Socializábamos desde niños y creábamos vínculos de amistad, cada día era una nueva experiencia, una aventura que aún hoy después de tanto tiempo recordamos con nostalgia y si tenemos suerte conservamos algún pequeño amigo de ese entonces.

El gran temor de mi niñez fue la guerra fría, quién sería el primero en pulsar el botón del Armagedón, todo se disipó cuando cayó el muro de Berlín y se desintegró la Unión Soviética.

Eso quedó atrás hace muchos años, pero mi temor ha renacido sabiendo que el dispositivo del juicio final está en la palma de cada muñeca, haciendo que su respectivo usuario se encamine hacia el Pandemónium de buen agrado.

Estoy horrorizado de la forma en que la tecnología ha zombificado a la población, ni en mis peores pesadillas pudo surgir algo tan lúgubre y espantoso.

La «educación» que dan la mayoría de los padres a sus hijos es darles dispositivos móviles para que se entretengan y los dejen tranquilos, es la única manera que ven de domar a los pequeños salvajes, pero los padres son igual o peor que sus propios hijos, son «adultos infantilizados» que no pueden vivir sin tener en la mano un teléfono inteligente.

Es una necesidad creada por el sistema para aborregar a las masas, es apabullante la adicción que crean estos aparatos en la mayoría.

La tecnología es relativamente nueva, recuerdo cuando usábamos los móviles solo para llamar y enviar mensajes de texto, necesarios para comunicarnos los unos a los otros y ya está, no tenían otra función y que yo sepa, durante nuestra niñez, juventud y parte de nuestra adultez no nos traumamos, pero una vez disponibles trauma perderlos, no tenerlos, o quedarnos sin batería. ¿Acaso nos hemos vuelto estúpidos de la noche a la mañana?

El mundo en la palma de la mano, toda la información disponible en un dispositivo tan pequeño y con unas posibilidades enormes, usado por la mayoría de una forma tan estéril y vana.

Conocí la red en el 98, una herramienta enriquecedora en información, con sus puntos oscuros, pero lo que se ve hoy en día es simplemente grotesco, bajo y vulgar. El material de contenido inapropiado está al alcance de cualquiera, en especial de los niños, que no son capaces de comprender lo que ven e interpretan la información de forma equivocada.

Eso sucede porque los menores de edad, en mi opinión, no deberían usar estos «peligrosos» dispositivos por responsabilidad.

De nada sirven los bloqueos parentales, he visto grupos de chiquillos viendo contenido inadecuado.

Falta normas y educación por parte de sus padres, pero los padres son el reflejo de lo que han recibido en su niñez.

La idiotez y la estupidez abundan en red, de eso hace estandarte Youtube, que empezó como una gran biblioteca audiovisual, aún hoy tiene contenido interesante, pero se ha degenerado, con un sector importante de niños, adolescentes y los que aún no han crecido, convertidos en Youtubers o Influencers, monetizando sus canales, buscando aplastarse los unos a los otros en pos de un objetivo económico, subiendo contenido de mierda, consumido ávidamente por un público simple, básico y llano, como vastas laderas estériles.

¿Qué buscan? divertirse, ver cómo los demás se agreden los unos a los otros, de forma verbal o física, burlarse y hacer perrerías a los inocentes, hacer tonterías varias.

Las redes sociales no se quedan atrás, vitrinas de la vanidad y egocentrismo, donde ver y mostrar dónde has estado, con quién has departido, qué tanto tienes.

Tan interesante como ver una mosca libando el jugo de una fruta en descomposición, parece una puta broma, ¿Qué nos ha pasado como sociedad?, ¿Somos imbéciles por naturaleza?

¿Acaso esta dinámica es buena para nuestra sociedad?, no nos aporta absolutamente nada bueno, solo alienarnos de la realidad, vivir en una burbuja de fantasía, mientras nuestro alrededor se desmorona y, aún en ruinas, puede faltar el trabajo, el pan, la salud, la educación, arrebatarnos nuestra dignidad, pero que no nos quiten el puto móvil, ¿O me equivoco?

¿Qué podemos esperar de lo niños que se mal «educan», en este nocivo ambiente tecnológico?, que carezcan de la habilidad para Interrelacionarse con los demás, haciéndose dependientes tecnológicos desde muy pequeños, solo piensan en móvil, ordenador y videojuegos, tal es el poder de ese opio que prefieren esto a salir a jugar al parque con los demás y si salen es con en puto movil a cuestas.

Fortalecen su individualismo y ser competitivos desde esa tierna edad, se van convirtiendo en lo que busca el capital de ellos, que pierdan su humanidad y empatía hacia los demás, futuros obreros sin capacidad de integración social.

Durante su estancia en las instituciones educativas se entrenarán bajo el dogma de los intereses del capital y la buena cristiandad, no ser críticos con el sistema, eso no es sano ni bueno, han de ser buenos perros obedientes que baten la cola y agradecen, aunque se les esté puteando, aguantar y aguantar, igual que los bueyes tirando de la carreta hasta reventar.

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Nacido el 23 de abril de 1975 en Santa Fe Bogotá D.C. Sus dos patrias España y Colombia, estudió Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, su vocación el trabajo y servicio social, implicado en derribar barreras para hacer más accesibles los contenidos a personas con discapacidades visuales y auditivas. Autor de un Audio Blog político con cerca de 100 publicaciones, en continuo proceso de construcción. Residente en Huelva, militante activo y comprometido en todas las reivindicaciones sociales. Republicano su inclinación política es transversal y de Izquierdas.

1 Comentario

  1. de la educa con severidad autoritaria fascista franquista sin empatia
    a la laxitud actual
    tenemos qe recuperar ls limites pero cn empatia reflexion explicando etc

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