Las mujeres siguen empleando el doble de horas que los hombres en las tareas del hogar.

Oxfam Intermón, en colaboración con la Universidad Carlos III, publica los nuevos datos sobre la situación de las trabajadoras del hogar en España, un colectivo donde una de cada tres trabajadoras del hogar vive en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, y duplican los retrasos en el pago del alquiler o la hipoteca, y donde se preguntan ¿o pagas o comes?.

Paqui tiene 55 años, y vive en Sevilla con su pareja y dos hijos. Empezó a trabajar en el empleo del hogar y de cuidados con 14 años, y no ha parado desde entonces. Ha trabajado en casas particulares, residencias de personas mayores, centros de día o con empresas de ayuda a domicilio. Lleva unos 35 años trabajando, pero solo ha cotizado 3 años y 8 meses.

Explicaba que muchas veces los empleadores decían que estaba dada de alta, pero no lo estaba, o trabajaba 10 horas, pero solo cotizaba 2. En ese momento, “yo no sabía nada de qué era la Seguridad Social, ni de mis derechos”.

 

Con un salario tan bajo, o pagas o comes

La baja intensidad laboral y las malas condiciones laborales tienen su impacto más inmediato y directo en las condiciones materiales de vida. Con 530€, Paqui explica que paga 270€ de alquiler, 50€ de comunidad, 43€ de luz, 7€ de bono bus para trabajar cada semana… “¿Qué me queda?” Lleva tiempo sin poder arreglar el calentador del agua.

La diferencia entre el número de trabajadoras del hogar y las que están registradas en la Seguridad Social aumenta y alcanza las 162.000 personas

La precariedad y pobreza de hoy se trasladan también al futuro, y Paqui lo sabe: “¿Qué vejez me queda? Ninguna. Voy a tener que trabajar hasta los 70 para tener, aunque sea, la (pensión) no contributiva”.

No solo es un problema las horas trabajadas y las cotizadas y el bajo salario, sino también las condiciones: muchas veces sin material de trabajo básico adecuado, como guantes, o sin vacaciones retribuidas.

Pese a una vida dura, hoy Paqui tiene más información y conoce sus propios derechos, bien por el contacto con otras mujeres que trabajan en el mismo sector, bien por el contacto con organizaciones y entidades sociales. “Diría a cualquier (mujer) que antes de entrar en un trabajo ponga las cosas en condiciones y el primer mes vaya a la Seguridad Social. A la primera, que denuncien, sin miedo, porque como (los empleadores) creen que van a perder, por eso abusan de ellas”.

 

630.000 mujeres trabajadoras precarias

Hay más de 630.000 mujeres dedicadas al empleo del hogar, casi el 4% de la población activa que sufren en mucha mayor medida que el resto de las personas trabajadoras las consecuencias de la precariedad. Se trata de un sector económico mayormente femenino que, de estar legalmente remunerado, equivaldría al 2,8% del PIB. A pesar de que, sin él, el resto de la economía se vería perjudicada, se ve condenado a la infravaloración y la informalidad.

Aumenta ligeramente el número de mujeres dedicadas al trabajo del hogar, pero disminuye desde 2015 el número trabajadoras registradas en la Seguridad Social, lo que permite que coticen por su trabajo.

De las registradas, la mayoría no cotiza todas las horas que hace

La brecha entre las mujeres que declaran dedicarse al empleo del hogar y las registradas, se ha incrementado en 10.000 en los últimos tres años. Las trabajadoras del hogar que hoy no están registradas en la Seguridad Social y, por tanto, no cotizan ninguna de las horas trabajadas alcanza ya las 163.925. Lo que limita sus derechos a presente y a futuro.

No obstante, la diferencia entre las empleadas del hogar y las registradas en la Seguridad Social no muestra más que parte de la informalidad en la que viven estas mujeres, ya que de las que cotizan, muchas no lo hacen por todas las horas trabajadas.

Una encuesta llevada a cabo por Oxfam Intermón y el Laboratorio de Derecho Social del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III, entre 205 empleadas del hogar, resultó en que 89 de ellas, un 43,4%, no cotizaba ninguna hora al mes; y sólo 18 cotizaban todo su trabajo.

