En los últimos días Pablo Iglesias estuvo visitando mi país, Argentina, y allí dio una serie de entrevistas a algunos medios de comunicación locales en las cuales manifestó una serie de opiniones que son, cuando menos, curiosas. Entre otras afirmó que ‘Podemos es quizás la única formación política europea que hace una reivindicación y valoración positiva del peronismo.’ lo cual no deja de ser curioso, puesto que a los argentinos nos cuesta definir claramente al peronismo, más allá que por su propia esencia, divide aguas y tiene seguidores y detractores, pero no indiferentes frente a él.

Cabría preguntarse qué reivindicación hace del peronismo y que, en la medida de sus posibilidades, nos lo explique también. ¿Reivindica a Perón apoyando las formaciones especiales o echando a Montoneros de la Plaza? ¿Reivindica las privatizaciones de Menem y Kirchner o las ‘estatizaciones’ de Kirchner y Menem? ¿Reivindica el apoyo a la autoamnistía de los principales genocidas de la historia reciente argentina o la persecución de genocidas jubilados?

Y todo esto afirmando que ‘Es difícil ensayar una respuesta a la realidad política argentina, probablemente sea una de las más complejas y de las más inaprensibles políticamente del mundo’, con lo cual más inentendible es su afirmación respecto al peronismo, máxime aun teniendo en cuenta su posicionamiento en la izquierda del arco político español, puesto que como decía Enrique Pinti, ‘crear el peronismo de izquierda que es como crear el helado caliente. No existe el peronismo de izquierda porque el peronismo se llama peronismo por Perón, y Perón no fue en la puta vida de izquierda. Perón era militar y no hubo un sólo militar de izquierda ni buscado con lupa. Y Perón había cagado a patadas, amordazado y encarcelado a cuanta izquierda se le cruzara en su camino mientras él fue gobierno.’

Quizás por eso, para intentar entendernos es que manifestó que ‘tengo pendiente vivir en Argentina’, quizás eso le ayude para entender ciertas cosas que, aunque reivindique cierta visión latinoamericanista de la historia, aún no logra entender en su cabal medida. Por ejemplo que la marcha del 24 de marzo no fue ‘una recuperación de la memoria histórica’ puesto que nunca la perdimos, no al menos nosotros, aunque debo reconocer que hubo quienes por más de 30 años sufrieron amnesia y repentinamente la recuperaron por conveniencia temporal. Podría servirle su estadía en el país para reconsiderar su opinión que ‘los resultados económicos de la Argentina con la gestión de Macri que no son buenos’, a menos que entienda que es malo que haya cada vez menos pobres, o que crezca el turismo interno y el consumo en puentes, o para tratar de ayudar a que las fuerzas progresistas vuelvan a ser gobierno después de 30 años, por más que él crea que quien las desplazó del mismo fue la llegada de Macri al poder.

Hace casi dos décadas atrás, cuando defendí mi tesis en la Universidade da Coruña debatía con mi tutor respecto a la evaluación que hacíamos cada uno de los hechos, y defendía que desde Europa las cosas se ven muy diferentes que desde Latinoamérica, y que aquí en el sur, como decía Mario Benedetti, ‘cerca de las raíces es donde la memoria ningún recuerdo omite’. Ese mismo planteo es pertinente hoy para Pablo Iglesias, si quiere entender la realidad latinoamericanas que la viva, que no pretenda hacer interpretaciones europeístas de nuestra quehacer diario, que no hable de gusto como en aquel twitt, y como dijéramos hace ya un tiempo, sería oportuno que además Iglesias ‘se fotografíe en el recinto con carteles que pidan disculpas al pueblo argentino por haberse asociado a una operación política de la oposición argentina y lo refleje en un twitter, como remedo del publicado el 30 de agosto de 2017.’, pidiendo disculpas por las acusaciones falsas que vertió sobre el gobierno argentino quizás influenciado por los que ahora tanto ensalza.

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