Malcolm X nos dijo que hay blancos que habían luchado por los derechos de los negros y, en particular, por nuestra espiritualidad, por la recuperación de nuestra Epistemología y de nuestra fe y su transcendencia, enraizada en la reivindicación de un principio de no dualidad kemítiko. Y sin embargo, yo conozco a pocos: Ferrán Iniesta, El Negro Silo, Ragna Paisser o John Brown (la figura que aparece en el tema de Bob Marley, I shoot a Sheriff… etc.). No conozco a muchos. Pero en el día de hoy hemos despedido con lágrimas, emoción y abrazos, recuerdos y amor (mucho amor), con tibias ofrendas de comida y hermosas plegarias a uno de ellos, a Toni Serra, aka Abu Ali.

Caras conocidas: Catalina Serra, Josep, Rosa, Mamadou, Marc, etc… Como diriá Manu Leguineche, “toda la tribu” estaba presente en esta ceremonia sufí. Quizá era la primera vez, en Barcelona, que tantos negros lloran a un blanco, sin que Hollywood o TV3 no se lo imponga, tal como dictan los bodorrios rentables, como Invictus. Quizá, porque Toni fue siempre un ser marginal. O porque nunca quisiera acceder al dudoso rol de lo que Garvey llamaba: Negro Lover, como aquellos blancos progres que se apoyan en comesandías, para así ser, o parecer, útiles… y así, desde una posición de dudoso privilegio, disfrutan de su poder para determinar sobre la muerte, o incluso la vida, de los cimarrones.

Nacido en Manresa en el seno de una familia muy catalanista, Toni Serra fue atraído por la filosofía y el arte contemporáneo, si bien nunca se integró en rancios esquemas academicistas: no podía, era un místico, un sufí. Un ser espiritual crítico y afrocentrado, irónico y leal, sin presumir de elegancia y nada “apocalíptico”. Comenzó a levantar la voz desde la izquierda antisistema de los 80, y más tarde, con el movimiento Free Mandela profundiza en el estudio provechoso. Reflexiona y toma contacto para repensar desde la acción crítica y la filosofía, sin desconocer los procesos.

Pero la emoción que sentí esta tarde noche por este Bayfall catalán en la mezquita SeringTouba de la ciudad condal no solo es pieza de un merecido adiós, o de un típico tópico “hasta la victoria”, sino que a la par es fruto de unos recuerdos muy espirituales trenzados en nuestra experiencia de lucha. Recuerdo esa mirada, profundamente humilde que emanaba una respiración generosa y una enorme voluntad de acompañar. Tras una estancia en Harlem NY, Abú Alí había conocido a la Nación del Islam y allá fue impactado por el Black Power de los 90, por las luminarias en la calle y por las impresionantes gestas de rabia, como A Million Men March.

Allí, en la Gran Manzana visita sus arrabales: Queens, Brooklyn, Harlem, Jamaica donde conoce al Omowale. De él, le importaba su ampliación de la redención en espiritual, reparando espiral desde los sectores del hampa hasta los grandes anfiteatros. Esto fue importante para nosotros, pues nos demostró que conocía bien la obra y la praxis de Malcolm X, quien solía hablar del peligro extremo del recurso a las drogas. En efecto, un líder (moral espiritual no político) como Malcolm X nos recordaba cómo el Estado, mediante agencias siniestras como el COINTELPRO inundaba los barrios negros de drogas en EE. UU., España, como de SIDA en Sudáfrica. En los EEUU de los Clinton lee y escribe notas sobre “las periferias” del sistema, mientras estudias cine y vídeo de creación. Incluso se atreve a gravar lo que no está de moda, o lo que por el momento, no puede comprender con toda certeza. Desde una voluntad de rompe y rasga su ímpetu consigue fundir el medio del vídeo a la literatura incisiva o satírica, mediante la técnica de la superposición de planos e imágenes (cut-up). Por entonces, filma visiones y trances en Central Park, y, tras regresar a BCN (una Barcelona “olímpica”, de la cual no dejó de percibir sus serias limitaciones), sufre –entonces- una severa crisis existencial.

En su resolución se dirigió entonces hacia el Marruecos más hondo, atravesado por el interés por las obras de Mohamed Chukri y de Paul Bowles, a quienes conoce, a principios de la década de los 90, en los bares de Tánger. En esta tierra será, también, donde conoció a su esposa, en un pueblo cercano a Marraquech. Posteriormente se inició en el ambiente sufí de Fez y se convirtió al Islam. A un Islam mourid, un Islam negro y sufí.

