La reacción de la UE ante la crisis del COVID-19 ha dejado claro que la Unión no es más que un subterfugio, una especie de sarcasmo macabro para los países del sur de Europa. Por eso, quizá haya llegado el momento de la reflexión definitiva sobre la permanencia de los países latinos en un «club» en el que sólo se sostienen los intereses de los supuestamente más ricos que, en el caso de Europa, no se corresponden con el nivel de las economías de las diferentes naciones.

Lo ocurrido la pasada semana en el Consejo Europeo fue una gota más que colmó el vaso de la paciencia de una ciudadanía que está viviendo confinada para luchar contra el COVID-19, el virus que está azotando principalmente España e Italia sin que la UE haga nada para dotar de recursos a estos países.

Es el momento de empezar a poner en común intereses frente a los poderosos del centro y norte de Europa empezando por la Península Ibérica junto a Italia, Francia y Grecia.

Es fundamental reforzar las relaciones con Portugal y aprovechar este momento de sintonía política para armar una Alianza Ibérica, desde la que sumar al resto del arco Mediterráneo y romper ese muro de cristal que ha separado de forma inexplicable a países hermanos como España e Italia.

Sin duda, el sur de Europa es fundamental para las economías del centro y del norte, como consecuencia el tratado de la UE da aún mucho margen para crearles problemas sin incumplir las reglas del mercado único europeo.

Si Europa no está ahora donde se la necesita, puede estar consumando su decadencia como proyecto político y social. Así que, si solo va a quedar como espacio económico, empecemos por dar esa batalla contundente y firme.

No podemos dejar pasar la ocasión para suplir el capitalismo deshonesto y desprovisto de toda ética y moral por el humanismo de la conciencia social colectiva.

Es el momento de levantar la voz con la palabra desde los principios fundamentales que configuran al ser humano desde la razón sin miedo. Ha llegado el momento del SurExit, un concepto que une a todos y todas las ciudadanas y ciudadanos porque en todos idiomas el punto cardinal se dice prácticamente igual: Español – Sur; Francés – Sud; Italiano – Sud; Portugués – Sul. Es necesario, en este punto en el que las diferencias se marcan por un concepto geográfico, apostar por la terminología que une a todos esos países. Además, la raíz grecorromana de desarrollo es otro nexo de unión milenario al que no se puede renunciar…. sin renunciar y menos aún olvidar el económico, social y cultural.

¿Llegó la hora de un «SurExit», el Brexit de los países del sur?

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre