Llevamos semanas en esta especie de realidad virtual llamada confinamiento y no sabemos todavía cuantos días o semanas aun nos esperan.

Cada noche soñamos con el día en que finalmente los periódicos titulen a toda página “La guerra ha terminado” y todos saldremos a la calle a celebrarlo abrazándonos y besándonos.

Sin embargo, el día después de finalizar todas las grandes guerras nunca ha devuelto las sociedades mágica y rápidamente a la misma situación económica, social y política existente antes de su comienzo.

Las postguerras siempre han sido largas y las transiciones hacia nuevos modelos de organización social han sido progresivas, así que no me imagino la vuelta a la normalidad de forma rápida ni indolora.

Hay varios aspectos que se tendrán que considerar y ponderar en la justa manera para procurar suavizar el aterrizaje:

  • El sanitario y la salud publica
  • El económico y el modelo de desarrollo
  • El social y el desempleo
  • El político y las libertades individuales y colectivas

Empezando por la gestión de la pandemia, llegará el momento de plantear el levantamiento de las medidas de distanciamiento social.

Deberíamos disponer de un criterio objetivo y de unos indicadores que nos guiaran en este proceso por varias razones:

  • Para evitar improvisar una vez más y tomar decisiones “sobre la marcha”
  • Para no quedar en manos de la arbitrariedad del poder del gobierno de turno interesado en prolongar o acortar de forma interesada las medidas de control (por ejemplo, en EE. UU. hay elecciones presidenciales a la vista)
  • Infundir confianza y ofrecer un horizonte plausible de planificación a los agentes sociales

En un ejercicio teórico intentaré imaginar como podría ser el “despertar”.

Dependerá mucho de cuanto tarde en aparecer un tratamiento especifico y eficaz para el Covid-19 o una vacuna.

Solamente en este momento se podrán levantar sin más reparos todas las medidas especiales y tratar este virus como una gripe estacional cualquiera.

Por desgracia no sabemos el tiempo que puedan tardar en aparecer estos tratamientos o las vacunas, en todo caso estaríamos hablando de muchas semanas o incluso meses.

Verosímilmente podríamos encontrarnos dentro de unas semanas delante de la siguiente situación:

  • Nuevos casos reducidos a pocas decenas cada semana
  • Fallecimientos reconducibles a unos valores parecidos a una gripe estacional
  • Sistema sanitario recuperando unos niveles de actividad cercanos a los habituales
  • Una parte importante de la población ha pasado por el virus y el resto no ha entrado en contacto con el virus debido al aislamiento

Aquí va el primer dilema: ¿cómo nos aseguramos de que, al levantar el confinamiento, no volvamos a poner en marcha otra oleada de contagios y de fallecimientos entre la población que hasta ahora consiguió evitar el contacto con el virus?

¿Estaríamos dispuestos a someternos a un procedimiento de prueba de positividad al virus masivo y aceptar el confinamiento de todos aquellos que siguen siendo positivos?

Recordemos que el virus llegó desde el extranjero, por lo tanto, una medida de este tipo sería eficaz si se aplicara de forma sistemática por lo menos en toda la UE.

Pero no todos los países alcanzarán el mismo nivel de control de contagios a la vez.

¿Cuándo será seguro levantar el cierre de entrada y salida de personas entre países?

Preguntas por contestar como estas hay docenas, igual que escenarios posibles de actuación.

No es mi objetivo, ni tengo la capacidad para desarrollarlos todos.

Sin embargo, lo que quiero dejar de manifiesto es la importancia de comenzar ahora a pensar en ello y elaborar planes de actuación que nos ayuden a salir adelante como comunidad en las mejores condiciones y con las máximas garantías posibles en un entorno complicado y cambiante, una vez que la guerra haya terminado.

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Economista de formación, Informático de vocación. Nacido, crecido y formado en la "Ciudad eterna", nunca imaginé transcurrir la segunda mitad de mi vida lejos de ella. En Barcelona desde 1993, sigo cultivando mi curiosidad por los idiomas, las culturas y las costumbres de los pueblos y gentes que encuentro. Activista y voluntario en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas.

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