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Trigo, paja y autos de choque

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análisis

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Dice un viejo refrán castellano que “Nunca por mucho trigo fue mal año”. Una frase que creíamos incontestable hasta que los políticos conservadores, y la potente y  bien engrasada maquinaria mediática a su servicio, lo han rebatido arguyendo que el dicho no es totalmente verdad porque ese mucho trigo no significa  buen año para todo el mundo. Al menos no lo es para ellos porque deja su apocalíptico discurso sin razones ni argumentos.

Pero no les queda otra alternativa que seguir adelante con los faroles y mantener contra viento y marea su único argumento, que consiste negar todas las evidencias y desmentir, impugnar y rebatir la existencia de esa “abundancia de trigo” a pesar de que por desgracia para sus intereses políticos, la economía va razonablemente bien y  también el empleo, y existe un fluido y constructivo diálogo social que trae la consiguiente paz social. Pero un año con “mucho trigo” estando un malvado gobierno social comunista en el poder, es lo peor que le puede pasar a esa desquiciada oposición política llena de ruido y furia. Una desconcertada oposición que a pesar de contar con un poderoso brazo mediático, sin duda el más potente del país, no encuentra ninguna brecha, hueco, resquicio o gatera por donde colarse, y se tiene que conformar con elevar el tono de su permanente murga, su santa compaña de almas en pena por España,  la España de sus desvelos, entonando su amarga queja, su infinito pesar por el hundimiento, la ruina, el desastre total, la quiebra y el inminente apocalipsis que está sufriendo “España” y “los españoles” dos palabras que, al  igual que la bandera, el himno y demás símbolos de todos, no han tenido ningún reparo en apropiárselas, en tomarlas como suyas por la cara como hace, con un par, la Iglesia, con sus ya tristemente famosas “inmatriculaciones”.

Cuando hablan de “los españoles”: “los españoles ya están hartos…” que grita por ejemplo la portavoz Cuca Gamarra con ese insufrible tonillo suyo de señorita Rottenmeier, no se dan cuenta de que los españoles también podemos estar hartos de ellos. Pero no les entra en la cabeza que un español, un español como es debido, pueda ser otra cosa que uno o una de los suyos, uno o una que comulga al cien por cien con su ideología, que asiente con un amén a todo lo que ellos dicen sin objeción alguna, negando esa condición de españoles a los discrepantes, los disidentes, los que no están de acuerdo con sus ideas, ni tienen por qué estarlo. A esos disidentes, rojos, por supuesto, y otras gentes de mal vivir y peor votar, no les reconocen su ciudadanía, como si el DNI que presentan lo hubieran robado del neceser de la Señorita Pepis, y por lo tanto les ignoran y ningunean como si fueran apátridas o alienígenas o algo así. Esto de llamar españoles solo a “los míos”  huele muy mal, a un rancio que tira para atrás porque recuerda a lo que hacía la Iglesia hace siglos cuando acababa sin miramiento alguno con los que no se postraban ante ella, los que disentían de alguno de sus dogmas. Consideraban que los que no estaban con ellos estaban contra ellos, eran herejes, apóstatas, infieles, sacrílegos, impíos, blasfemos… abominables en todo caso y, por supuesto, merecedores de correspondiente castigo. Normalmente se les quemaba vivos, qué menos. 

Volviendo a los políticos del PP que aspiran, y suspiran por arrebatar el gobierno al pérfido Sánchez y su infernal gobierno de coalición, no para volver al poder y que España siga siendo su cortijo particular, como dicen los malvados rojos, sino para, naturalmente, salvar a España y a los españoles de la tiranía “Sanchista”. A esos políticos, españoles de bien, y a los iluminados guionistas que elaboran su argumentario, ese catecismo donde está toda la verdad, y nada más que la verdad, para que a diario lo repitan, como si se tratara de un obligado rezo, ellos y los medios de comunicación afines, habría que preguntarles si de verdad creen que los millones de ciudadanos y ciudadanas que no son de los suyos, que tienen otras ideas, otros puntos de vista, otros planteamientos, son menos españoles o directamente, no son españoles. Si creen que no son españoles o lo son menos que ellos, que se autodenominan “gente de bien” o “gente de orden”. Si de verdad lo creen así,  tienen un grave problema que deberían hacérselo mirar. Y también deberían, a la mayor brevedad posible, cambiar de guionistas, habida cuenta de la evidente inutilidad de   sus burdos guiones sin sustancia ni enjundia alguna, solo insultos, bulos y descalificaciones para que los pregonen a los cuatro vientos sus “periodistas”, por llamarlos de alguna manera, porque un periodista que escribe solo al dictado del que le paga, y a callar, y que no se le ocurra opinar o emitir juicio alguno, no es un periodista, es otra cosa. Y quizás su convenio laboral debería estar más cercano al del gremio de la pocería, con todos mis respetos a los poceros, que al del periodismo.

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Alguna vez me he impuesto la dura disciplina, pura sesión de sadomaso, de ver alguno de esos inmundos programas de televisión de las cadenas propiedad del poder neoliberal, donde sus tertulianos, analistas y demás “expertos” en lo que se tercie, van dando cobertura y aportando su acompañamiento y guarnición a la doctrina que expende el programa, de la mano de los conductores y con la, como decimos, inestimable ayuda de sus respectivos peones de brega, monosabios, banderilleros, picadores y demás cuadrilla, todos ellos en sintonía y con el visto bueno, el “nihil obstat”, de los canónicos guionistas del PP, que marcan las líneas maestras, las tramas y subtramas del penoso libreto.