También comenzó a colaborar con sus registros y montajes audiovisuales en el centro cultural CCCB, siendo uno de sus orientadores de referencia de cara a un enfoque crítico, abierto e intercultural, muy concretado en el hacerse de varios colectivos (“La doce visual” y luego, OVNI Sisterhood). De esta época destaca su proyecto “Fez, ciudad interior”, proyectando una luz que acaricia y consuela.

Por mi parte, conocí a Toni entre el 1999 al 2003 en la Escuela Filosofía Africana EFA de Barcelona, gracias al presidente Kemit Khareba. Era entonces cuando la unificación de la EFA (con los Panteras Negras) ya estaba en marcha. Ese momento coincidió con una situación grave: los combates incitados por el progrom en Terrasa, en el barrio de Ca n’Anglada; cuando 18 balas de la guardia urbana nos arrebataron a Desiré Balewa. Además coincidía aquel tiempo con un contexto de luchaa través de los encierros de inmigrantes; los encierros en la Iglesia del Pi, en Barcelona, como en San Carlos Borromeo, o en Vallekas. Eran años de toma de la palabra entre l@s migrantes o de sesudos debates entre las pretendidas élites afros de entonces. Como también entre los cimarrones. Ordenar, aclarar, documentar, denunciar lo que estaba pasando sobrepasaba los muros del campus de Bellaterra, o la UB y el terremoto alcanzó garitos de Reggea, funk y R&B como la Plaza Real, Estudio 54, el Jamboree, o el Paradise en plaza Sant Jaume.

Llamado a concertar acuerdos callados, Toni nos ayudó a respetar el discurso de los negros más moderados, haciendo uso de su recurso a modular un mensaje actual, muy revestido de la dimensión espiritual de un islam plural: Bayfall, el Islam amazigh, el negro y poético. Su experiencia en los EE. UU., le permitía ironizar acerca del falso cosmopolitismo que en más de una ocasión pueden atribuirse algunos sectores de las naciones sin Estado que, en paradójico contraste con el Imperio, difícilmente pudieran desarrollarse como sociedades multiculturales, pues los negros sufren en su carne la contradicción “centro vs. periferia” (bien sea en Salt, Tarrasa, o Granollers…). Negros asentados o acosados en movilidad, circulando siempre fuera del centro de la ciudad, de lo que es indicado como una plaza “pública”, el espacio centralizado para l@s blanc@s (italianos, ingleses, franceses, australianos, yanquis, israelís): muy puro es el balcón del amo.

En mi análisis destacaría que, si fue un “marginal”, no lo fue tanto a cargo de sus propias ideas, como debido a que la gente blanca que ha hecho apuesta por la causa negra “sin peros” es automáticamente azotada por el propio Poder blanco, y sin duda, por sus engranajes de asimilación; ya sea en versión progres o facha –tanto da-, salvo que ésta se deje integrar.En pocas palabras: Toni, en aquella época, por influencia del Black Power, no creía en los melosos cantos de sirena de la “integración”. Sólo podía concebir la urgencia de un cambio mental humanizado, tras ejercer un esfuerzo personal y colectivo terrible. Y en efecto, nunca se integró ni quiso seducir al sistema. En está conciencia de ex/centricidad reside su reclamo por la fe interior y la visión amorosa; percibida en el retorno a la concepción afrocentrada –y también tawantinsuyo – de las espiritualidades disidentes. Es decir, la forma en que los negros -a diferencia de los blancos interpretamos- la realidad en términos espirituales o existenciales. Ras Babi nos decía que los blancos “parten de casa con un billete de metro en el bolsillo y con la certeza de que volverán a casa, mientras que los negros se alzan sin bolsillo sin casa y sin saber si regresarán de la cárcel, a la plantación, a la guerra, o al CIE”. Semejante experiencia ardua o marginal suele conducir a los intelectuales blancos a no decantarse por hacer trizas el racismo; prevalece el miedo a perder ese mismo billete de 10 viajes.

