Así como los indios americanos reprochaban no ver a Dios tras ingerir la Sagrada Forma, de igual manera, los miembros de mi tribu no sentimos el Progreso en nuestras venas al conectarnos, wifi mediante, las veinticuatro horas con el Dios Cobertura. Y es que nos parece más bien un estorbo el hecho de que un cepillo de dientes o una cafetera interactúen en Internet. ¿Para qué? Fijaos cómo lo anuncian Los mandatarios de la Santa Inquisición del Megabyte: “España digital 2025”. Lo tenéis ahí, en el Google. Prestad atención a la sentencia “promover la 5G sin cortapisas”. Incontrovertiblemente machos. Punto.

Ya está aquí el Iphone que se abre al estilo novena. Encomiéndate a la Virgen de la Mascarilla y actualiza tus seiscientas apps gubernamentales. No das una con las tildes, las haches o las uves. Desconoces la letra “q”. Pero te manejas muy bien (analfabeto de facto) con tu inseparable maquinita. Ese es tu progreso, tu religión. Y pretendes que los miembros de mi tribu, acostumbrados a respirar sin mascarilla y sentir objetos y pieles analógicas, juremos la bandera 5G, comulguemos con tu sistema vacuo, sin fondo. (La ruina intelectual siempre ha precedido a las catástrofes socioeconómicas: hoy adoptas el bozal, mañana el 5G, pasado, el fusil). No vemos a tu Dios porque no lo necesitamos. Has hecho todo lo posible por meternos miedo con tus demonios virales y tus prisas. Y quizás lleves razón, tu razón, igual que los evangelizadores de América. Pero ni nosotros ni los indios que-re-mos abandonar nuestro modo de vida. Por ello asistimos perplejos a la demonización del sector servicios y la puritanización de la vida en general con apretones de tuercas morales como: “¡usted se lo estaba pasando bien. Irresponsable!”. Arrodíllate, pecadora, bozal bien ajustado en la nuca, eleva tu mirada al satélite y ubica tu Iphone novena junto a tus sienes, y repite conmigo “¡creo en el 5G y la lejía!”. No, gracias. Los integrantes de mi tribu blandimos libros en papel como armas de conocimiento. Condenamos los Iphones como herramientas de consumo vacío, de velocidad a ninguna parte, ingenios inquisidores con los que proteger las susceptibilidades pandemónicas de los hipocondríacos virales. Y es que los miembros de mi tribu somos gente ilegal, irresponsable, sin principios, desobediente: unos salvajes pecadores que miran por su dinero y tiempo. Habrá que hacer algo con nosotros. Mandarnos a una reserva, domarnos y obligarnos a creer, a fuego, por nuestras almas descrucifinectadas.

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Escritor de artículos y ficción. Colabora con diversas publicaciones periódicas y ha publicado: ¿Y? (microrrelato) y DAME FUEGO (el libro) (microrrelato, poesía y otros textos), ambos trabajos inconfundiblemente en línea con el pensamiento y estilo que manda en sus artículos, donde muestra su apego a la libertad total de ideas, a lo humano y analógico, siempre combativo frente a cualquier forma de idiotez. amazon.com/author/damefuego

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