Un nuevo terremoto político se prepara en Génova 13. La Operación Kitchen, ese oscuro dispositivo policial organizado en tiempos de Mariano Rajoy para sustraer documentos sensibles al exgerente y extesorero del partido Luis Bárcenas, amenaza con reventar los pocos cimientos no agrietados que aún quedan en el PP. En la dirección nacional ya exigen al presidente, Pablo Casado, que tome cartas en el asunto cuanto antes, que ataje el vendaval que se está preparando y que ponga ceses, dimisiones y suspensiones de militancia encima de la mesa.

En los últimos años, la estrategia del partido consistente en negar los casos judiciales se ha revelado tan negativa como estéril y las nuevas caras del partido tras la renovación no están dispuestas a seguir por el camino negacionista de la corrupción que solo conduce al desgaste y a la desconfianza del votante de derechas, que ahora tiene otros productos donde elegir como Ciudadanos y Vox.

De ahí que líderes jóvenes como Andrea Levy ya hayan dicho públicamente que “hay cosas de su partido que no le gustan”, en clara referencia a casos como Kitchen, cuyo juez instructor está avanzando a pasos agigantados en la investigación. En Génova 13 han saltado todas las alarmas y los nuevos líderes populares, obsesionados con pasar la página negra de la corrupción, no están dispuestos a que un nuevo escándalo político de proporciones bíblicas, el enésimo ya, dé la puntilla definitiva a lo que queda del PP, tambaleante tras la irrupción de la ultraderecha en España y el fuerte crecimiento del partido de Albert Rivera, según revelan las encuestas del CIS.

Mientras a los nuevos altos cargos populares no les llega la camisa al cuello, el juez prosigue con las indagaciones de un caso, el ‘Kitchen’, que cada vez huele peor. De momento, según la Agencia Efe, la Fiscalía Anticorrupción ha pedido varias medidas cautelares, entre ellas la prohibición de salir de España, la retirada del pasaporte y la obligación de comparecer cada 15 días en el juzgado, para el que fuera chófer de Luis Bárcenas, Sergio Ríos. El molesto testigo declaró hace un par de semanas, y durante tres horas, por este turbio asunto. Lo que se investiga es si en el año 2013 Ríos, actualmente agente de la Policía Nacional, sustrajo presuntamente documentos comprometedores al ex tesorero del PP en el marco de una operación policial clandestina mientras era ministro Jorge Fernández Díaz y el excomisario José Manuel Villarejo controlaba las cloacas del Estado.

Supuestamente, esta operación se financió con fondos reservados, de donde habrían salido los 48.000 euros que pudo cobrar el conductor a cambio de robar los documentos fundamentales para saber qué pasó con la caja B del partido.

Además de Ríos, el juez García Castellón ha citado a una docena de personas, entre ellas el propio Villarejo y otros mandos policiales. También están llamados como testigos el ex tesorero del PP y su mujer, Rosalía Iglesias, quienes ya declararon por este asunto.

Resulta evidente que la operación Kitchen ha abierto otra línea de investigación respecto a la contabilidad paralela del partido, auténtica caja de Pandora que ha llevado al PP al desastre. Bárcenas ha explicado al juez que “su chófer llevó, por encargo suyo, documentos sobre las cuentas en negro del partido desde la sede del PP a un estudio de restauración de su esposa, a la que también trasladó a Soto del Real cuando estuvo en prisión preventiva, así como una carpeta con documentos al despacho de su entonces abogado, información que, aseguró, después fue aportada”, asegura la Agencia Efe. El extesorero sostuvo además que esos papeles no eran tan relevantes para la causa en comparación con “otros documentos que ya había aportado y descargó la responsabilidad en caso de que algo faltara en terceras personas”.

Todo en este asunto apesta y de ahí que muchos en el PP estén pidiendo cabezas, dimisiones de forma inmediata, para que el partido quede a salvo y pueda afrontar con una imagen de cierta limpieza la recta final hacia la próxima campaña electoral a las municipales, autonómicas y europeas. Llegar a las urnas con la Caja B del PP soltando estiércol y mugre sería la última palada de tierra sobre un partido que se juega mucho en los próximos comicios: tanto como su propia supervivencia.

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