Por otro lado, esta HUMILDE actitud existencial en Toni Serra también recibe ataques por parte de los llamados intelectuales racializados, pues, en la demonización compulsiva de “los blancos” en general, como de las feministas blancas en particular, pretenden ganarse un espacio en el negocio de la protesta, sosteniéndose desde la propia división del trabajo que el capitalismo ha establecido, y de la cual se beneficia de modo constante, sin sufrir grandes amenazas. Así mismo es la “estrategia” reclamada por los taimados Errejón o Laclau: la vieja idea de “conquistar e integrar…” De un modo semejante, al estar ya integrada una protesta de este corte EN el medio que identifica y erige la potencia de un “significado vacío” (de un referente blando) la neutralización instrumental cae con gran facilidad. cabe notar, en esta línea, la agencia de actores como Lucia Asué o Luis Alarcón. En passant, el mercado manda, como nos cuenta Spirit Mosahi. Suspiros sin creer en el cimarronaje, Rastafari, pero buscando cash en el Dread Loqs.

Toni Serra estuvo también presente gracias a Khareba, en la decisión histórica y estratégica que tomamos en febrero del 2000 de disolver el partido de los Pantera Negras. Allá renunciamos a ejercer una vanguardia exclusiva para fusionarnos con la EFA, un sector mayoritario de Afro Vasca y con el sindicato panafricano de Almería.

Sin duda los espeluznantes sucesos de El Ejido, en los invernaderos y las calles de Almería marcaron un antes y un después. Cuando los cachorros del KKK, armados con barras de hierro atacan a los inmigrantes y destrozan sus parcos negocios; cuando las llamas del programo se prolongaron 3 noches de insomnio, todo ello sucedía tras el asesinato de una joven a manos de un magrebí, en febrero del año 2000. La barbarie racista desató el odio; una vieja ola de violencia se cobró 122 heridos.

Las concentraciones pacíficas de repulsa del día sábado derivaron, por la noche, en brutalidades xenófobas; decenas de vecinos furiosos arrasaron locales de propiedad de norteafricanos, así como mezquitas, locutorios, carnicerías y restaurantes. No pararon hasta incendiar varios coches en barrios deprimidos, como Santa María del Águila. Extranjeros, policías, políticos y periodistas recibieron amenazas y ataques. El ministro del Interior (del PSOE) advirtió que el peso de la ley caería, pero no hubo, sin embargo, detención alguna.

A partir de ahí, de la reacción al horror al progrom emergió la primera e insoslayable meta que nos planteamos fue la creación de una Unidad de acción; una unidad precisa y urgente, centrada entorno a una organización política panafricanista, pues, tanto Zabhri, Ataye, Tcham Bissa, como Khareba consideraban que, sin una sólida base de organización y de pensar no sería posible alcanzar nuestro objetivo central de la Reparación, entendido como un fin tangible, capaz de articular, de un modo viable una alternativa afro real del espacio del panafricanismo. Todo ello dio lugar al documento histórica declaración de principios y ponencia táctico-estratégica o Credo Panafricanista. La posición de Toni Serra ayudó entonces a estructurar el movimiento negro, vivo, pero amenazado; un esfuerzo tenso y no siempre armonizado. Así lo facilitaba, ejerciendo la mirada y el gesto desde su ánimo sereno. Con tantos otros compañeros, aquellos acuerdos consolidaron el programa de un movimiento de masas y el proceso de vertebración del movimiento negro revolucionario. Toni, de forma bien discreta, actuó como un electrón libre, unificando entre las diferentes orientaciones (a veces, muy contradictorias) que animaban en aquel debate crucial. Fue allá cuando asumimos la necesidad de una organización independiente y de amplio ámbito estatal.

Entre 2001 al 2003, ocurrieron muchas cosas: la conferencia anti-racista de Durban, en Sudáfrica (patrocinada por Mandela), declarando que la esclavitud, el colonialismo y el Apartheid son –inequívocamente- crímenes de lesa humanidad; horrores delictivos que no pueden ser amnistiados, ni cabe su prescripción final. Aconteció, además la “caída” de las Torres gemelas y la involución política del imperio, el Primer Congreso Panafricanista de España, en la FVGEV, con la Agenda 40. Como diría Toni, eran fuerzas desencadenadas, actuando en varias escalas.

En consonancia con el “crecimiento” material y el tono optimista del momento, he de decir que era un contexto donde los negros comenzaron a hablar de reparación y no de “integración”. Un momento de oscuridad nos acercaba hacia un horizonte, a momento de la verdad, donde el tiempo se aprecia como resultado de la crisis epocal, como dirá Silo. Era aquella una encrucijada histórica, un fruto que, desprendido, en parte, de la profunda huella sembrada en Durban, el 2001. Como diría la Inma Viguera, Toni acompaño -a través de la palabra y el masaje- a mirar hacia dentro, a un espacio íntimo de mayor presencia, paz y confianza desde donde crear y vivir.

