Según publicó el New York Times en su edición del pasado 19 de marzo, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, recibió en la Casa Blanca a su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, fue como si se viera reflejado en el espejo. Lo que salió de aquella reunión quedó entre ellos dos, en el más absoluto secreto, pero hoy, casi seis meses después, el mundo empieza a constatar las consecuencias nefastas de los acuerdos que ambos líderes pudieran haber firmado. Y uno de esos pactos fue sin duda el reparto de las grandes reservas vírgenes de la Tierra para su explotación indiscriminada. En los últimos días hemos asistido a una noticia que, aunque tristemente cierta, parecía salida de la publicación humorística El Mundo Today: Trump se ha empeñado en comprar Groenlandia, la isla más grande del mundo.

Mapa con los focos de los incendios del Amazonas

El nuevo esperpento protagonizado por el líder del mundo libre recuerda inevitablemente a la historia de la ínsula de Barataria del Quijote, aquel territorio mítico que soñaba gobernar Sancho Panza, un “labrador y hombre de bien pero de muy poca sal en la mollera”. Ni que decir tiene que Donald Trump no le llega ni a la suela de los zapatos al fiel y honrado escudero de Don Quijote, pero sí se parece a él en que tiene la testa más vacía que la ventanilla de un ministerio en el mes de agosto.

El sueño de Trump de comprarle Groenlandia a Dinamarca tiene un único motivo: la isla posee importantes recursos naturales como zinc, plomo, hierro, carbón, molibdeno, oro, platino y uranio, un elemento químico fundamental en la industria nuclear y armamentística. Por no hablar de sus reservas de agua (ya se habla de proyectos empresariales para explotar sus grandes masas de hielo y llevarlas a ciudades norteamericanas que sufren sequía endémica) bancos de pesca, marisco, energías renovables y grandes oportunidades para el turismo de aventura e incluso para la industria militar por su alto poder estratégico.

El problema es que Groenlandia, además de un yacimiento apetecible para cualquier empresario sin escrúpulos (antes que presidente de la nación más poderosa del planeta Trump es ante todo un magnate de los negocios) es un hermoso paraje virgen donde viven ballenas, morsas, osos polares, belugas y varias especies de aves marinas en peligro de extinción. Por descontado todo eso al ricacho neoyorquino le da igual y si es preciso se cargará la biodiversidad de una de las zonas más bellas del planeta para dar rienda suelta a su avaricia, a su egoísmo y a su ambición.

De momento Dinamarca ya ha respondido con contundencia a Trump. Soren Espersen, portavoz en Asuntos Exteriores del Partido Popular Danés se ha tomado a broma la ocurrencia del presidente estadounidense: “Si es cierto que está pensando en eso, es una muestra definitiva de que se ha vuelto loco. Tengo que decirlo como es: la idea de que Dinamarca venda 50.000 ciudadanos a Estados Unidos es una completa locura”, ha asegurado.

Mientras tanto, en el mismo continente americano, otro gobernante aplica las mismas teorías políticas devastadoras para el medio ambiente del “trumpismo” más estúpido y mendaz. Jair Bolsonaro, el xenófobo y machista Bolsonaro, podría estar detrás de la terrible ola de incendios forestales que asolan estos días la Amazonía brasileña, auténtico pulmón verde del planeta. Tras la llegada al poder del populista presidente de Brasil el número de incendios ha aumentado un 145% en comparación con el mismo período de 2018. Muchos de estos siniestros están provocados por agricultores que siguen a Bolsonaro como si se tratara de un dios. Sin duda, detrás del complot del poder con una parte de la ciudadanía abducida por su iluminado líder está la intención de sacrificar el Amazonas y su biodiversidad en beneficio de la economía. Ya se sabe que existen proyectos concretos que planean deforestar inmensas regiones verdes para que las industrias ganaderas, madereras, mineras y agrícolas puedan hacer negocio.

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Danicley Aguiar, portavoz de Greenpeace Brasil, asegura: “Las acciones y políticas del Gobierno de Bolsonaro animan a quienes destruyen el Amazonas y permiten que la deforestación continúe. Desde que asumió el cargo, el Gobierno actual ha estado desmantelando sistemáticamente la política ambiental de Brasil”. Es decir, es un pirómano quien lleva la gasolina y prende la mecha, pero también quien está detrás incitándolo con sus palabras, sus ideas y sus tóxicas filosofías.

De momento los recientes ataques del Gobierno brasileño contra el Fondo para la Amazonía han dado como resultado el bloqueo de 288 millones de reales brasileños en donaciones de Noruega y Alemania, según informa Greenpeace. Esto tendrá graves consecuencias para la lucha contra la deforestación y los incendios forestales en la mayor reserva natural del planeta. “Si perdemos la selva del Amazonas, perderemos hábitats únicos y a las especies animales que lo habitan. Las comunidades indígenas perderán su hogar. Y todos perderemos la batalla contra el cambio climático”, advierten las fuentes de la oenegé. El Amazonas es la mayor selva tropical del mundo y juega un papel fundamental en el clima mundial. Es, además, hogar de muchos pueblos indígenas y comunidades tradicionales, así como de especies que solo pueden sobrevivir en su hábitat. La pregunta ahora es si aún estamos a tiempo de frenar la destrucción total del planeta o ya es demasiado tarde. Con gobernantes como Trump y Bolsonaro, que apuestan por esquilmarlo todo, parece una misión imposible.

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1 Comentario

  1. Hay que hacer leyes que prohiban el uso de suelo forestal después de que se haya producido un incendio «fortuito». Si hubiera una ley que obligara a la reforestación paulatina durante los años que haga falta de las superficies quemadas, se terminaba la especulación y el hacer después areas de explotación agricola, o minera, etc… Hay que limitar areas protegidas en las que no se pueda hacer otra cosa que repoblar el mismo tipo de bosque si llega a quemarse por «accidente».

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