¿Recuerda usted cuando en enero de 2016 Carlonia Bescansa apareció en el Congreso de los diputados con su bebé recién nacido en brazos?

No fueron pocas las líneas que al respecto se escribieron. Según ella, pretendía poner de actualidad el debate al respecto de las dificultades que la conciliación tiene en España. Lo hizo, evidentemente, a golpe de fotografía, pasándole el bebe a sus compañeros de bancada. Lo que pocos comentaron después es que tenía a su «nani» en el pasillo, pendiente de recoger al pequeño cuando hiciera falta. Claro está: denunciar la conciliación queda bien, sobre todo cuando en realidad no tienes problema alguno para conciliar.

En aquel momento el debate se dio, sin duda. Sobre todo porque algunos nos preguntábamos hasta qué punto es ético utilizar a tus propios hijos para generar debates públicos. Hasta qué punto esa criatura tenía que estar allí, en el hemiciclo, entre cámaras y pasando de brazo en brazo.

Querer poner de manifiesto las dificultades para conciliar quizás no tendría que pasar por el hecho de llevar a un bebé a un lugar de trabajo que no está en absoluto preparado para él. Pero su madre tomó esa decisión y a la vista está que no se ha vuelto a ver ningún bebé por los escaños, y a día de hoy tampoco es que la situación de las madres haya mejorado desde entonces.

Bescansa no fue la única. Jacinda Arden, primera ministra de Nueva Zelanda acudió a la Asamblea de Naciones Unidas con su hija recién nacida. En 1980, Sheila Copps llevó a su hijo recién nacido a la Cámara de los Comunes; en 1990, Michelle Dockrill sosteniendo a su bebé mientras votaba.

Pero el debate, el mismo debate y en los mismos términos, se ha abierto en Dinamarca. Una diputada, Mette Abildgaard, de 30 años, acudió al parlamento con su bebé. La respuesta que tuvo por parte de Pia Kjaersgaard, primera mujer en presidir la cámara y de 72 años, y miembro y fundadora del Partido Popular Danés fue contundente «Su hija no es deseada en el parlamento». Y a continuación invitaron a la diputada a abandonar la sala junto al bebé.

Fueron muchos los diputados que se quejaron por esta expulsión de la sala. Exigieron una disculpa para la diputada expulsada. Una de ellas, Penrille Skipper, miembro de Alianza Rojiverde, dijo que «no puede molestar a nadie (el bebé) mientras no haya gritos ni llantos».

El caso de Abildgaard

La propia diputada ha explicado que ella no tenía intención de llevar a su bebé a la cámara. Pero que adelantó su incorporación para «servir a la democracia», concretamente porque había una votación especial, que requería su presencia y su pareja no podía ocuparse del bebé de cinco meses en ese momento. Fue, sin duda, una causa sobrevenida, y no una pretendida campaña de visibilización, como ocurrió en el caso de Bescansa.

No hay normas al respecto

No hay normas al respecto de la presencia de bebés en la cámara, pero sí unas pautas mínimas de respeto, entre las que se exige que se mantenga el orden y las discusiones sean «dignas».

Casos anteriores

Esta no ha sido la primera vez en la que un bebé visita la cámara. En el año 2016 Laura Lindahl, de Alianza Liberal, llevó a su hija a una reunión. Tuvo que marcharse de allí cuando el bebé comenzó a llorar y a suponer una molestia para los demás asistentes.

¿Cuál es la realidad en Dinamarca sobre la conciliación?

La flexibilidad es un éxito alcanzado. Cuentan on un año de permiso por maternidad pagado, así como días de ausencia laboral por causa de enfermedad de los hijos -días pagados-, ayudas para escuelas infantiles. Pero consideran algunos que esto no es suficiente y quieren más avances.

Dentro de la legislación danesa está prevista la cobertura con salarios completos para ambos padres, así como meses de ausencia con salarios reducidos.

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