La geografía gastronómica española es infinita. Descubrimos tesoros y joyas en cualquier rincón. El Bajo Guadalquivir es una esquina a la que hay que ir ex profeso pues las dos únicas provincias patrias incomunicadas por carretera son Huelva y Cádiz. No cae de paso para el viajero esta zona, aunque parece entrañar una ruta del buen yantar que exige visita.

Trebujena está frente al Coto Doñana, es ribera de ese Guadalquivir lángido inundado por meandros que arrastran limo desde el valle que arranca al poco de nacer el río en la provincia jiennense. Las mareas llevan hasta allí el mejor fruto de mar y fluvial. El maridaje es perfecto por la relativa salinidad del agua por la zona trebujenera.

Sus moradores saben que viven en lugar importante. El pueblo, con casi 8.000 habitantes, linda con Lebrija, Sanlúcar de Barrameda y Jerez. No se pierde en sus tierras las características de la albariza. Ni de las marismas del Guadalquivir que enterraron el lago Ligustinus y hasta una Atlántida que dormita allí según el arqueólogo germano Adolf Schülten.

La quintaesencia de Trebujena son sus fértiles campos, vides enfiladas, ganado con marca y buenos caldos. Trebujena tiene santo y seña con sus incontables emprendedores comprometidos con el desarrollo local y la economía sostenible. Desde fuera es un pueblo que invita por su encanto.

El microclima de la zona, atardeceres mágicos y una paz que respiran sus calles con casas encaladas son sus argumentos. Encontramos en Trebujena el merecido descanso y relax del urbanita harto de bloques-hormiguero, calles llenas de autos contaminantes y prisas por llegar tarde a toda cita.

Steven Spielberg buscó exteriores en varios continentes para ‘El Imperio del Sol’. Eligió la luz de Trebujena para rodar una película que lo puso en el mapa del mundo

Steven Spielberg, el cineasta más creativo y demandado de Hollywood, buscó exteriores en varios continentes para la versión cinematográfica de la novela ‘El Imperio del Sol’ (1987). Eligió la luz de Trebujena para rodar una película que lo puso en el mapa del mundo sin que sus gentes pierdan el horizonte de sacar adelante trabajos, empresas y sus familias. Este pueblo no deja indiferente a nadie.

Vemos que Trebujena tiene polígonos industriales, bodegas, buenos servicios y esa calma de la Andalucía profunda que trabaja silente y celebra con alborozo las tradiciones con esa alma obrera de sus vecinos, los mismos que votan en las urnas a la izquierda desde hace décadas para designar su gobierno municipal.

El último Guadalquivir, antes de entregarse al Atlántico, es parte de la médula trebujenera. Sus pescadores se sienten furtivos porque les prohíben sacar angulas y camarones de tan turbias aguas, las mismas que también navegan mercantes y cruceros Río arriba y abajo hasta Sevilla o Sanlúcar, o esas lanchas del narco con alijos que envenenan a nuestros jóvenes. Los pescadores se sienten agraviados, pues esa pesca es legal en otras comunidades españolas menos cicateras.

Pero vayamos a lo positivo. Las crías de anguila en Trebujena son un tesoro gastronómico. Hasta el más tozudo comensal no deja de emocionarse tras zamparse una cazuela aunque sus precios hacen que sólo gourmets con el bolsillo lleno puedan darse ese banquete. Nada que ver con el bodrio sintético (surimi) e imitaciones de frutos de mar que manosean el nombre de las anguilas precoces para vender química bien comercializada.

El emprendedor que fue emigrante

Antonio Romero Bustillo, trebujenero fallecido hace ocho años, llevó las angulas al cénit de la gastronomía trebujenera. Tras emigrar en Francia se esforzó en promocionar un ‘pezqueñín’ que antes nutría al ganado y ahora, inexplicablemente, es ilegal pescarlo aunque es pecado ‘bueno’ consumirla.

Vemos que, paradójicamente, en la guipuzcoana Aguinaga es millonaria la industria y marca internacional que saca tajada de las angulas que la hicieron famosa. El mercado alegal de las angulas traspasa las fronteras españolas. En Asia valen miles de euros el kilo mientras que en Trebujena cotizan a varios cientos. La cotización sube mientras más arriba viajemos de Trebujena. Cosas del mercado.

Bajo el apodo del ‘Litri’ Romero Bustillo (qepd) se hizo el Rey de las Angulas. Creó en los setenta un restaurante (Bar Casa Litri) hoy implantado en calle Larga 27 de Trebujena (Teléfonos 956395134 y 615555443). De sus fogones siguen saliendo las mejores angulas con huevo, guindilla y ajo. Albures, atún, guisos caseros, gambas al ajillo, camarones, berzas y carnes de ibérico que tienen un sello de excelencia difícil de encontrar en otros restaurantes de la localidad y alrededores.

