Las obras del puente iban viento en popa. O eso decían desde el castillo feudal.

En La Rival, sobre el cauce del río Duerna,  dormita el único puente en diez leguas a la redonda. Un puente de madera, sobre el que primero se construyó una vivienda para el portazguero, más tarde otras para la guarnición que velaba el orden en sus alrededores y con el tiempo acabó convertido en un barrio elevado sobre las mansas aguas del caudaloso río.

Hace un par de lustros, al señor del condado, le pareció que con tanta gente viviendo sobre el puente, muchos de los que querían entrar en la villa, cruzaban el viaducto sin pagar portazgo. Así que decidió que comenzarían unas obras que cambiarían los pilares de madera carcomida, por amplios arcos construidos, a la nueva usanza, con sillares de piedra. Así, con la excusa de modernizar el puente, acabaría echando de sus casas a gran parte de sus habitantes. Para ello, comenzó cobrando un alquiler a todos aquellos que vivían sobre la plataforma. Quién no podía pagarlo tuvo que abandonar su hogar e irse fuera del recinto amurallado, al otro lado del meandro del Duerna, en el que la única posibilidad de acceder a la villa era la barca. Lo que no permitía entrar con animales o carga.

Al principio, la mayoría de los lugareños eran partidarios del cambio. Un puente de piedra, modernizaría el acceso y traería prosperidad al condado. Ganaba el señor que cobraba el portazgo y era bueno para los villanos que tendrían más oportunidades de ganarse el pan. Ganaban los clérigos que podrían encontrar más pardillos de los que seguir viviendo sin arrimar el hombro y sobre todo ganaba la nobleza que vendía las piedras sacadas de sus canteras a precio de oro. El señor escogió como maestro de obras a uno de los nobles más viajados ya que él había visto construir otros puentes en otras partes del mundo. Poco le duró el cargo al maestro. Al poco de comenzar los trabajos, y tras varios accidentes seguidos con resultado de diez obreros muertos, cuando los trabajadores comenzaron a reclamar medidas de seguridad que evitaran que un derrumbe acabara con sus vidas, Ascensio, el noble director de obras, a semejanza de lo que pasaba en otros condados con la construcción de puentes de piedra más consolidada, intentó hacer entrar en razón al conde indicándole que era mejor gastar un poco más y mejorar las condiciones de trabajo que seguir con diez muertos semanales. Porque de seguir así, en pocos meses nadie querría trabajar allí. El conde, aceptó a regañadientes algunas de las medidas de seguridad, pero automáticamente cesó al maestro de obras.

Entonces encargó la dirección del proyecto a un advenedizo. Un hidalgo, del que nadie conocía su procedencia, hijo ilegítimo de un noble truhan, pendenciero, mujeriego, ladrón y avaro. El nuevo director de obras, se encargó de hacer correr la voz de que él era un plebeyo más, Un tipo hecho a sí mismo que sabía lo que sufrían los trabajadores y que lucharía por sus condiciones. Pronto, sus actuaciones desmintieron su falso currículo. Algunos de los obreros, se dieron cuenta de que en la mezcla de arena y cal, mortero con el que se asentaban las piedras, la cantidad de arena sobrepasaba con mucho lo aconsejado por la tradición. Uno de ellos, cuñado de quién llevaba el conteo de las piedras y las arrobas de cal utilizadas, aseguraba que, sin embargo, al conde se le pasaban costes por un uso de la cal muy superior al utilizado. Ese obrero, desapareció una noche sin que nadie supiera dónde se fue. Lo que no conocían los trabajadores era que el conde también sisaba de la cal, que se servía mezclada con ceniza.

Poco a poco los arcos fueron tomando forma. Conforme avanzaba su construcción, las casas superiores iban despareciendo, el puente nuevo iba tomando forma y mejoraba el aspecto. Los vecinos desalojados, en lugar de acceder a una vivienda del interior de la villa, como se les había prometido, se quedaban fuera de la muralla y sin hogar. Quién protestaba, desaparecía de la noche a la mañana y los vecinos que seguían viviendo encima del puente, intentaban acallar a los desalojados por temor a ser desahuciados también ellos antes de tiempo.

