Investigadores del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM), centro mixto Universidad de Valladolid-CSIC, y de la Universidad de Atenas (Grecia) han comprobado el efecto protector de la administración inyectada de olaceína, un compuesto orgánico presente en el aceite de oliva virgen extra, en un modelo de ratón de esclerosis múltiple. Estos resultados prometedores abren la puerta al estudio de esta molécula en seres humanos, según informa la agencia DiCYT.

Tal y como detalla a DiCYT la responsable del equipo de investigación, María Luisa Nieto, la Esclerosis Múltiple (EM) es una enfermedad degenerativa y crónica del sistema nervioso que, de momento, no tiene cura. “Es una de las enfermedades neurológicas más comunes entre las personas jóvenes de entre 20 y 40 años y la segunda causa de discapacidad en los países desarrollados”, recuerda.

Su origen es autoinmune, es decir, es el propio sistema inmune el que ataca las estructuras y moléculas del organismo, en este caso a la mielina, que es la sustancia que envuelve las fibras nerviosas o neuronas. Según explica la investigadora, la mielina “favorece la conducción de los impulsos nerviosos por lo que, cuando resulta dañada, se produce una interrupción de esta transmisión y aparecen los síntomas y signos característicos de la enfermedad”, aunque la evolución “es diferente en cada persona”.

Las lesiones originadas por la EM pueden producirse en cualquier parte del sistema nervioso central, lo que provoca que sus manifestaciones también puedan ser múltiples. En los lugares donde existe lesión se produce un reclutamiento de células del sistema inmune -como linfocitos, macrófagos y microglía-, que desencadenan una respuesta inflamatoria.

Esta respuesta implica la generación de mediadores de la inflamación como las citoquinas, así como la producción excesiva de radicales de oxígeno y nitrógeno, y la disminución en las defensas antioxidantes, que es lo que se denomina estrés oxidativo. “Estos radicales son especies químicas que pueden actuar de forma directa sobre las moléculas celulares oxidándolas o bien indirectamente produciendo sustancias dañinas tras su oxidación, así va a tener lugar la oxidación de proteínas, lípidos, DNA e incluso de RNA. Todo ello contribuye al desarrollo y la progresión de la enfermedad”, precisa Nieto.

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