Es posible votar a tres partidos distintos, en las tres próximas elecciones en cuatro semanas, y hacerlo con coherencia? Voy a experimentarlo y tengo motivos suficientes para decantar el voto para cada formación en cada momento. Al final, el voto es nuestra mejor herramienta para transformar las cosas y de él depende nuestro futuro.

Aunque durante muchos años voté a Convergencia, creo en las personas, sus capacidades y en los cambios constantes de una sociedad que nos obliga a variar nuestras posiciones sin renunciar a nuestros ideales y principios. La incapacidad de hacer eso no es más que la constatación del fanatismo y la entrega a unas siglas a veces por mucho más que la convicción.

Nunca he escondido que me consideraba socialdemócratas y de izquierdas, aunque durante seis años de mi vida practiqué la política desde un partido que fue virando hacia el centro derecha tras lograr la construcción del mayor estado del bienestar en Catalunya. Como algunos compañeros -Carles Campuzano, Josep Rull o Mercè Conesa- aspirábamos a devolver a CDC a sus principios fundacionales, a los mejores años del partido y del país con Jordi Pujol. Aquello a lo que algunos ahora quieren renunciar, pero que es parte esencial de nuestro hoy.

Aunque soy menos independentista que hace cinco años, jamás renunciaré a conseguir una sociedad más justa y equitativa. Y si en algún momento, eso pasa por la construcción de una República Catalana, bienvenida sea. Pero no a cualquier precio ni de cualquier forma. Bajo el pretexto del “España ens roba” o “España ens ataca” se ha construido un relato ficticio que muchos se han creído, incluso se han entregado de tal forma que si antes te criticaban y te decían iluso por ser independentista, ahora te llaman traidor por no defender hasta las últimas consecuencias las ideas de Carles Puigdemont y Quim Torra. El engaño es tal, que no les permite ni tan siquiera darse cuenta.

Por ese motivo, el primer voto, el del 28A, decidí que no iría por primera vez a un partido independentista. Al Congreso se va a trabajar y, mientras no sean capaces de romper con todo y proclamar la República, en Madrid hay que conseguir inversiones para carreteras y trenes, mejorar las pensiones y aumentar las ayudas a los más necesitados -algo a lo que ha renunciado temporalmente el independentismo-. Por eso, y porque de todo lo que hay este 28 de abril es lo menos malo, mi voto ese día irá para el PSC. En este caso, al votar en Girona, para Marc Lamuà. Vivimos tiempos convulsos en los que hay que frenar los extremismos, y el PSOE representa a día de hoy la moderación, aunque la experiencia nos ha demostrado que tampoco son los mejores gestores.

El resto de votos tengo hasta el día 26 de mayo para emitirlos, pero están decididos. En mi ciudad, Olot, votaré a un partido independentista, Junts per Olot, la marca de Puigdemont heredera del PDeCAT y CDC. Lo haré porque creo en la capacidad del candidato, Pep Berga, pese a que en las últimas elecciones no voté a su lista -él iba de número dos-. Y ese mismo día tendremos que votar al Parlamento Europeo. Y ahí votaré al PNV, porque representa lo que durante muchos años ha defendido Convergencia y, sobretodo, para hacer ver a Junts per Catalunya que las cosas no se hacen como las hacen ellos, imponiendo, lo que ha provocado que por primera vez, los nacionalistas vascos rompan el pacto con los catalanes y se presenten solo.

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