Aún se despierta a las cuatro de la mañana entre sudores fríos. Han sido cuatro eternos años en los que toda la familia se ha tenido que apretar el cinturón de una manera que hasta ese momento desconocían y que ha puesto en serio peligro la relación matrimonial.

Paco, un cuarentón madrileño, es diplomado en magisterio, aunque jamás ha ejercido como maestro. La centena de clases particulares que pasó con una decena de niños cuando estudiaba la carrera y los dos primeros años después de la diplomatura, mientras buscaba trabajo en un colegio privado y se presentaba a las oposiciones para la pública, no cuentan como currículum de profesor. De esas clases la única experiencia gratificante que pudo sacar eran las quinientas pesetas de cada hora que pasaba con los chavales mientras les ponía ecuaciones de primer grado, ejercicios de grifos o reglas de tres. Una vez suspendida la oposición en el primer intento, decidió dejarlo todo para poder dedicarle todo su intelecto a la preparación del examen que le daría un puesto en la pública para toda la vida. Como jamás tuvo vocación de enseñante y tardó siete años en aprobar los tres cursos de la diplomatura, tampoco fue capaz de superar el segundo intento.

Entonces decidió que el no estaba hecho para la enseñanza y decidió encontrar un trabajo lo mejor pagado posible, al que no tuviera que dedicarle mucho esfuerzo y del que poder vivir cómodamente. Un amigo de su padre le dio una instancia para trabajar como eventual en el Ayuntamiento. Rellenó el oficio, lo presentó en el registro de la junta municipal de distrito y tuvo la fortuna (llamada a capítulo por el amigo que le proporcionó la instancia) de que a los quince días le llamaron para trabajar como auxiliar administrativo.

Como eventual, se presentó hasta en tres ocasiones a las oposiciones de Auxiliar Administrativo del Ayuntamiento sin éxito. Pero el puesto le duró lo suficiente como para entablar amistad con el Concejal presidente de la Junta. A los dos años le nombraron vocal vecino. Cincuenta mil pesetas al mes por asistir una vez al mes al pleno de la Junta Municipal y apoyar al Concejal en la defensa acérrima de todas sus actuaciones.

Paco, que siempre fue un tipo pendenciero, amable a simple vista, pero un canalla en el cuerpo a cuerpo, se ganó los aplausos y parabienes del concejal de turno, que tuvo a bien, en las siguientes elecciones, sacarle de la lista de eventuales en la que había trabajado intermitentemente al principio, pero con continuidad desde que fue nombrado vocal de su partido en los plenos del distrito, y darle uno de los seis cargos de asesor. Por aquel entonces el Euro acababa de entrar en vigor y el salario de ochenta mil pesetas de vocal pasó a ser de 25.000 euros al año. Cerca de 1.500 euros netos al mes que para los primeros años del dos mil era casi una fortuna.

Con ese salario, Paco pudo casarse con Teresa y como buen matrimonio decente que asiste a misa todos los domingos y que lleva una vida ordenada, Teresa ha podido dedicarse a la cría y educación de sus cinco retoños sin la necesidad de tener que ir a buscar un salario fuera. De eso se ha encargado Paco siempre y con bastante éxito a pesar de que Paco no tiene ninguna habilidad especial, ni es un maestro en nada. Su puesto de asesor del Concejal de turno en el Distrito en el que vive en Madrid, básicamente ha consistido en decidir a quién se le dejaba el uso puntual o en exclusividad de los locales de los que dispone la junta. Este ha sido su único trabajo durante los doce años en los que su partido obtuvo la victoria en las elecciones municipales.

