Soy catalana. Me gusta ser catalana, estoy orgullosa de la cultura que hay en Catalunya, igual que un madrileño se siente orgulloso de ser de Madrid, un andaluz de Andalucía, o un mexicano de México, por dar ejemplos.

Soy catalana, y considero que no soy ni mejor ni peor que el resto, ni más ni menos que los demás, diferente a cualquier persona de cualquier parte del mundo. Es más, no soporto la xenofobia, no soporto el racismo, no soporto el clasismo, y no soporto la aporofobia. De hecho, durante mucho tiempo, mi profesión ha ido enfocada a combatir todo movimiento que tenga que ver con dichos conceptos.

Soy catalana, y como tal, mi deseo es que la lengua catalana, parte imprescindible de nuestra cultura, se mantenga viva, rica, en constante evolución. Y ante ello, no doy lugar a discusión.

Soy catalana, y hablo y escribo perfectamente el castellano. Y me gusta, porque aquí, en Catalunya, convivimos con ambas lenguas, y creo que es una de nuestras grandes riquezas. Y es por ello, que me siento orgullosa.

Soy catalana, y aunque muchos pretendan lo contrario, excepto casos muy concretos, cualquier persona castellanoparlante puede integrarse perfectamente en nuestra tierra, ya que, en mayor o menor medida, aquí la mayoría somos bilingües. Y es por ello, que me siento igualmente orgullosa. Me gusta saber que vivimos en tierra de acogida.

Soy catalana, y tengo familia y buenos amigos en Madrid, Mallorca, y otras partes de España de las que seguro, ellos, se sienten muy orgullosos. Y con razón.

Soy catalana, y una de las cosas que más me gustan de la mayoría de políticos de mi tierra, es que son capaces de entrar en debates, muy duros de base, teniendo en cuenta todo lo que últimamente está sucediendo, sin faltar al respeto, sin insultar, sin hacer del Parlament un espectáculo, de la política un circo barato del que saldrías por la puerta trasera. Y digo la mayoría, porque todos sabemos que hay algún partido que marca la excepción a esa educación, pero precisamente por ser esa excepción, la gente parece haberse cansado, y todo apunta a que le queda poco tiempo de vida en nuestras filas. Menos mal, así sea.

Soy catalana, y me encanta escuchar ciertas tertulias en ciertas emisoras catalanas, donde el diálogo es respetuoso, donde los tertulianos intentan no gritarse unos a otros, donde siendo del partido que sean, del color que sean (con conocidas excepciones, como antes he dicho) no caen en el desprestigio grotesco de la persona que tienen delante.

Soy catalana, y considero que los periodistas, escritores, políticos, y personas públicas que utilizan Twitter como herramienta de comunicación, intentan calcular las palabras para, a pesar de que puedan emitir mensajes duros, siempre sea bajo el abrigo del buen hacer, de la libertad de expresión bañada en corrección (siempre con las mismas excepciones ya mencionadas, y que ya no hace falta recordar, o teniendo en cuenta que todos, como seres humanos que son, pueden meter “un poco” la pata de vez en cuando).

Soy catalana, y sé que nos pueden acusar de miles de millones de cosas más o menos tergiversadas, pero prácticamente nunca de que, a nivel público o institucional, se pierda la educación…

Soy catalana, y de repente, me encuentro esto:

Tengo que leerlo dos o tres veces para asimilar las palabras. No he estado pendiente de la polémica sobre las palabras de Anna Erra, alcaldesa de Vic. Investigo un poco en redes y veo el porqué de este tuit deleznable: Jordi Galves tiene una opinión respecto a la polémica surgida con Anna Erra, y Bea Talegón tiene otra muy distinta. De inicio, ambas respetables, tal como la libertad de expresión ha de funcionar. Y digo de inicio, porque ante este tuit, ese inicio ha llegado, de cabeza, a su final.

Me consta que Jordi Galves conoce personalmente a Bea Talegón, por lo tanto, parto de la base de que conoce todo el apoyo que Bea ha dado a la lengua catalana, intentando incluso hablar en público en un idioma que no es fácil para ella, como es lógico. Qué bonita forma de dar visibilidad a una lengua que necesita mantenerse viva, que el hecho de que una persona de castellana, y mediática, la apoye utilizándola en alguna de sus intervenciones públicas.

No voy a entrar en el debate sobre Anna Erra, ni voy a entrar en temas políticos. Esto es una cuestión humana, pura y dura.

Jordi pone a Bea por debajo de Vox, partido de ultraderecha que ampara el franquismo, que niega la violencia machista, que ataca la lengua catalana como obsesión, y un largo etcétera al que prefiero no entrar, porque no creo que se les deba dar visibilidad.

Jordi define a Bea como mierda. No una, sino hasta tres veces. Tres veces para remarcar que se trata de una persona supremacista.

Mierda; creo que no necesita definición, todos sabemos cuál es su significado peyorativo.

Supremacista, según la Rae; no existe dicho término. Me extraña que un escritor utilice un término que no consta en el diccionario, pero entiendo que se refiere a una persona que se siente superior a otra, en este caso por ser española. Es decir, Jordi le está diciendo a Bea que se siente superior a los catalanes, a las personas a las que lleva años apoyando, hasta el punto de perder trabajos e incluso (y haré un poco de prensa del corazón) de que ello le haya implicado problemas familiares.

Hipócrita federal; utilizaré la ironía para intentar definir a lo que creo que se refiere. Según Jordi Galves, Bea Talegón lleva años luchando contra la estigmatización a los catalanes, estigmatizándose a ella misma, por pura hipocresía. No hay más.

Genocida. Genocida. Genocida… Me han llorado, literalmente, los ojos. ¿Genocida?

Genocidio, según la Rae; exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad.

Este señor debe dar por hecho que todos leemos sus artículos, que en el resto de España sabrán que escribió un artículo, en su momento, diciendo que la lengua catalana sufre un genocidio. Pero resulta que no, que la mayoría de personas que han leído este tuit en español, no ha leído su artículo en catalán (artículo que por cierto conozco, a raíz de investigar al descubrir este tuit).

Creo que el insulto GENOCIDA, es uno de los peores insultos que se pueden utilizar contra alguien, y más contra alguien que, de forma directa o indirecta, ha tenido y tiene que ver con la política.

Creo que utilizar este tipo de insulto, estos términos tan absolutamente ofensivos, son un ataque DIRECTO a la libertad de expresión de una persona, en este caso de Bea Talegón. Y si esto queda impune, y si en redes hay algunos que apoyan esta bajeza moral, quizás mañana profiera insultos similares hacia otras personas con las que no comparta OPINIÓN.

Soy catalana, y NO me siento orgullosa de que una persona que escribe en medios públicos de Catalunya, sea capaz de llegar a estos límites tan sumamente alejados de la educación y el respeto. No me importa el motivo del debate, no me importa si la razón la tiene uno u otro, sólo me importan dos cosas. El hecho del daño personal que esto puede causar a la persona receptora de tal falta de respeto, y otra cosa no menos importante; el hecho de que partidos o personas que, precisamente atacan la identidad, lengua y cultura catalanas, con tuits como estos, hacen sus agostos. Qué mejor argumento para atacar a un catalán que apoya la lengua catalana, que utilizar sus propias palabras, palabras que, hablando de forma metafórica (o no tanto) hacen llorar.

Soy catalana, y estas actitudes me hacen sentir vergüenza, y NO ME REPRESENTAN COMO CATALANA.

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