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Tormenta perfecta para un giro a la izquierda en Colombia

La mayor parte de los jóvenes quieren marcharse de este maltrecho país, los precios no paran de subir, la corrupción sigue siendo la tónica dominante en casi todos los ámbitos de la administración, el gobierno y su presidente tienen una reprobación cercana al 80% y la inseguridad es un flagelo incontrolable. La realidad no se puede maquillar por más tiempo y Petro, observando el caos reinante, sabe que es su momento oportuno

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Que la Colombia de Iván Duque es un absoluto desastre en todos los sentidos no es un secreto para nadie, ni siquiera para los más acérrimos uribistas o más recalcitrantes partidarios del inquilino de la Casa de Nariño. Todos ya lo dicen en privado y no se atreven a decirlo en público porque temen enfrentarse al jefe máximo de la cosa nostra uribista. Se han tenido que concentrar varias plagas bíblicas, como la llegada de la inefable alcaldesa de Bogotá, la pandemia del COVID-19 y sus secuelas sociales y económicas, para que los colombianos estemos atravesando una de las mayores crisis de nuestra historia.

Ahora, algunos con razón, entre los que me encuentro, tememos que el sustituto elegido para Duque, OIZ, desde las alturas del monte Sinaí, vaya a ser otro fiasco al estilo de Santos y el presidente saliente. Y que nos esperen otros cuatro años de hedionda mediocridad, por decirlo de una forma fina y diplomática. Vamos hacia el abismo, aunque algunos hagan como que no se enteran o no quieran enterarse, que es otra cosa bien distinta.

Los precios no paran de subir, como si la inflación quisiera colocar a nuestro maltrecho país a niveles de Suiza y el Reino Unido en costo de vida pero con sueldos de Ruanda; la mayoría de los jóvenes quieren emigrar y marcharse cuanto antes de este Titanic a punto de naufragar, con la consiguiente depauperización nacional, ya que los se marchan son los más preparados y, generalmente, con títulos universitarios; la inseguridad está al orden del día y la gente hasta le está cogiendo miedo a salir a las calles porque saben que es mucho mayor la delincuencia que lo que dice nuestro inútil gobierno, experto en maquillar cifras para engañarnos y en dejarnos desprotegidos frente al hampa; y, finalmente, para no extenderme más acerca del pésimo estado de cosas en que nos encontramos, la corrupción campa a sus anchas y sigue quedando en la más absoluta impunidad, como los veinte millones de dólares que nos abudinearon desde el mismísimo gobierno sin que hasta el día de hoy nadie haya hecho nada para recuperarlos ni para que se vea luz en este caso.

¡A por los pasaportes!

Buena muestra de este estado de cosas son las colas frente a las oficinas de la Cancillería colombiana para sacar el pasaporte, donde centenares de personas, casi miles, se agolpan para sacar sus pasaportes en una suerte de desesperada huida hacia adelante. Preguntados y entrevistados muchos jóvenes, casi todos dicen que quieren tan preciado documento para emigrar del país. Una de las frases más bobaliconas que he escuchado durante todo mi vida en Colombia es que “este es un buen vividero”, sí, claro, para los más ricos y favorecidos, pero, desde luego, no para los indigentes que a diario veo dormir a la intemperie, a bajas temperaturas y a veces con fuertes lluvias, en el parque de los Periodistas.

Las imágenes de esas colas interminables para sacarse el pasaporte son más propias de una república bananera o un Estado comunista, al estilo de la reprobada Venezuela, que de un país serio, moderno y creíble. ¿Cómo es posible que nadie desde la administración y el gobierno no hayan hecho nada para poner coto a semejante desastre y evitar el descrédito que significa ante la opinión pública nacional e internacional este lamentable episodio? ¿Cómo es que la balbuceante Canciller de Colombia no se ha puesto al frente de semejante crisis, incluso haciendo presencia personal en el lugar, y ha resuelto este embrollo de alguna forma? La crisis, desde luego, ha puesto en evidencia al ejecutivo colombiano y ha mostrado a las claras que Colombia sigue siendo un Estado fallido, infuncional, incapaz de garantizar a sus ciudadanos unos servicios dignos y que se ríe a la cara de los mismos, quienes obligados a pagar unos impuestos del primer mundo reciben a cambio un trato africano.

Pero eso no es todo, amiguitos, sino que todavía quedan más cosas. El Banco Mundial, al evaluar los datos económicos de nuestro país para este año, asegura que la renta per cápita colombiana ni siquiera llegara a los 6.000 dólares americanos, es decir, que será diez veces menor que la de los Estados Unidos de América, habiéndose mantenido casi intacta en los últimos diez años. En el año 2010, la renta per cápita de los Estados Unidos era de 48.000 por habitante, siendo la diferencia entre este país y Colombia de ocho veces, ahora sin embargo la brecha aumentó y cada vez es mayor, revelando el poco dinamismo de la economía colombiana, que le hace falta un verdadero impulso.

Recientemente, y como buen nuestra de la mediocridad rampante que nos ahoga, el presidente Iván Duque anunció a bombo y platillo, en un acto público, que el país había obtenido un gran éxito al rebasar la cifra de algo más de un 1,8 millones de turistas en este año, un cifra exigua y que más que airearla debería ser motivo de preocupación. México espera concluir el año con algo más de 30 millones de turistas y España, con una población casi igual que la de Colombia, solamente en el mes de octubre recibirá el triple de turistas que nuestro país.

Así las cosas, y con una agudización de todos los problemas sociales y económicos debido a una pandemia que no se termina nunca, el panorama electoral se presenta arduo y complejo. El candidato de la izquierda, Gustavo Petro, se mantiene como el favorito en las encuestas, muy lejos del pelotón de candidatos del centro y la derecha, y goza de esta tormenta perfecta provocada por la decepcionante gestión de Duque, que ha concitado el rechazo en la izquierda y la desilusión en la derecha. Esta coyuntura por la que atravesamos, a la que hay añadir la confusión por la profusión de candidatos, no cabe duda de que beneficiará a Petro en la próxima cita electoral. Atentos.

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