 

La tragedia, por la que aún se despierta sobresaltado a las cuatro de la mañana, vino en mayo del 2015. El partido Popular perdió la selecciones y Paco el salario de cincuenta mil euros que percibía como asesor. Como premio de consolación, fue nombrado de nuevo vocal vecino, pero los comunistas de Carmena tuvieron la indecencia de rebajar el salario de los vocales de la Junta Municipal desde los 800 euros a los 500. Y claro, con ese salario Paco no pudo mantener el nivel de vida al que estaba acostumbrado. Su mujer, que se dedicó durante esos años a ser madre, estaba dispuesta a buscar trabajo, pero una señora decente de su clase, no puede ponerse a servir o a fregar escaleras. Así que Paco, tuvo que tirar de amistades. Fue un pariente lejano el que ante la situación económica tan precaria de Paco optó por contratarle como comercial de seguros. El salario, novecientos euros más comisiones. No era mucho pero sumado a los quinientos de la Junta, y tirando de los ahorros que había acumulado en los doce años de asesor, han podido capear el temporal en espera de tiempos mejores.

 

El temporal no ha pasado del todo pero está en calma y Paco, ahora, vuelve a ser asesor. Ya no de su distrito en el que no gobiernan ellos, pero si en uno cercano. Ha dejado los seguros y vuelve a su encomiable y difícil labor de descubrir que personas no merecen disfrutar de los locales del ayuntamiento por no ser políticamente correctos. Ahora lo tiene más fácil. Solo tiene que negarles el disfrute de los mismos a todos aquellos que son de la misma cuerda que los que le dejaban en ridículo durante los plenos en la legislatura pasada.


 

Soflamas

Desde la celebración de las elecciones del 10 de noviembre y la publicación del acuerdo entre el PSOE y Podemos para la formación de gobierno, hemos estado asistiendo a una guerra mediática, cuyo climax ha llegado con la ofensiva de los días en los que se han celebrado los plenos de investidura. El mensaje simple y contundente: “que vienen los comunistas”. Algunos medios como el panfleto cuyo director fue diputado en el parlamento catalán por el PP y asesor de Rajoy, Maruhenda, incluso se atrevieron a publicar un tendencioso artículo comparando la economía que dejaba el PP en España con la de Corea del Sur.

No voy a dedicarle ni un párrafo a rebatir estas idioteces del comunismo porque el PSOE es tan comunista como los de la COZ demócratas, y en Unidos Podemos hace tiempo que dejaron atrás, no el intento de instaurar un estado comunista, que nunca han tenido, sino ni tan siquiera la opción para la que surgieron como exponentes libres del 15M, la de reformar el estado, instaurar una verdadera democracia y acabar con todos aquellos que viven de las corruptelas del Régimen. Su única intención ahora es la de intentar restablecer parte del estado de bienestar que hemos ido perdiendo a manos del PP, pero también del propio PSOE, lo que por ende, se torna en una misión prácticamente imposible.

De toda esta estrategia de convertir el comunismo en un insulto, en el acicate que hace saltar el muelle del miedo en la España que dormita frente al televisor, lo que más me fastidia es la falta de concienciación de la gente. Porque solo hay que observar un poquito para ser conscientes de que el PP y la derecha en general son un cáncer para la sociedad.

