El coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, Ezequiel Romero, durante la rueda de prensa de este miércoles

El asesino confeso de Laura Luelmo, de 26 años, en El Campillo (Huelva) ha sido el “sospechoso con mayúsculas” desde el primer momento y pese a todo no fue detenido por agentes de la Guardia Civil hasta pasados seis días de la desaparición de la joven profesora de Zamora cuando era seguido por una dotación de la Guardia Civil y decidió emprender la huida campo a través tras salir de su vehículo al sentirse vigilado por los agentes.

Seis días eternos repletos aún de interrogantes que se mantienen pese a la rueda de prensa dada este miércoles por los máximos responsables de la investigación para aclarar los detalles del caso que ha causado una profunda conmoción en todo el país y ha reabierto el debate público en torno a la prisión permanente revisable.

En esos seis días que transcurren desde la desaparición de la joven hasta el hallazgo de su cadáver y la detención del asesino confeso se produjeron varios hechos relevantes que evidencian algunos puntos oscuros en la investigación. Dos días después de la desaparición, el viernes 14 los investigadores tienen un primer encuentro, prácticamente de forma casual, con Bernardo Montoya.

Ese día, el padre y el novio de Laura entraron en el domicilio de ella en El Campillo junto al equipo de la policía judicial de Valverde del Camino para una inspección ocular que pudiera aportar detalles a la investigación. Al salir de la vivienda ven salir de su vivienda a Montoya con varios objetos. Tras ser preguntado por la joven, el asesino confeso asegura que no la conoce ni la ha visto nunca. Al solicitar sus datos, comprueban su larguísimo historial penal y se convierte en el “sospechoso con mayúsculas” del caso.

La vigilancia continuada al sospechoso no se ordenó hasta el domingo 16, cuatro días después de la desaparición

Pese a todo, nadie ordena entrar en la vivienda de Bernardo hasta que es detenido el martes 18, seis días después de la desaparición de la joven. Allí, los investigadores encuentran numerosos restos de sangre de la joven y otros datos que incriminan directamente a Montoya. “No sabemos si la puede tener viva en algún sitio, con lo cual tampoco queremos que él sea consciente de que estamos muy pendientes de él”, explicaba este miércoles en rueda de prensa el coronel jefe de la Comandancia de Huelva, Ezequiel Romero.

Durante el primer encuentro de los investigadores con Montoya, “le preguntan si conoce a una chica que vivía en la casa de enfrente y dice que no la conoce ni la ha visto nunca. Inmediatamente precintamos la casa de la chica y ponemos una patrulla porque además de identificarlo trasladan la identificación a la central y le dicen todos los antecedentes que tiene. De inicio pensamos que es un sospechoso con mayúsculas”, ha relatado el máximo responsable de la Comandancia de la Guardia Civil en Huelva. “Cada vez, el hecho de que fuera nuestro sospechoso iba alcanzando niveles más altos”, subraya el coronel Romero.

El detenido era el “sospechoso con mayúsculas” desde que a primera hora de la tarde del pasado miércoles 12 de diciembre desapareció la joven profesora zamorana cuando salió a dar un paseo. Así lo ha reconocido el coronel jefe Ezequiel Romero, que ha dado nuevos detalles de la investigación junto al teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús García Fustel, una vez que la jueza de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Huelva, Elvira Mora, levantó el secreto del sumario tras el ingreso en prisión del criminal.

Los investigadores creen que Montoya abusó sexualmente de la joven en el lugar donde fue hallado el cadáver

Pese a todo, a Montoya no se le puso vigilancia permanente hasta el domingo 16, dos días antes de ser encontrado el cadáver de la joven y detenido el principal sospechoso poco después del hallazgo. Es más, los investigadores reconocen que el mismo día que fue identificado por la Guardia Civil, el viernes 14, Montoya intentó volver andando a su vivienda, siendo reconocido por varios vecinos, que vieron cómo iba ocultándose y pegado a la pared, “y que al observar a una patrulla de la Guardia Civil se volvió rápidamente”. También le dio tiempo para acudir a un centro de salud del municipio de Cortegana, de donde es originaria su familia, porque se quejaba por un golpe en las costillas, probablemente tras un forcejeo con la víctima.

A estos detalle se suma que, el mismo viernes 14 que Montoya negó los hechos ante los investigadores, el asesino confeso acudió a la cárcel onubense para mantener un encuentro con su pareja sentimental, que cumple condena en este recinto penitenciario. Tras ser interrogada por los agentes, ella reconoce que observó unos “arañazos” en el cuerpo de su pareja.

Bernardo Montoya ha vuelto de nuevo a la prisión de Huelva apenas un mes y medio después de haber cumplido íntegramente su condena por el asesinato de una mujer en 2000, un intento de agresión sexual en 2008 y un robo con violencia. Precisamente en la cárcel de Huelva es donde Bernardo Montoya ha vivido la mitad de sus 50 años de edad.

Los investigadores, para evitar especular con la posibilidad de que la joven pudiera haber sido localizada aún con vida ya que los primeros datos de la autopsia apuntan que murió entre 48 y 72 horas después de desaparecer, creen que Bernardo Montoya raptó a Laura el mismo miércoles 12, pero no la agredió sexualmente en su vivienda sino en el lugar donde fue hallado el cadáver, a varios kilómetros del municipio en un terraplén junto a la carretera, todo ello pese a los numerosos restos de sangre localizados en el interior de la casa de Montoya tras la primera inspección realizada seis días después de la desaparición de Laura Luelmo.

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2 Comentarios

  1. Está medianamente claro que hubiera habido posibilidad de encontrar a la chica con vida si las cosas se hubieran hecho de otra manera,o sea, fuera legal o no,entrar en casa de este tipo,con el historial que tiene …pero claro,en este país tienen más derechos los delincuentes que los ciudadanos normales…lo lamentable es que seguiremos igual hasta el próximo caso.

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