No deja de ser pasmoso lo poco que importa el talento, e incluso los méritos, a la hora de conseguir un asiento, un monoplaza para correr en F1. Cierto que eso pasa en todos los mundos, hemos visto a grandes grupos editoriales comprar la obra de autores que podrían hacer la competencia a los que ya tienen en el catálogo para no publicarlos, o publicarlos en condiciones que imposibilitan el triunfo.

El caso de Fernando Alonso es especialmente lamentable, los años que ha estado sin poder acceder a un monoplaza que le permitiese mostrar su ya demostrado talento son demasiados.

Lo último que ha llegado a nuestros oídos son las maniobras de Toto Wolff para colocar a Valteri Bottas en Renault, ocupando el asiento por el que ya ha prefirmado un contrato Fernando Alonso. Y ¿quien sabe? Wolff tiene muchísimo poder e influencia ahora mismo.

A Wolff, la F1 y que gane el mejor piloto, le importa un carajo, pero es el manager de Bottas -debería estar prohibida esa dualidad o multiplicidad de ocupaciones o cargos- y si lo coloca en un equipo con dinero quien se mete la comisión en el bolsillo será él, el bueno de Toto.

La jugada nace de la intención del buen señor Wolff de ofrecerle a su amigo y casi compatriota (austriacos y alemanes son primos hermanos) Sebastian Vettel el mejor lugar posible donde posar las nalgas: un asiento en Mercedes. A Hamilton no le preocupa Vettel, sería un lujo derrotarlo (y lo derrotaría casi seguro) con un coche exactamente igual. Algo que no le sucede con Alonso, que aunque vaya camino de los cuarenta -y según opinamos muchos- sigue siendo capaz de comerse a Hamilton, y por eso vetó su posible fichaje por la Mercedes en su momento.

Esperamos que Alonso consiga su objetivo de volver a la F1, porque aunque es un mundo tan repugnante como cualquier otro (en las series de televisión también compran guiones para que los ruede otro y los dejan en un cajón, por añadir un segundo botón al muestrario) es donde el gran piloto español -Maravilla Alonso, el Nano, El Español Volador- quiere acabar su carrera y hacer así felices a sus seguidores que son muchísimos millones en todo el mundo.

Nosotros nos seguiremos esforzando en mirar el brillo y no la basurilla en el Gran Circo, cuidando y mimando las almas de los pilotos. Disfrutando con “el mayor espectáculo del mundo” (como siempre se ha definido cualquier circo a sí mismo) que parece por fin empezará el primer fin de semana de julio. Ojalá e inch´allá.

Otro burbon, por favor.

Tigre tigre.

Tigre tigre.

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