Una vez acabado el puente, tras unos pocos años de aparente estabilidad, empezaron las grietas debido a la falta de cal en la argamasa. Las piedras de los arcos se iban desplazando hacia el agua poco a poco por efecto de la gravedad y el puente comenzó a agrietarse, primero finamente y luego con grandes separaciones. Algunos de los vecinos del interior que cruzaban la pasarela todos los días comenzaron a pedir explicaciones y a proclamar su malestar por un puente mal construido. Los correveidiles del conde les decían que peor estaban en Suria dónde no había puente y se colgaba a los que solicitaban la construcción de uno.  Muchos de los villanos que jamás habían utilizado el viaducto porque nunca habían salido de las murallas, mandaban callar a los protestantes. El puente existía, eso era lo importante. Si tenía grietas o no a ellos les daba igual porque no tenían miedo a que les pillara si se derrumbase. Y creían firmemente que el día que quisieran salir, seguiría allí. No se paraban a pensar que las grietas son el antecedente al derrumbe.

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Trasluz

“Nadie es más odiado que aquel que dice la verdad”

Platón. Filósofo griego (427-347 AC)

Vivimos en la coyuntura de la falacia. Este hijoputismo cínico, hipócrita y destructivo para la mayoría, se sustenta en una gran mentira.

Se empeñan en llamar democracia a poder votar cada cuatro años en unas elecciones en las que, como el caso americano sólo pueden presentarse multimillonarios o como en el caso de España sólo pueden salir adelante aquellos que no pongan en cuestión la falta de argamasa entre los cimientos del régimen porque, de lo contrario, la carcunda periodística, mayoritaria en el país, la emprenderá con una cruenta guerra ideológica a base de propaganda negativa, hasta llegar a convencer a los parroquianos que quién es uno más, es un peligroso político cuya llegada al gobierno traería hambre, destrucción y caos. Hechos, por cierto que ya suceden con los que ahora mismo están en el candelero, a los que protegen los bufones de prensa y a lo que los súbditos parecen no darle importancia.

La semana pasada han despedido a un tal Bernat Barrachina, según los más indignados con el despido, por un rótulo de mal gusto y según la caverna mediática por ser un pintamonas de Podemos que, para cargarse la monarquía rotuló “la infanta Leonor, se va de España como su abuelo”. Algo a lo que yo ni siquiera le veo el sentido del humor que le ven algunos, y simplemente me parece un rótulo que constata dos sucesos verídicos.

Claro que el rótulo es lo de menos. Aquí nos entretienen con nimias majaderías para que el dedo nos impida fijarnos en la luna. En 2015, una monarquía parlamentaria de un país entre los diez primeros puestos de la lista de democracia plena elaborada por Democracy Index,  de la revista semanal británica The Economist (esa que tanto les gusta nombrar a los ministros del PSOE) anunciaba que la futura reina de Holanda acudía en bicicleta a su primer día de bachillerato en un Instituto Público. Aquí, donde la carcunda no deja de loar las bondades, la campechanía y la normalidad de una familia real que se empeña con sus actitudes y actuaciones en demostrar todo lo contrario, (comportamientos elitistas, fuera de la realidad, estirados y actuaciones muy, muy borbónicas), la Casa Real anuncia que ningún centro público español es suficientemente bueno para que la futura reina de España haga el bachiller. Y por si fuera poco además, esos cortesanos bufones nos quieren vender la moto de que para asistir al nuevo colegio elitista y privado en Gales, primero es bueno porque allí tomará conciencia de la realidad (con otros tan elitistas como ella) y segundo, que ha tenido que pasar duras pruebas cuando la realidad es que los papás son altos patronos de la organización que seleccionó a la princesa.

