Foto: Miguel Jiménez

El paradigma de la música en directo en la nueva normalidad guarda dos preocupaciones comunes: el aforo y el distanciamiento social. El sector musical, en todos sus ámbitos, ha sido uno de los más azotados por la pandemia del COVID-19 debido al confinamiento y a la pertinente distancia de seguridad, con especial incidencia en la música en directo. Por eso, las trabajadoras y los trabajadores de este gremio se las han tenido que ingeniar -y siguen haciéndolo- para continuar de la forma más digna posible.

Hablamos de músicos, pero también de técnicas, son los de producción y las que organizan festivales, las personas que trabajan en una tienda de discos, regentan un bar musical o una sala de conciertos. ¿Para quién pincha un dj si no es para un público que baila? ¿Cómo se sufragan los gastos de una sala de conciertos sin conciertos? ¿Es el streaming la solución? ¿Cómo se monetiza? La cultura está viva y requiere de personas que puedan vivirla para sobrevivir. Diario16 ha hablado con diferentes profesionales del sector musical para que nos acerquen su realidad y cómo se presenta el futuro próximo de la música con esta nueva normalidad.

Tali Carreto forma parte de la organización del Monkey Week y es uno de los promotores musicales que más puentes tiende entre el norte y el sur de España, y más allá. Se declara en “constante adaptación” cuando le preguntan por la situación actual, y es que, para él, “cada día es una sorpresa y hay más incertidumbres que certezas”. A pesar de que el temor siempre está ahí, la organización del Monkey está intentando mantener las ediciones de sus dos festivales, “sin necesidad de irse a 2021”. Para ello, Tali se muestra prudente: “Habrá que ver si la desescalada se ha desarrollado sin problemas, y sobre todo ver cómo funciona la nueva normalidad, es decir, qué aforos se permitirán a los espectáculos públicos, qué aforo podrán tener las salas (tanto Monkey Weekend como Monkey Week SON Estrella Galicia son festivales que ofrecen la mayor parte de su programación en salas), qué medidas de seguridad e higiene deberán aplicarse a los eventos y conciertos, etc”.

Mientras dure la espera se barajan varios planes, cuenta Tali. “Un plan A, que sería celebrar el festival como hasta ahora, cosa harto improbable por no decir imposible. Un plan B, que contemplaría una versión reducida en aforos y espacios. E incluso un plan C… Pero realmente no podemos tomar decisión alguna por ahora, salvo la lógica intención de celebrarlo, aunque sea en un formato distinto al habitual”, reconoce. Las revisiones de normativa se prevén para los próximos 8 y 23 de julio, hasta entonces, el Monkey Weekend continúa con fecha por confirmar y el Monkey Week Son Estrella Galicia sigue previsto para los días 18, 19, 20 y 21 de noviembre de 2020.

En términos económicos “los datos son descorazonadores”, pues como adelanta Carreto, según la Asociación de Festivales de Música (FMA), “el circuito de festivales en nuestro país genera más de 45.000 puestos de trabajo directo a través de más de 6.500 empresas”. Pero más allá, Tali invita a pensar “en lo que aporta un evento así a la comunidad y al entorno que lo acoge: hostelería, turismo y un largo etcétera”. En el caso concreto del Monkey Week considera que han tenido suerte, ya que “nuestro festival es en noviembre y no habíamos apenas realizado gastos previos, al menos no considerables”, pero es consciente de que “muchos colegas de profesión no han tenido esa misma suerte”. Carreto lamenta que desde las instituciones “se sigue teniendo un concepto equivocado de la música en directo y no se contempla oficial cómo lo que es, una industria en toda regla”.

Tali precisa que “quizás, lo mejor de este momento tan difícil sea el poder conseguir que se aprueben medidas que responden a demandas ya históricas en el sector. Como la tan comentada creación de una Ley de Mecenazgo, la agilización del pago de deudas pendientes con Administraciones (incluyendo subvenciones y contratos), la reducción del IVA tanto en precio de entradas como en contrataciones artísticas, la mayor facilidad en el uso de espacios públicos por iniciativas privadas”. Por otro lado, considera que “hay medidas que tomar y que están en boca del sector en estos momentos, y que responden más al carácter de urgencia de la situación actual, como serían la declaración de causa de fuerza mayor en la suspensión de eventos, la flexibilización en los plazos de devolución de entradas, o el incremento presupuestario de apoyo al sector de Artes Escénicas y Música”.

Sobre las ayudas presentadas por el Ministerio de Cultura, Tali no estima
que “resulten de especial ayuda al sector en el momento que vivimos”, y sostiene que “podrían haberse tomado medidas más apropiadas”, pero entiende la dificultad de tomar decisiones en situaciones tan delicadas e imprevistas. Aun así, cree que “desgraciadamente no contamos con un ministro que conozca a fondo el sector, y que además al menos empatice con el mismo”. En este sentido, recuerda la existencia de “una cara B de la industria musical muy dañada por esta crisis, que no son los rostros más visibles de artistas y promotores. Todos esos profesionales que son la verdadera familia que cohabita en un festival y que lo llevan al plano real desde una simple idea: site managers, stage managers, técnicos de sonido, etcétera”. Y añade: “Necesitamos gobernantes que empaticen con ellos y con todos nosotros, más allá de las cifras y datos que podamos aportar como industria”.

Pero no todo son quejas y pesadumbres. “Si algo tiene el sector cultural, no ya musical, y más aun si es independiente, es que conocemos y muy de cerca la precariedad. Así que tenemos más callo. Y además toda crisis agudiza el ingenio, y sí de algo podemos estar orgullosos en nuestra escena es que tiene una creatividad acojonante”, celebra Tali, que busca la cara A de esta situación. “Percibo que esta crisis está logrando que estemos más unidos que nunca en nuestro sector, y aunque dañados, también podemos salir reforzados. O al menos que lo estén nuestros lazos y que empecemos a tener conciencia de lobby, en un buen sentido. Si todos nos hacemos oír juntos, nuestra voz será más fuerte”, añade.

Llegó julio y trajo consigo la calor con una nueva normalidad sospechosa para muchos. A la espera de nuevas directrices en la normativa, Tali señala que “todo concierto es una experiencia inmersiva”, por tanto, “habrá que ver si vamos a tener tantas restricciones -aforo, seguridad, higiene… – que, aunque resulten lógicas y necesarias, no limiten demasiado la experiencia de la música en directo”. Para el promotor, “un concierto no se limita a ver a tal o cual artista en vivo, es también todo lo que te rodea. Desde un abrazo a un pogo”. Y concluye sincero: “Puedo aguantar un concierto a medio aforo, pero no sé si podré disfrutar de un concierto a media experiencia. Así que cuanto antes podamos volver a la normalidad, no a una nueva si no a nuestra normalidad, mejor. Mucho mejor”.

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1 Comentario

  1. Tristemente , cualquier concierto que quiera resemblar lo que fue el rock and roll en sus tiempos gloriosos , va a ser muy triste de ver. Es muy posible que el último concierto que hayan visto sea mejor que el de cualquier artista con el que sueñen en el futuro. Lo más probable es que haya que diseñar nuevas formas de acoger al público para que se pueda disfrutar.

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