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Tras dos agresiones sexuales “una parte de mi identidad se perdió con 17 años”

En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Verónica Escudero pone voz al dolor y nos da su duro e impactante testimonio sobre las dos agresiones sexuales sufridas

Maximiliano Fernández Ibarguren
Maximiliano Fernández Ibarguren
Licenciado en Periodismo Licenciado en Ciencias del Trabajo
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análisis

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Con una calma y serenidad digna de admiración, Verónica Escudero, 48 años de Sevilla y residente en Barcelona desde hace varios años relata: “Sufrí dos violaciones. La primera tenía 17 años, que me marcó y me cambió la vida. Era prácticamente una niña. Hasta los 15 años en mi infancia estaba jugando con las muñecas”.

Sin embargo, un miércoles de verano Verónica salió de su casa y en el momento menos pensado se encontró con una navaja en el cuello. El bloqueo psicológico de ese terrible momento, aún después de 30 años, impiden a Verónica recordar cuánto tiempo fue agredida sexualmente aunque sí puede afirmar “A mí se me hizo eterno” al sentir que no eres dueña de tu vida, que estás en manos de una persona que puede hacer contigo lo que quiere”. Escalofriante.  

Y tras la agresión sexual Verónica volvió a casa, dolorida y angustiada. Se metió en la ducha sin decir absolutamente nada, como si nada hubiese pasado: no quería despertar sospechas en su seno familiar. La niña que, hasta ese momento, no había tenido siquiera novio ni mantenido relaciones sexuales, desconcertada, no sabía qué hacer. Decidió callar y llevar su sufrimiento en silencio para evitar dañar a sus padres y que la vieran “muerta en vida”.

Los días pasaban y los llantos, los nervios, el insomnio, la ira, el no querer salir de casa habían encontrado una coartada: los exámenes finales de BUP. Verónica llevaba su calvario sola en silencio mientras un terrorista machista sin condena penal seguía caminando por las calles de su barrio. Espeluznante.

No siendo el objetivo de la entrevista entrar en detalles sensacionalistas sino más bien en los sentimientos, emociones y comportamientos que tiene una mujer, víctima de abusos sexuales, Verónica explica “ Empiezan muchos miedos, inseguridades … Te encuentras totalmente perdida, no sabes cómo llevarlo, ni dónde acudir. Estamos hablando del año 1991”.

Después de la agresión sexual, durante 5 años llevó una tortura psicológica que Verónica explica: “Estaba hundida. No tenía idea qué hacer y, hasta me sentía culpable de lo que había ocurrido. Eres víctima de una agresión pero no entendía en mi cabeza por qué me había pasado… Buscaba un porqué y empiezas a pensar… yo no tendría que haber ido por ese sitio, tendría que haber ido por otro con más gente. Esas excusas que buscaba me culpabilizaban a mí misma”.

El miedo, la vergüenza, la repulsión, la rabia, la tristeza y la culpa se apoderaron de aquella adolescente hasta admitir que “Una parte de la identidad de Verónica se perdió con 17 años. Dejas de ser tu misma. Dejé de ser una niña de la noche a la mañana”.

Y así, año tras año, Verónica siguió callada hasta llegar a la universidad. Ya en 1996 por un asunto de escaso rendimiento académico, a pesar de estudiar muchas horas, recurrió a una psicóloga la cual “descubre lo que hay detrás”. Verónica durante todo este tiempo había bloqueado su mente hasta negar lo ocurrido. La cerrazón era tal que no fue capaz de comentarlo ni siquiera con su madre “se enteró muchos, muchos años después y no por mí, sino por una amiga”.

Cuando finalmente Verónica se decidió a hablar, comenzó un tratamiento en Amuvi ( Sevilla ), una asociación que daba asistencia a víctimas de agresiones sexuales que consistía en terapia individual y terapia de grupo con otras víctimas de abusos de gente de su entorno. Si bien era la única integrante que había sufrido un ataque de un desconocido, Verónica se dio cuenta de su capacidad de resiliencia al observar que sus emociones eran las mismas que las del resto de sus compañeras.

Como consecuencia de esta terapia de choque y la ruptura del bloqueo que sufría, la entrevistada tomó conciencia de su estado: “A partir de aquel momento mi relación con el sexo era de asco, de profundo asco. El sexo era como si no existiese, quería quitarlo completamente de mi vida. El sexo era dolor. Odiaba mi cuerpo”.

