Para Jaime Cedillo

No se acordaba. Por primera vez en veintiocho días lo había olvidado por completo: su cuento, tenía que escribir su cuento diario. Pasaba una hora de la medianoche y estaba en la puerta de un garito con un viejo amigo y dos amigos nuevos. Su intención era quedarse, pero el amigo viejo se iba, haciéndole dudar; y en ese instante de duda lo recuerda y se asombra infinitamente de haberlo olvidado.

Yo también voy a irme, tengo que escribir un cuento.

Y entonces la chica, porque de los dos amigos nuevos uno es una chica: bellísima, comienza a tentarlo, provocarlo.

Ya que estás aquí…

Niega León Salgado El Cazador de Cuentos con la cabeza, aún sorprendido de haber olvidado su compromiso diario consigo mismo.

Puedes escribirlo mañana, dice el chico que además de ser el dueño de la chica bellísima es poeta.

Vuelve a negar Salgado.

No, mañana ya no valdría.

Y en ese momento su viejo amigo cuenta la gran hazaña del Cazador de Cuentos, uno al día durante un año y añade, rematando: yo tengo las tarjetas de visita.

León sonríe y explica a los dos amigos nuevos, al poeta y a la mujer bellísima, que con los cien relatos más cortos hizo una jaula-tarjetero, aunque no se extiende explicando los detalles del objeto o hablando del dinero que ganó vendiéndolo.

Es entonces cuando la chica vuelve a insistir: la sonrisa simpatiquísima, los ojos brillando, segura de sí misma, de que ningún hombre puede resistir su encanto deslumbrante.

Puede que el cuento que buscas te esté esperando ahí dentro, y señala su dedo blanco la puerta negra del antro. León piensa, y sí, podría ser cierto.

Tengo una nota ya tomada, se defiende; pero es una defensa débil, una parte de él preferiría claudicar, entrar en el garito con los amigos nuevos: ambos le parecen encantadores y muy interesantes. Enfrenta su mirada al pulso que le están echando los ojos negros. Y entonces el relámpago de la inspiración le ilumina por dentro. Ya tiene el tema para su relato: le ha ganado el pulso a los ojos negros.

Sonrisas y besos, adiós, hasta otro día, pronto nos vemos.

Junto a su viejo amigo camina hasta la boca más cercana de metro, pero cuando por fin llegan, la idea original era entrar juntos, le dice que él va a caminar un poco más, para despejarse. Pero no es sólo para despejarse: va a dictar el cuento a su teléfono móvil y luego, ya lo ha hecho otras veces, se lo mandará a sí mismo al ordenador a través del correo.

Lo hace: dicta el cuento y sigue caminando aún largo rato. Lo que ha dicho a sus amigos nuevos y a su amigo viejo es cierto: tiene que escribir un cuento, pero también ha sido un pretexto: le gusta irse en el momento álgido, en el mejor momento de la noche y de la fiesta, siempre le ha gustado hacerlo. Quedarse es ver como las caras se desdibujan y las miradas se apagan. Humm, le apetece muchísimo contar todos los detalles de cómo ha vencido a la tentación… en este cuento volandero.

(Con el viejo amigo, Luis Mancha, había quedado en el metro para entrar luego juntos en la Sala El Sol donde había un concierto de Chimo Bayo enmarcado en la Semana Kronen orquestada por la valiente y poderosa editora principiante Lorena Carbajo. A los amigos nuevos los encontré en el concierto, y también a Mañas, por supuesto, y algunos otros amigos de la editora que conocí el día anterior en el Bar Horacio donde acudí a leer versos. Al principio me aburrí muchísimo: un grupo malo y no había vuelto ni una sola vez al Sol desde la prohibición de fumar en las salas de concierto: hace siglos. Pero luego Chimo Bayo estuvo espléndido, lo pasé bien y a la una de la noche estaba contentísimo y absolutamente despierto, me habría apuntado a una clase de bachata en el polo medio, y sí: me había olvidado por completo que tenía que escribir mi cuentecito. Pero en cuanto lo recordé ya estaba decidido que bajo ningún concepto ni motivo iba a fallarme a mí mismo. Me gusta mucho hacerlo, estoy disfrutando enormemente con mi regreso a la piel de León Salgado, El Cazador de Cuentos)

Mi Papá Mi Papá


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

 

Esta Suite que se está publicando en Diario16 se prolongará al menos durante 33 días y está inspirada por el deseo de recuperar el espíritu y la forma de observar la vida con unos ojos distintos, ojos de Cazador de Cuentos, y es también un exponerse ante el mundo, un “aquí estoy, aún estoy aquí y tú puedes verlo y compartir conmigo este imprevisible juego”.) Día 28.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

1 Comentario

  1. Que es eso de que el chico era el dueño de la chica???
    Nadie es dueño de nadie. Chirrian y me da cien patadas.

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