Susana Díaz, en un acto público reciente con varios consejeros y ex consejeros y altos cargos cesados por ella.

Ya apenas se puede considerar un adelanto electoral en sí, teniendo en cuenta que las últimas autonómicas andaluzas se celebraron el 22 de marzo de 2015, la primera y única cita electoral ganada por Susana Díaz en Andalucía después de que accediera por primera vez a la presidencia andaluza directamente por aclamación del PSOE andaluz tras la dimisión de José Antonio Griñán a mitad de su mandato por su imputación en el caso de los ERE irregulares, que se juzga actualmente en la Audiencia Provincial de Sevilla. Desde entonces, la agenda judicial sigue marcando la agenda electoral de Andalucía.

Es precisamente el caso de estas ayudas irregulares a empresas en crisis, que sienta en el banquillo de los acusados a dos ex presidentes andaluces, seis ex consejeros y otra docena de ex altos cargos durante una década, el que decidirá finalmente la fecha de los próximos comicios autonómicos, los primeros previstos a nivel nacional, a los que seguirán las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2019.

El runrún del adelanto electoral en Andalucía se barruntaba desde hace ya prácticamente un año y la mortecina actividad parlamentaria autonómica así lo hacía ver a todas luces. De hecho, los procesos internos de primarias que se han abierto, tanto en Partido Popular a nivel nacional como en Ciudadanos y Podemos a nivel andaluz, van encaminados a tener las listas conformadas a tiempo para el momento preciso en que Susana Díaz decida la fecha exacta de la convocatoria electoral.

Susana Díaz ya adelantó en 2015 los comicios autonómicos tras romper por sorpresa su coalición con IU

Pero no será ella personalmente, como así determina la ley, ni el agotamiento de la legislatura en vigor los condicionantes sine qua non que pondrán en rojo la fecha exacta de las andaluzas. Es sin duda el caso ERE y una sentencia que, al ritmo que se desarrolla el macrojuicio en la Audiencia de Sevilla, no se hará pública hasta bien entrado el próximo 2019.

Por tanto, sea en otoño próximo o a comienzos de 2019, lo único claro es que la convocatoria electoral debe activarse antes del esperado fallo judicial, que en un sentido u otro es el único factor extrapolítico que puede determinar variaciones sustanciales sobre lo que todos los sondeos vaticinan en la actualidad: el PSOE de Susana Díaz volvería a ganar en Andalucía, como siempre lo ha hecho desde la implantación del sistema autonómico aunque cada vez con menos respaldo ciudadano. Ciudadanos crecería exponencialmente a costa de un PP en regresión debido a su crisis de liderazgo tras perder el Gobierno de la nación, mientras la confluencia de Podemos con IU no terminaría de cuajar electoralmente.

Las primarias exprés convocadas por Albert Rivera en Andalucía dan por hecho el fin de la legislatura

El subterfugio léxico “adelanto técnico” ha comenzado a ser conjugado sin complejos desde la sede andaluza del PSOE en la calle San Vicente sevillana, en un claro intento de minimizar el impacto que un adelanto electoral supone a nivel de imagen. Este adelanto electoral le surtió el efecto buscado a Susana Díaz en 2015, cuando por sorpresa de todos decidió romper el pacto de coalición que tenía suscrito con Izquierda Unida y adelantó las elecciones a marzo.

En aquellas fechas, Podemos apenas tenía estructura orgánica en Andalucía, el Partido Popular no poseía un cabeza de lista visible que le pudiera hacer sombra a la presidenta andaluza ya que Juan Manuel Moreno Bonilla había accedido a la dirección andaluza sólo meses antes tras el dedazo de Rajoy, y Albert Rivera se volcaba en componer una lista andaluza que no estuviera compuesta únicamente por antiguos cargos descontentos del PP o del desaparecido andalucismo.

Susana Díaz vio entonces el momento más oportuno para sus intereses personales y de partido para convocar las autonómicas en 2015. Hará sin duda lo mismo en la próxima cita, ya sea en otoño de 2017 en una fecha tan emblemática para el socialismo como es el 28 de octubre, o en enero de 2018. Los resultados de aquel 22 de marzo de 2015 le dieron la razón. Tras una campaña personalista al máximo, donde el logo del PSOE quedaba diluido y minimizado en una esquina de la cartelería, logró vencer por mayoría simple en un momento político en el que las fuerzas emergentes pedían paso en plena crisis económica.

Díaz ganó tanto a un siempre aspirante PP a gobernar en Andalucía como a un Podemos que esperaba un resultado mucho más abultado a su favor del que finalmente obtuvo (15 diputados) para “ganar el cielo” andaluz. Los nueve diputados de Ciudadanos dejaron claro quién sería el nuevo compañero de viaje del socialismo andaluz.

Y así hasta hoy, en una relación fluida y cordial en extremo, hasta el punto de que las primarias exprés convocadas esta semana por el partido naranja a menos dos semanas de su celebración no han buscado a priori ser como el canario que se utilizaba en las minas, pero han conseguido serlo de facto. Es el aviso definitivo del adelanto electoral.

Esta cordialidad con Ciudadanos nada tiene que ver con la que mantuvo Susana Díaz y el PSOE andaluz en la anterior legislatura con IU, en una relación donde a la líder socialista andaluza siempre se la vio incómoda. No es la presidenta andaluza mucho de mirar a su izquierda con agrado.

 

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