Mujeres trabajadoras y hogares más pobres

Las trabajadas del hogar en gran parte están contratadas con contratos temporales no deseados, lo que conlleva que muchas de estas mujeres no estén protegidas contra riesgos como el desempleo, el despido o la enfermedad, lleva a que la pobreza en los hogares que dependen, totalmente o en parte de este tipo de empleo, supere con creces la del resto de la población asalariada. Mientras que, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, en 2017, el 16,3% de las personas que trabajan por cuenta ajena vivía por debajo del umbral de la pobreza, esta cifra subía al 34,3% en el caso de los y las empleadas del hogar.

No hay ningún indicador en el que los hogares dependientes de este tipo de trabajo salgan mejor parados que los demás. Uno de cada tres de ellos declara que llega a fin de mes con dificultad o mucha dificultad (frente al 23,7% del resto de la población trabajadora por cuenta ajena). El 5,4% ha sufrido algún retraso en los 12 meses anteriores en el pago del alquiler o la hipoteca, incidencia que multiplica por 2,13 veces la presente en el resto de la población asalariada. Más de uno de cada dos de estos hogares no pueden enfrentarse a gastos imprevistos. El 15,7% no puede permitirse mantener la casa a una temperatura adecuada en invierno (frente al 8% del resto de población asalariada).

La informalidad limita el acceso a derechos laborales ahora y en el futuro

Según datos de 2014, a la pregunta de ‘motivo principal para no ir al médico’, el 16,2% contestaba que ‘no se lo podían permitir’, porcentaje que bajaba al 8,3% cuando contestaban empleados y empleadas de otros sectores.

Hay que tener en cuenta que no solo les afectan a ellas como mujeres en precario; si no que viven en hogares con niños, niñas o personas dependientes que verían mejorada su situación si las condiciones laborales del trabajo del hogar mejoraran. En el 43,9% de los hogares en los que una mujer ingresa dinero proveniente del trabajo del hogar hay niños o niñas.

Si continuamos analizando la composición del hogar, según la EPA hay aproximadamente 6.000 mujeres mayores de 65 años que viven solas y que necesitan seguir trabajando, limpiando o cocinando en otras casas.

Mejorar las condiciones de vida

Oxfam Intermón propone que mejorar las condiciones de vida de estas mujeres trabajadoras sean una prioridad y para ello hace falta tener una apuesta decidida contra la informalidad del sector simplificando los trámites de contratación y cotización; así como incrementando la subvención pública de las cotizaciones sociales de las trabajadoras del hogar.

Las cuentas salen: esto supondría que millones de euros de economía sumergida saldrían a la luz, se reducirían los costes sociales asociados a mantener a un colectivo tan grande de mujeres y familias en la informalidad y la consecuente precariedad y pobreza. Esto implica igualar los derechos laborales de estas mujeres al del resto de los asalariados. Hoy las pocas que cotizan lo hacen en un sistema especial de menos derechos que el resto de los empleados por cuenta ajena.  

#NoHayPeros

Oxfam Intermón recuerda el papel imprescindible que debe jugar la ciudadanía en la lucha contra la desigualdad. La organización ha puesto en marcha la campaña No hay peros”. Con ella, pretende movilizar a la sociedad para exigir al Gobierno español y a las instituciones europeas que lidere el cambio que la sociedad necesita para que hombres y mujeres cuenten con los mismos derechos.

Ratificación del Convenio 189 de la OIT

La ratificación del Estado español del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo y la Recomendación 201 sobre trabajo decente para las trabajadoras y trabajadores domésticos, sería un paso para garantizar que nuestro Estado se compromete con el estándar internacional más alto en cuanto a derechos laborales de este colectivo, y que la normativa nacional se modifica para equiparar derechos. Sin embargo, y a pesar del consenso existente entre los grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados, España no se ha unido al grupo de 25 países que han ratificado esta regulación internacional. En nuestro entorno, países como Alemania, Bélgica, Italia o Portugal ya lo han hecho.

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