Todo en esta coyuntura es puro marketing. Todo un falso decorado de cartón piedra. Los cantamañanas no dejan de advertir sobre los peligros de la migración que llaman ilegal pero si nos adentramos un poco en la agricultura intensiva de invernaderos, abonos químicos líquidos, prebostes agrarios con polos Lacoste y gabardinas Ralph Lauren, descubrimos hacinamientos de trabajadores [ilegales] en semiesclavitud, que trabajan de sol a sol, viven en chabolas y, a veces, incluso pagan por un contrato de trabajo que les permita legalizar su situación. Si además son mujeres, tienen que soportar el acoso diario, e incluso la violación de los jefes y compañeros nacionales. Mientras son explotados laboralmente, denigran su condición humana aún más tratándoles de ladrones, acusándoles de malhechores y vividores y de venir a España a delinquir. Es más que racismo. Es pura aporofobia. Les indigna que vengan aquí a buscarse la vida, los explotan para su beneficio económico y dicen que vienen a quitarnos el pan. No como esos migrantes que dan patadas a un balón, a los que pagan 12, 15, 20 millones de euros al año y de los que no sólo justifican que no vienen a quitarnos el pan, sino que encima compran sus camisetas y los productos que anuncian para darles aún más dinero.

El colmo de la desfachatez es decir que los movimientos migratorios deben de ser controlados porque vienen a llevarse las subvenciones y subsidios para a continuación justificar las deserciones de youtubers que se van a Andorra porque todo el mundo tiene derecho a elegir su domicilio para pagar menos impuestos.

Todo se justifica en nombre de la democracia, la libertad de las personas o de lo socialmente correcto. Todo se posiciona en el entorno de proteger democracia y libertades pero sin que ambos conceptos aparezcan por ningún sitio. Tenemos el caso del ruso Alekséi Navalni supuestamente envenenado con plutonio por los servicios secretos de Putin, que con su vuelta a Rusia y su posterior detención, ha sido tomado por los medios difusores de este hijoputismo como un opositor democrático a la tiranía de Putin. Resulta que este tipo, por declaraciones realizadas a lo largo de su historia como disidente (que no opositor, según él) es un nacionalista extremo al que no le gusta la inmigración desde otros países de la antigua URSS como Uzbekistán. Un tipo perteneciente al grupo fascista “Marcha Rusa”. Un tipejo que en un vídeo publicado por The New York Times en 2011, comparaba a los caucásicos con cucarachas y decía “si las cucarachas se pueden matar con una zapatilla en el caso de los humanos se recomienda una pistola” Como decía Franklin Delano Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Anastasio Somoza, “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Y así lo debió entender el inefable correveidile Borrell que se presentó en Rusia a exigir la inmediata liberación de Navalni, porque todo vale si el objetivo es acabar con un enemigo como Putin. Como dijo días después la eurodiputada irlandesa Clare Daly, Navalni es un racista despiadado y antimigrantes al que siguen apenas un 4 % de la población que si en lugar de en Rusia hubiera sido detenido por ejemplo en el Reino Unido hubiera pasada desapercibida su detección para el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad [Borrell] como le ha sucedido a Julian Assange que en los últimos 10 años lleva retenido-detenido por el gravísimo delito de denunciar con pruebas los crímenes de guerra del imperio. Como ha pasado desapercibido para la UE Pablo Hasel, que a la hora que escribo esto, se ha declarado en rebeldía para no entrar en prisión por denunciar en sus canciones hechos sobre la corona de España que ahora son vox populi. Como tampoco ha habido mención o actuación alguna para ayudar a Clary Grady, una activista pacifista que se manifestó en USA y que ha sido encarcelada en Virginia Occidental. Porque la democracia, los derechos humanos, las libertades y las legítimas aspiraciones de igualdad social, sólo son nombres con los que echar en cara que este hijoputismo es legal. Ninguno parece ser importante. En la petición de excarcelar a Navalni no se trata de ayudar su persona y preservar los DDHH, sino de defender el sistema en el que el miedo, la guerra, las armas y los militares se comen una gran parte del presupuesto público que pagamos con nuestros impuestos. Y hay que justificar el gasto. Un gasto que además sirve para llenar los bolsillos de los que mueven los hilos detrás de bambalinas.

