Estando un día en su casa, el médico investigador Boris Pérez podía comprobar que tenía a su disposición más de cien canales de televisión, a los que habría que añadir las opciones de comprar películas y eventos deportivos, así como las plataformas de series y estrenos a las que también podría acceder. Una oferta televisiva que consideró un exceso. Aunque había comprobado que hay cadenas que repiten su programación varias veces al día e incluso varios días a la semana.

Eran tantas las cadenas, que no podía retener sus nombres. Pero tampoco tenía interés. Recordaba que hace años había solo una cadena de televisión, y en algunos lugares se podía ver además el UHF. Entonces no había posibilidades de elección: o se veía el programa que tocaba, o no se veía nada. Esto tenía una ventaja, ya que al día siguiente en el colegio todos los niños (las niñas iban a otro colegio) habían visto el mismo programa o ninguno. Ahora es difícil encontrar en la misma clase a más de dos personas que hayan visto el mismo programa en la misma cadena, con lo que ya se cuenta con un tema menos del que conversar.

Además, con una sola cadena la familia veía la tele unida. Hoy la posibilidad de elegir entre más de un centenar de canales lo que hace es provocar discusiones en las casas, que acaban con aislamientos en tablets o en ordenadores.

De todas formas, una oferta televisiva amplia tiene sus ventajas. Por lo pronto no existe la obligación de ver una sola cadena. Es una acepción diferente de la expresión tirar de la cadena (porque no había otra). Ahora tampoco se sabe qué significa esto, porque ya no hay cadenas en los servicios, sino que se aprieta un botón o dos para que caiga el agua.

Bueno, también se aprieta un botón para elegir una cadena en el mando a distancia. Un aparato que está tan unido a la tele que parece que primero se inventó el mando a distancia y luego se inventó la televisión. Los jóvenes de hoy se asombran cuando se les dice que hubo un tiempo en que la televisión no tenía mando a distancia… y los mayores también porque ahora no se piensa en estar sin él.

Por el camino que lleva puede ser que, con tantas cadenas, al final la televisión muera de éxito. Boris deseaba un futuro en el que los niños y las niñas se aburran de la televisión, y empiecen a descubrir las ventajas de jugar sin usar medios telemáticos. Pero eso quizás sea pedir demasiado.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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