Muchos de vosotros, queridos lectores, sabéis que jamás he tenido reparos en criticar la gestión de Ahora Madrid en el Ayuntamiento de Madrid. Pero cualquiera que haya vivido, paseado o estado en Madrid varias veces en los últimos cinco años, se habrá dado cuenta de que con la llegada de Carmena al Ayuntamiento hubo un antes y un después, y que con la vuelta de la derecha, hemos entrado en un gusano temporal que nos ha vuelto a llevar al antes. Sé que a ti, que estás leyendo esto en Burgos, en Barcelona, en Valencia, o en Vitigudino, te la trae un poco al pairo y estarás pensando que los que vivimos en Madrid tenemos tendencia a creer que lo que pasa en Madrid, pasa en todo el estado. Soy consciente de ello. Lo hago porque este caso me viene al pelo para explicar que solo hay que mirar un poquito más allá de la pantalla del Televisor, de lo que cuenta los exaltados caciques del periodismo radiofónico para darse cuenta que, comparado con el PP, el gobierno de una opción socialdemócrata descafeinada como la de Carmena es dios y sus apóstoles. El gobierno de la derecha se caracteriza por el gasto incontrolado en asesores, en la externalización de todo lo que sea factible de que un amigo haga negocio con ello, la represión social, la rebaja de derechos, el desmantelamiento de lo público para que, con el dinero de nuestros impuestos, se haga un negocio seguro, el aumento de la pobreza general y de la riqueza de unos pocos, la corrupción, la negación de la igualdad del ser humano y sobre todo el desmadre económico convirtiendo la deuda privada en pública. Cuatro años de socialdemocracia descafeinada en Madrid, acabó con el 80% de la deuda multimillonaria del Ayuntamiento lograda por el PP a lo largo de los años. Instauró la participación ciudadana en la gestión de la ciudad. Convirtió los barrios periféricos, en los que un barrendero era una entelequia, en barrios menos sucios y acabó con el mamoneo de que muchas instalaciones municipales fueran gestionadas por amiguetes que sacaban beneficio del uso público de las mismas.

Hoy, Madrid vuelve a estar lleno de mierda (hojas, basura si recoger, heces de perro, …), el gasto en asesores se ha elevado en un tres mil por cien, la sensación de inacción es generalizada, la contaminación vuelve a ser un problema serio de salud pública y hay ciudadanos de primera (los amigos que ocupan los palcos dedicados a los discapacitados) y de segunda, los que vuelven a ser olvidados en el reparto de subvenciones para la mejora de sus barrios y de sus desgraciadas vidas de pobreza y miseria.

Sin el estruendo de los telepredicadores televisivos que viven de esos corrillos de marujeo en los que igual opinan sobre (modo ironía on) la benevolencia de Trump con los demonios de Irán que sobre los peligros de tener un vicepresidente relacionado con el narcotráfico (modo ironía off), sería imposible sostener este estado coyuntural. Cuando los voceros de la fachiprensa entran de lleno en la estrategia de denigrar, insultar, degradar y mangonear a quiénes osan poner en jaque al Régimen, llamado terroristas, filoetarras o comunistas a aquellas diputadas y diputados que en su legítimo derecho de libertad y, sobre todo, de representación de sus votantes, osan advertir que no puede ser garante de la democracia aquella institución que no es elegida por sufragio universal.

Del mismo modo cuando se pone en cuestión la legitimidad de un gobierno que además de no contar con los apoyos de los independentistas, estarían por otra parte en su legítimo derecho de hacerlo porque son formaciones que han pasado la criba de una ley de partidos hecha por el PP para precisamente librarse de todos aquellos que puedan ser potencialmente peligrosos para su discurso nacionalista español, se está sembrando una peligrosa semilla que crece contra la libertad, contra el sistema democrático y contra los principios de convivencia de una sociedad plural. Porque todas estas soflamas tienen el único objetivo de crear una sociedad más intolerante, menos permisiva y, sobre todo, más afín con el pensamiento que a ellos les conviene. De esta manera han logrado que los cimientos universales de la convivencia internacional como la convención de Ginebra, que antes eran sagrados, ahora sean papel mojado y que su violación no cree alarma social ni protesta. De esta forma han conseguido que la libertad sea limitada (hoy no sería posible ni la movida madrileña, ni las películas de destape, ni siquiera una película como la Tentación de Cristo).

La respuesta a la pregunta de por qué la izquierda no logra ganar cuando, en principio a todo el mundo le gusta la igualdad social, los servicios públicos, la sanidad universal, la educación en igualdad, los derechos laborales y los sociales, tiene mucho que ver con la universalización de este tipo de discurso restrictivo y descalificatorio. Se empieza poniendo en jaque los principios morales universales, se continúa criminalizando de comunistas a los socialdemócratas y se acaba quemando como herejes en la hoguera a todo aquel que no piense como tú.

Salud, feminismo, república y más escuelas públicas y laicas.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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