Todos estos sucesos los hemos conocido a través del canal de televisión RT (Rusia Today) que actualmente no se puede ver en España porque todas las plataformas lo eliminaron hace un año de sus parrillas. La libertad de prensa es otro de los conceptos que quedan bien en el escenario de cartón piedra pero que únicamente se respeta si el medio no es contrario al sistema.

Los Derechos Humanos son recurrentes a la hora de predicar que vivimos en Democracia. Mientras se le echa en cara al ministro de Exteriores Ruso Serguéi Lavro, que en su país no se respetan y la ministra González Laya saca pecho de la posición de España en el famosa lista  Democracy Index, hace apenas un mes nuestro país era condenado por el El Tribunal Europeo de los Derechos Humanos por decimoprimera vez por no investigar torturas policiales. Dos días después de soltar tan flamante discurso contra Rusia se fue a los Emiratos Árabes Unidos a conchabar con quién tiene por costumbre lapidar mujeres por quitarse el velo o cortar manos por robar. Y el sábado ante la muerte del condenado por ser el responsable de los GAL, titulares de prensa, diputados y senadores del partido del moco verde Botx, y asociaciones de militares loaban las actitudes y acciones de este ex-general condenado por el asesinato de Lasa y Zabala. Parece que los DDHH de Lasa y Zabala y de los torturados son menos importantes que los asesinados por ETA.

Los resultados electorales son válidos mientras no haya manteca que repartir. En Italia, de nuevo, el presidente de la República, ante la avalancha de dinero que se supone van a repartir los fondos europeos por la pandemia, no podían dejar que “populistas” como el Movimiento Cinco Estrellas interviniera en su distribución. La respuesta por el bien de Italia no han sido nuevas elecciones sino encargar de nuevo el gobierno al tipo que desde Goldman Sach arruinó aún más a los pobres de Europa con la subida de tipos de interés y su negativa a reestructurar la deuda griega. El tipo que desde el Banco Central Europeo impidió que la estafa de las preferentes las pagaran sus autores y dio instrucciones para que la pagáramos todos en perjuicio de la sanidad, la educación y los servicios públicos. Lo llaman tecnócrata pero, en realidad es un fascista profesional del hijoputismo.

El mundo se mueve por el interés de los poderosos. Y en especial del imperio. Ahora, como ya sucedió en Bolivia, Brasil o Argentina, le toca otra vez a Ecuador. Acabaron con Correa, pusieron al traidor de Lenin y ahora van a por el que ha ganado las elecciones, Andrés Arauz, porque no es conveniente para el imperio. Una nueva Lawfare se avecina en el país sudamericano.

Como decía el otro día Jonatann Martínez “España es una democracia plena y por el monte las sardinas. Tralará.”. Pero es general. El hijoputismo es un sistema basado en una democracia hueca, a la que han dejado el envoltorio y han vaciado el contenido. Sobre el papel todo es libertad y derechos pero, la realidad es que como hemos visto en Linares el viernes, sigue habiendo palizas de agentes de la ley que se creen impunes, hay instituciones que gozan de impunidad absoluta, los pobres no tienen derechos, como demuestra que la primera condena a cárcel por saltarse el confinamiento sea a un indigente en Baleares (Casado, Rajoy, Victoria Federica o su hermano Froilan, pululaban por España sin ningún tipo de sanción) y los derechos están condicionados a la decisión de un juez como vimos hace unas semanas con el actor Resines y el periódico digital Ctxt al que han sentenciado a pagar al histrión a pesar de que la información que publicaron era verdadera y correcta.

Gran parte del gobierno está compuesto por eternos inquilinos de un puente que se desquebraja. Cómplices que nos mandan callar porque ellos viven dentro del viaducto y no están dispuestos a perder sus alojamientos. Gran parte del pueblo, jamás ha tomado el puente y cree que no es necesario conservarlo porque siempre estará ahí a su disposición para cuando lo necesiten.

No son molinos, son gigantes.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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