Cualquier irresponsabilidad que se haga en el mundo indudablemente tiene un irresponsable o un dueño; pues la irresponsabilidad de originar o de mantener una mentira en el mundo tiene asimismo un dueño. Es obvio. El que alguien se descuide y origine una información que no es real (una mentira) es algo reprobable e indignante.

Si en una parte de la Naturaleza, en un jardín, hay tirada una lata de cerveza, solamente es porque alguien la ha tirado, es así, sean cuales los motivos, pero… ¡la ha dejado allí!, como descuido, como irresponsabilidad y como daño.

Por igual, si en una parte de un contexto equilibrado, el de la información racional, alguien tira o mete algunas sinrazones-informaciones, deducible es ya que alguien con nombre y apellidos las ha metido en tal contexto que debe seguir equilibrado o  libre de líos o libre de mentiras.

Al hilo, cualquier confusión siempre empieza en la negligencia o en la intencionalidad de alguien, o en la omisión suya de un deber de aclaración. Y si es una autoridad pública, más todavía, pues tiene la obligación (ante una ciudadanía) de velar por una información precisa y transparente, por supuesto.

Cualquier intelectual, por las consecuencias que dará todo lo que él va a influir en la sociedad, ha de cuidarse sobremanera de no liarla o aun de no promover mensajes que vayan en contra de las libertades humanas o de la realidad misma. Es evidente, él será dueño de un hacer las cosas bien o mal.

La característica principal de una o de otra mentira (o de todas las tantas mentiras) es que tienen sinrazón, ¡eso!; ya que, por seguro, cualquier mentira que exista o que hayan echado en el mundo es… carencia de razón, descuido de no atenderse una responsabilidad (en la conciencia de que toda responsabilidad es racional) y una omisión del propio deber de informar bien a los demás.

Está más que claro, toda manipulación en marcha, todo vetar lo que es relevante, todo modo de informar que enreda a muchos, tiene dueño o dueños, tiene unos confeccionadores que siempre han de afrontar unas consecuencias, se excusen como se excusen o digan (de una manera liante) lo que les dé la gana. Pero son los que determinan unos daños sociales que siempre se pueden voluntariamente evitar.

Cada una de las mentiras que se mueve en la desinformación (y ésta en la sociedad)  tiene un dueño, que la ha empujado hacia la mecánica de la desinformación y, allí, la ha consentido como mal de desinformación.

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