Dentro de estos guionistas, existe un grupo de “fuerzas especiales” los boinas verdes de la enajenación y el  enloquecimiento, que escriben los guiones para la Ayuso, cuyas declaraciones, más que bochornosas, que lo son y en grado sumo, además son demenciales. De auténtica vergüenza ajena. Pero para la dirección del PP, mientras la sigan votando en masa, puede decir cualquier cosa, lo que sea. Y ese todo vale con tal de llenar las urnas de votos, retrata perfectamente a un partido que pretende ser serio y sin embargo se entrega a los delirios, las ocurrencias de una presidenta absolutamente impresentable.  

Por suerte para todos, la “película” , ese “Apocalipsis Now” mesetario,  esa consigna mil veces repetida de que el gobierno social comunista está llevando al país a la ruina, al desastre total que recitan como papagayos los políticos del PP  y su nutrido coro y escolanía de periodistas y demás copleros en sus respectivos medios de comunicación afines, tiene  poco de verdad y mucho de invención, de  pura ficción.   

No hay más que ver, por ejemplo, los resultados de la banca, que un mes tras otro vuelve a tener cifras récord de beneficios. Unos beneficios que tenían que emplear en pagar el rescate con dinero público que se les hizo cuando la última crisis del sistema nos apretó las tuercas, aunque a unos más que a otros, se entiende. Un préstamo de 62.295 millones de eurillos  que el gobierno presidido por Mariano Rajoy y De Guindos, su ministro de economía, aseguraron que las entidades “devolverían hasta el último euro” según prometieron tanto el uno como el otro. Y   como todos sabemos, las arcas públicas todavía están con la bocas abiertas, como los pajarillos en los nidos, esperando la devolución del préstamo, sin que hasta la fecha se haya devuelto apenas un siete por ciento de la deuda. En el mejor de los casos el Estado solo espera recuperar un diez por ciento del dinero prestado.

Si este país fuera normal, o medio normal, sus ciudadanos deberían votar a los partidos políticos que se comprometieran a obligar a esos banqueros con más cara que espalda a pagar sus deudas, como ellos y las entidades financieras que representan, obligan a hacerlo a sus clientes cuando se demoran un solo día de pagar los préstamos, créditos e hipotecas que tienen suscritos con ellas. En mi pueblo, cuando la gente tenía algo de dinero, que solía coincidir con el cobro de la cosecha, lo primero que hacían era pagar sus deudas porque, según decían: “el que paga descansa”. Esta es la verdadera gente de bien porque por sus hechos, y no por otra cosa, les conoceréis.  Sin embargo estos banqueros bien trajeados con chófer y coche a su servicio, estos señores del universo no se inmutan, no sienten la punzada de la vergüenza porque no la conocen. Quizás algún consejero delegado haya oído hablar de ella, pero nada más. 

Pero no solo los abultados beneficios de los banqueros señalan que el gobierno no está arruinando a “España y a los españoles” sino todo lo contrario. “España va bien” y esta vez es verdad, no como cuando lo decía el nefasto, el fatídico José María Aznar, que se refería a la España de sus amiguetes del Ibex 35. Una España a la que, pase lo que pase, siempre le irán bien las cosas porque es la que tiene el poder económico, el verdadero poder. A los españoles en general, no solo a los españoles que invoca la avinagrada Gamarra y compañía, le han ido algo mejor las cosas gracias a las medidas, siempre insuficientes, siempre escasas, pero al fin y al cabo unas medidas que por primera vez en mucho tiempo han ido encaminadas a mejorar su vida. Y digan lo digan, ha mejorado la situación de las clases más desfavorecidas gracias a esa imprescindible justicia social que ya estaba tardando. Una justicia social que la Ayuso, en una de sus más recientes y, sobra decir, delirantes declaraciones, que no es poco decir porque todas son, en mayor o menor medida, puro desatino y disparate, ha afirmado que la justicia social es “un invento de la izquierda que solo promueve la cultura de la envidia, del rencor y de buscar falsos culpables”.

Y peores cosas se oirán a lo largo de la ya inminente campaña electoral. Pero dígase lo que se diga, y muy a pesar de los políticos de la derecha, estos últimos años de gobierno del malvado gobierno social comunista han sido de mucho trigo: se ha subido el salario mínimo de 735 a 1080 euros, se ha hecho una reforma laboral progresista que se ha traducido en más de 20 millones de ocupados, que ha sido récord de ocupación en España, así como un 44 por ciento de contratos indefinidos, cuando antes de esa reforma era de apenas un 10 por ciento. Y se han conseguido las cifras de paro más bajas desde el año 2008. Y todo esto en medio de una terrible pandemia nunca conocida, seguida de una no menos terrible guerra en Europa.

Ahora, como dice El Roto en una de sus geniales viñetas,  que en periodo electoral los políticos viajan en autos de choque, conviene recordar estas cosas para no perdernos en medio de estos agresivos, duros y violentos lances de autos de choques envueltos en un continuo y ensordecedor ruido que pretende aturdirnos, como aquellas cansinas y atronadoras rumbas gitanas que sonaban a toda hostia en los altavoces gangosos de los autos de choque de nuestra juventud. Debemos, es nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas, aplicarnos para saber distinguir en medio de esa ensalada de estrepitosos, fragorosos y estruendosos mítines el grano de la paja. Y aunque todos prometan el oro y el moro, saber quién dará el grano y quién la paja. Saber quién quiere el poder para seguir mandando en lo que consideran su cortijo particular, y quién quiere el poder para transformar esta sociedad en una más avanzada, más libre, más justa e igualitaria.

“Nunca por mucho trigo fue mal año” dice el viejo refrán castellano. Y otro refrán castellano no menos viejo dice que  “Con el viento se limpia el trigo, y los vicios con castigo”. De acuerdo con este refrán, esperemos que cada cada cual, según sus hechos, obras y acciones, reciba  su correspondiente premio o castigo en las urnas.

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