La carta

El ‘Litri’ tiene oferta completa, equilibrada y las porciones de los platos son abundantes. Las angulas se sirven, con todos sus avíos, a 40 euros el plato. No es una ganga, pero el precio es razonable para cualquier interesado en emocionar sus sentidos hasta el placer culinario óptimo.

Quien suscribe, además, del plato de angulas se deleitó con un marrajo (escualo con apenas grasa del caladero gaditano) a la plancha bien guarnicionado, una ensaladilla casera de chuparse los dedos que redondearon un almuerzo difícil de olvidar.

El alma del ‘Litri’ merodea por el Restaurante que fundó. Vemos fotos de las amistades que coleccionó en vida: políticos, deportistas de élite, artistas y esa buena gente que colmata el censo trebujenero. Hay camisetas enmarcadas del bético Carreño y el actual ‘presi’ del Sevilla Pepe Castro. Otra camiseta de Lionel Messi dedicada por el astro argentino completa el universo de gloria futbolística que pueblan las paredes del ‘Litri’.

La nueva generación

La carta del ‘Litri’ tiene otras joyas, ya servidas con profesionalidad por Antonio Romero Evangelista, hijo del creador del negocio. El plato estrella (angulas con huevo) se acompañan con un plato de garbanzos con langostinos y atún mechado. Además de guisos por encargo, la carta del ’Litri’ tiene otras delicias: carne ‘mechá’, lubina de estero, albóndigas de carrillada con setas, jamón en salsa de pimientos o ensaladilla de pulpo.

La carta de vinos es destacable por ofertar caldos de la zona de todas las graduaciones, desde el mosto local -por cierto excelente- hasta blanco jóvenes, manzanillas, generosos y finos de la denominación del Jerez. Tintos de las distintas tierras españolas completan la eno-carta que colmatan licores, combinados y una cerveza bien tirada de barril que refresca y alimenta con cereales fermentados.

Aunque ‘Litri’ carece de portal en la red, constatamos que las calificaciones de sus comensales en distintos portales especializados y gastronómicos acreditan elevada puntuación. Nos cuentan y vemos su refejo en las paredes del local que hasta el ‘Litri’ recalan peñas, grupos y gourmets españoles y foráneos por las afamadas angulas, camarones y guisos del restaurante.

La nutrida colonia vasca y madrileña que juega al golf y disfruta de la playa de Costa Ballena tiene cuota entre la clientela, así como los mejores gastrónomos de Sanlúcar, Jerez más lebrijanos e incontables sevillanos que saben no saldrán defraudados del ‘Litri’

Es un detalle que este restaurante sólo sirva pescado y marisco fresco. Su carta de frutos de mar es ‘del día’ por lo que se garantiza una calidad y propiedades del producto no toda la hostelería oferta al comensal.

Trebujena, según comentan expertos, es un punto del bajo Guadalquivir donde los pescadores pueden atrapar lubinas, langostinos, lenguados más las especies fluviales (albur, angulas, camarones) que llegan hasta allí del último tramo del Betis, como llamaron los romanos al Guadalquivir.

Los postres del ‘Litri’ se fragmentan en tartas y tocino de cielo caseros, helados de La Ibense sanluqueña con chorreones de pedro Ximénez dan el mejor final al almuerzo o cena en el ‘Litri’. Ese sabor a taberna de pueblo que sirve comida para honrar la buena mesa no lo ha perdido este Restaurante que en Antonio Romero tiene garantizada su supervivencia para felicidad de su clientela.

‘El Litri’ enamoró a Baker

John Baker llegó a Trebujena como técnico de Spielberg en 1987. Frecuentó ‘El Litri’ pues los británicos saben dónde está lo bueno rápido. Las horas de barra y mesas del restaurante hicieron posible que se fijara en Isabel Galán, una empleada con una sonrisa que contagia la magia local. La trebujenera no hablaba ni entendía inglés, ni Baker una palabra de español.

El idioma del amor ofició que la pareja se haya consolidado. John e Isabel han recorrido el mundo gracias al trabajo de Baker, que colaboró con Spielberg en cuatro cintas y otros directores: Brian de Palma, Brian Fox, Penn. ‘El litri’ es lugar que trasmite la misma magia que atesora Trebujena. Por eso el Ayuntamiento le concedió en vida el máximo galardón trebujenero: ‘Racimo de Oro’ al hoy fallecido Antonio Romero Bustillo.

El alcalde de Trebujena y también ingeniero, Jorge Rodríguez, espera entregar otro ‘Racimo de Oro’ a Spielberg por el paseo mundial que le ha dado al pueblo con su película. Dicen que le ha pedido ayuda a Baker para el empeño de buscarle un hueco en su apretada para que regrese a Trebujena. Mientras tanto, podemos tomarnos más copas y buenos platos en el ‘Litri’. La experiencia en este Restaurante no ha podido ser mejor. Prometemos volver.

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