A pesar de las distintas campañas contra la violencia machista de los últimos años, la creación del número 016 de protección a víctimas y los casos de agresiones sexuales de alta repercusión mediática, no son suficientes para erradicar la lacra del terrorismo machista de nuestra sociedad. Tal es la gravedad que posteriormente, en 2015, Verónica sufrió un segundo ataque en el centro de Barcelona.

“Como consecuencia de esta segunda agresión entró en un programa para víctimas del Hospital Clínic donde semanalmente me tratan una psiquiatra, una psicóloga y una enfermera. Estoy durante dos años bajo tratamiento. Por la técnica empleada me ayudaron a recordar, a revivir el trauma. Yo revivía la agresión desde diferentes puntos de vista para poder sobrevivir. Poco a poco iba recordando olores, palabras, dolor físico, el mal humor, la tristeza hasta no parar de llorar”. Y mientras tanto, en su vida diaria se exponía al trato diario con clientes: Era comercial telefónico. Prefirió no coger la baja para mantener la mente ocupada.

Después de muchos años de terapia tras la primera agresión sexual afirmaba “si a mí me pasase otra vez yo voy a reaccionar de forma distinta. Mentira. Reaccioné igual, con una diferencia. Llegue a casa, pero no me fui directa como yo pensaba, se lo conté a mi mujer después de meterme en la ducha y de ponerme a lavar la ropa”. Y en un acto de mea culpa y de súplica a otras mujeres “Pido que no hagan lo que yo hice. Si pasa, id automáticamente a denunciar. Por suerte, hay grupos activos para estos asuntos que son principalmente mujeres donde te sientes mucho más apoyada que si lo hablas con un hombre, porque en definitiva, ha sido un hombre quien te ha agredido”

De todas formas, desde su experiencia personal quiere dejar un mensaje para las instituciones que tratan con víctimas de agresiones sexuales “Me vinieron entre 7 y 9 profesionales mujeres todas, a las cuales les tuve que contar a cada una lo mismo. El desgaste emocional que provoca es enorme“.

No obstante, más allá de los márgenes de mejora que tienen los programas de asistencia a víctimas, Verónica no deja de insistir en que “Hay que denunciar para poder acabar con esta lacra, con el terrorismo machista”.

A pesar de haber transcurrido 30 años de su primera agresión, Verónica tristemente afirma:  “Por información o dónde una mujer se tiene que dirigir, o por qué la policía cuenta con un cuerpo especializado en esos asuntos de mujeres, podemos decir que estamos mejor pero seguimos igual o peor, incluso, en otros aspectos. Es el único delito donde la víctima siempre está en el ojo del huracán porque siempre se pregunta: “¿Será verdad? “

En este aspecto, cabe recordar que hasta hace pocos meses, las mujeres eran sometidas a una doble victimización, por parte del agresor y por parte del sistema judicial. El caso mediático de “La Manada” supuso un punto de inflexión en el marco legislativo con la ley del “Sí es Sólo Sí”

Un aspecto no menos importante para Verónica es que “Tenemos que hacer que esa mujer se vuelva a sentir persona, se vuelva a sentir mujer. No se la puede criticar porque en sus redes sociales suba una fotos con sus amigas o sonriendo”.

Preguntada sobre cómo se siente actualmente afirma: “Fui víctima, fui superviviente, ahora soy una persona. El cliché del superviviente te marca, te genera conflicto, porque tienes que dar una imagen. Somos personas como cualquier otra que tendríamos que poder hablar con total normalidad”.

Y a pesar de la dureza de su testimonio, Verónica insiste que “el motivo de esta entrevista es que esas mujeres y niñas denuncien y busquen ayuda. Que si se necesitan más medios (de las instituciones), que se pongan y que dejemos de culpabilizar a la persona que ha sufrido la agresión. Hay que acusar a los que cometen el delito. No pongamos el foco sobre la mujer que lo ha sufrido. A ella permitámosle, démosle su espacio para recuperar su vida, para volver a reconstruirse, para volver a sentirse mujer, para volver a disfrutar con sus amigos y con su pareja, que también lo pasan muy mal” 

Actualmente, Verónica Escudero es miembro de la asociación por la igualdad de las mujeres Espai Dona Cabrera

La lucha contra la lacra social del terrorismo machista hace imprescindible recordar que el 016 es una línea especialmente creada para la atención de las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia. Es un número gratuito, confidencial y, no deja rastro en la factura.

Otra vía de comunicación en caso de apoyo y asesoramiento psicológico es el WhatsApp 600 000 016.

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