Susana Díaz y Pedro Sánchez, este lunes en Granada.

Nada es casual en el PSOE, y mucho menos entre los socialistas andaluces cuando acaparan el foco de la política nacional. A las primeras de cambio, han tenido de nuevo la oportunidad de captar la atención mediática generada tras el adelanto electoral anunciado por el presidente Pedro Sánchez, y no han desaprovechado la oportunidad. El nuevo punto de fricción es ahora la confección de las listas para las elecciones generales del 28-A. En esta ocasión, la medicina inyectada por el PSOE andaluz ha sido la misma que recetó el actual secretario general del partido cuando vapuleó en las primarias del 21 de mayo de 2017 a su rival y ahora compañera de mítines por Andalucía, Susana Díaz: una buena dosis de militancia.

El clima interno de las asambleas locales en Andalucía para la confección de las listas evidencia que el hacha de guerra sigue en pie

Hasta cuatro ministros quiere colocar Pedro Sánchez en puestos de salida de otras tantas provincias andaluzas para el próximo 28-A, pero las asambleas locales celebradas estos días los han relegado a puestos poco más que simbólicos. Toda una declaración del intenciones de que el susanismo se siente unido a Ferraz a su manera, aunque por el camino haya perdido el pasado 2 de diciembre su principal bastión histórico, el ejecutivo andaluz. No importa, el PSOE de Susana Díaz sigue resistiendo las embestidas sotto voce que Ferraz comenzó a propinarle cuando Sánchez ganó la moción de censura a Rajoy y se convirtió en presidente del Gobierno por unos meses.

Meses que no ha desaprovechado en absoluto el líder socialista para intentar reconducir la situación después de la fractura total que ocasionó el proceso de primarias de 2017 tras el turbulento comité federal que propició la dimisión del hoy presidente del Gobierno.

Ni el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, ni los ministros José Guirao por Almería, ni Luis Planas por Córdoba, ni María Jesús Montero por Sevilla, ni Fernando Grande-Marlaska por Cádiz han gozado de la confianza de la militancia. Por ejemplo, Montero ha quedado relegada al décimo puesto y los otros tampoco han tocado pelo ni de lejos.

Pedro Sánchez, Susana Díaz y Gómez de Celis, en un mitin en Granada el pasado 4 de marzo.

 

Mayoría susanista en Andalucía

Da igual. El trabajo está hecho desde Ferraz para que finalmente los socialistas andaluces no tengan otra opción que aceptar los deseos de la dirección federal. En juego está poder reeditar un nuevo ejecutivo socialista en el país, sobre todo después del varapalo que ha supuesto perder el poder en Andalucía tras 38 años de gobiernos ininterrumpidos. Por su parte, también el gesto de la militancia andaluza, aún de mayoría abrumadoramente susanista pese a perder el Gobierno andaluz, queda como mensaje para navegantes.

La provincia sevillana es el granero por antonomasia de todos los graneros del PSOE. Las 116 asambleas locales han arrojado unos resultados inequívocos. Antonio Pradas, el hombre que portaba los avales de Susana Díaz para las primarias cuando la “única autoridad” tomó el mando más breve del partido, ha vuelto a ser el más respaldado por la militancia de Sevilla, provincia que encabezó en las elecciones de 2015 y 2016, aunque en estas ocasiones no fue la militancia la que decidió.

Susana Díaz y la líder del partido en Sevilla, Verónica Pérez.

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha quedado en la décima posición y Gómez de Celis en el puesto 11. Este resultado vuelve a evidenciar que el clima perenne de primarias se ha instalado en el PSOE en un bucle perpetuo, al menos en Andalucía.

Fuentes socialistas consultadas por Diario16 confirman que la batalla por las listas ha sido “a cara de perro” en algunas de las provincias andaluzas donde el PSOE cosecha sus mejores resultados electorales a nivel nacional, como los casos de Sevilla y Huelva. “No se ha enterrado el hacha de guerra, en absoluto”, confirman. Pese a todo, este pulso del susanismo a Ferraz tiene un límite, ya que finalmente será la ejecutiva la que decidirá en última instancia las listas electorales en caso de que persista el órdago desde Andalucía.

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