Pero lo más importante ha sido el surgimiento en Barcelona de la OEUA. La Organización para los Estados Unidos de Afrika nació para dar respuesta a tres problemas que se cernían sobre el movimiento negro, sobre todo en Catalunya. Unas amenazas que cuestionaban su propia existencia: (1) el abandono del vínculo de las luchas sociales con las luchas de liberación nacional africana, (2) la necesidad de unidad para superar los errores del pasado y (3) la amenaza que representaba la progresiva satelización de los cimarrones, enfrentados a la ola significada por proyecto posibilista neocolonial, desempeñado por tantas ONGs. Encontré la grandeza de ánimo de Toni en ese momento. Noté a aquel Abu Ali empeñado, en una praxis de supeditación a ciertas ideas y debates afrocentrados, tal como se daba también en esos días, en el mismo interior del movimiento de liberación en torno al Dr. Arcelin. El coraje y la sensibilidad del héroe de Banyoles legitimaban, con tenacidad, los marcos mentales afrodescendientes que se han decantado desde una experiencia histórica poco visible; haciendo pie en la experiencia negra que alcanza más allá de la precepción en clave de uso progresista; o bien, unos marcos de sentimiento ajenos al racismo de buen rollito, el cual, a menudo habría de referirse a Arcelin de modo derrogativo, como “el médico ese…”. Unos marcos sensibles muy lejanos a todo este racismo “amable”, que acaso puede resultarpeor que el de Vox, pues este último se puede (y se debe) rebatir, combatir y derrotar, mientras que el racismo blando-progre guay, no.

Si para los blancos, Toni es el creador y fundador del Observatori del Vídeo No Identificat (OVNI) o bien, el referente de conferencias en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), para los negros fue, en un tiempo crítico, algo muy diferente. En mi recuerdo, se decantó por la inserción (por el empeltament, en catalán) a las directrices del movimiento negro, a sabiendas que eso no lo daba prestigio alguno. Actuaba de una forma excéntrica, sí, mas no extraterritorial. Circulaba arraigado en el consentimiento de una causa justa. Como siempre, en los márgenes, sin red de seguridad.

Podemos leer esta actitud como un radicalismo certero, un atarse nada abstracto, como lo sería, en cambio, una nueva declaración infatuada de los “Derechos humanos”; no, no. Era más bien la ofensa inhumana la que le quemaba la mente y que le impelía a dar voz a un sentir fraternal. Contaba con una fluida competencia lingüística y emocional. Y, a desenterrar la cicatriz, para examinar mejor de qué imágenes se alimenta marcará una vía de trabajo en equipo. Asumía su papel de marginal, no por sus ideas, ni menos por su CV, sino por su opción de hacer fuerza con los negros, en la medida en que estos están al margen. Más tarde evolucionó hacia posturas cercanas al descentramiento de la “identidad”, la cual, para el dicho colectivo es un ejerciciointelectualmente frustrante y políticamente peligroso, como lo es para el caso de Europa. La reciente (y tentativa) Europa unida se construyó contra los bloques étnicos, los mitos historicistas y las arengas patrióticas. Enarbolar ahora la identidad exclusiva, aunque sea como escudo, significa renunciar a una conquista mayor. Por el contrario, en el centro del sistema de comprensión de Toni se encuentra el desbordamientodel ser, tal como brota en su testamento, al afirmar que “dentro de la oscuridad se puede ver la belleza de una flor”. Esto indica, para mí, que al final de su vida, la estructura del pensamiento de Abu Ali era visionaria, y que encajaba dentro de lo que es el sistema de la comprensión tradicional, desde la ontología del Retorno a la tierra y a las voces ancestrales.

Obviamente, Toni recorrió diversas etapas. La mayoría de ellas las desconozco; será esta una historia que tendrán que escribir otros. Con en esta rápida ojeada no he pretendió agotar todos los ángulos de la persona, sino ponerlo en valor, desde mi humilde experiencia afrocentrada, para dar cuenta de los diversos cursos que fluyen en la tradición panafricanista hispánica, en la cual, figuras preeminentes, como Ras Babi, Arcelin, Ferrán Iniesta, Khareba, Bondjale , Alarcón, o el desaparecido entre nosotros, a los 59 años, Toni Serra han constituido una genealogía de influencias bien abierta a nuevas alianzas. Hoy y siempre para ti, Toni, el clásico de George Benson que Whitney Houston.

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