El Banco de Pagos Internacionales (BPI) es una organización financiera propiedad de numerosos bancos centrales con sede en Basilea (Suiza). Conocido como el “banco de los bancos centrales”, el BPI fomenta la cooperación financiera y monetaria entre estados. Pues bien, esa entidad que no es precisamente una caja de ahorros de pueblo ha alertado en un reciente informe de que la crisis generada por las hipotecas “subprime” en 2008 puede volver a repetirse hasta colapsar el sistema financiero. Es decir, que los voraces mercados han vuelto a las andadas.

Según el BPI, la actividad financiera está alcanzando un nivel de deuda similar al que se registró antes del estallido del crack mundial ocurrido hace 12 años y que desató la terrible recesión posterior que aún estamos pagando. El Banco Internacional de Pagos advierte de que esta vez la amenaza llega con otro tipo de productos financieros tan peligrosos para la economía global como bombas de relojería. Se trata de los “bonos de titulización de préstamos garantizados” (CLO, por sus siglas en inglés) que la banca ofrece a empresas fuertemente endeudadas lo que, según BPI, representa una “vulnerabilidad para el sistema financiero, que ha optado, en algunos casos, por una mayor toma de riesgos para arañar algo de rentabilidad en una época de tipos cero”.

El informe de esta prestigiosa entidad suiza solo puede ser interpretado de una forma: el sistema capitalista no aprende de los errores y vuelve a incurrir en unas prácticas de alto riesgo que pueden conducirnos a un nuevo desastre económico. La alerta del BPI sería la constatación oficial de que los diferentes organismos reguladores encargados de velar por las buenas maneras bancarias no están funcionando como debieran. Si las entidades financieras están colocando a sus clientes productos basura como préstamos de alto riesgo es porque se les está dejando hacer, porque no hay ningún tipo de intervencionismo estatal controlador, lo que supondría una grave irresponsabilidad en parte atribuible a los gobiernos.

La experiencia nos dice que cuando se da rienda suelta a los mercados el resultado suele ser un empacho de dinero con el consiguiente vómito y colapso de las economías. En el año 2007, la venta de hipotecas “subprime” en Estados Unidos –créditos preferentemente utilizados para la adquisición de vivienda y orientados a clientes con escasa solvencia, de tal forma que el nivel de riesgo de impago era superior a la media del resto de créditos− provocó una aguda crisis financiera que derivó en una depresión económica global solo comparable a la que se produjo con el crack de 1929. Hoy ya se sabe que las subprime, complejos productos financieros de alto riesgo, se hundieron cuando las familias dejaron de poder pagar la hipoteca.

El BPI explica en su último informe trimestral que existen “evidentes paralelismos” entre la deuda CLO y los bonos basura de 2008, si bien concluye que “aunque la coyuntura actual es menos preocupante, no se puede descartar por completo que se produzcan dificultades financieras, dada la concentración de algunas exposiciones bancarias conocidas”. Los expertos apuntan que las potenciales pérdidas que pueden provocar estos activos financieros podrían, llegado el caso, amplificar una desaceleración de la economía.

La alarma ya fue publicada el pasado mes de septiembre por el diario Cinco Días. “El BPI también hace un repaso de la situación actual de la banca sistémica mundial, aquellas consideradas muy grandes para dejarlas caer. Una regulación que fue puesta en marcha en 2011 para atajar la crisis financiera, y con normas para endurecer la suficiencia de capital y liquidez de las entidades. Un listado de entidades, que según reconoce el banco, se ha ido reduciendo en estos ocho años y en el que hoy en día el único banco español es Santander, de los 29 contabilizados. La institución destaca que en este período la importancia sistémica de estas entidades se ha ido reduciendo frente a otras firmas de menor tamaño”, aseguraba el citado periódico económico.

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