que hubiera servido al PP para centrarse un poco, al PSOE para seguir en la centroizquierda, y a Podemos para continuar siendo una alternativa más radical. Pero, Spain is Different, por una razón: el franquismo jamás ha sido deslegitimado, y, por ello, la ultraderecha xenófoba y machista o el nacionalismo español excluyente, pueden proclamar sus discursos en los medios españoles con “total normalidad”. Y esto, a la larga, se paga. Lo paga la sociedad.

Leo que, para el 10N, el 75% de antidisturbios de las fuerzas de todo el Estado, estarán en Cataluña. Se debe a que una organización (Tsunami Democràtic) que solamente ha convocado una protesta (en el aeropuerto) y que la desconvocó antes de que hubiera incidentes, ha emplazado a realizar actividades culturales y pacíficas durante la jornada de reflexión. Esta organización, que clama continuamente en sus mensajes a la desobediencia civil pacífica, está siendo investigada por terrorismo (¿?). Uno de los lemas que más repite es <<Spain, sit & talk>>. Vean qué radicalidad. Menudo extremismo: sentarse y hablar. Pues cuatro de los cinco partidos políticos principales de España, dejan claro que no piensan ni dialogar ni negociar nada políticamente, sino que corren para proponer medidas más duras que el otro. Pedro Sánchez, que repetía hasta la saciedad que los independentistas no tenían legitimidad por no ser mayoría, ahora que las encuestas apuntan esta posibilidad, ya dijo en una entrevista el otro día que, aunque fueran mayoría, su posición sería exactamente la misma. Precisamente, la posición de Rajoy (¿acabará como él?).

No, dicen, no hay nada que dialogar. Es decir, la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles, mediante sus representantes políticos, enarbolan una Verdad Única e incuestionable frente a la mayoría de la población catalana que opta por que cada catalán decida, votando en un referéndum, cuál es su posición. Entonces, les pregunto, ¿todo aquello que pueda llegar a pasar, es evitable o inevitable? Después, no digan que los políticos son unos irresponsables: cada uno es responsable de su voto, y cuatro de esos cinco partidos del debate dejan continuamente claro cuál es su camino: la confrontación, porque tienen el poder de la fuerza para imponer su Verdad.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

1 Comentario

  1. También es posible votar a ese quinto partido que busca las soluciones a las diferencias con el diálogo. Estamos a tiempo.

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