La razón es uno de los elementos indispensables para tomar la decisión de formar parte de un partido político. Si tomamos unas mínimas nociones de la crítica a la razón pura de Kant y, además, hacemos lectura del Historicismo Cultural, podremos entender que un ser decide pronunciarse en política de manera seria y decidida porque está influenciado plenamente por los elementos y las situaciones más destacadas y trascendentales para la Historia de la sociedad en la que vive.

Cuando un joven se afilia a una organización juvenil política, lo hace porque comprende el mundo en el que vive de una determinada manera, bien por su modelo de vida o, en cambio, por una concepción determinada de la realidad. Sin embargo, cuando se afilian simplemente por mantener la tradición o por seguir los pasos de sus ancestros sin meditación, no serán más que afiliados y colaboradores puntuales. Esto es un hecho real, el militante lo es cuando se para a meditar, en base a esa razón de la que hablo, sobre el porqué y el cómo de la evolución de la sociedad y lo que dicha evolución conlleva. El militante añora corregir todo lo negativo que nace del capitalismo. Por este motivo me hago la siguiente pregunta, ¿está bien animar a afiliarse mostrando la política como algo “guay”? ¿Será mejor seducir con ideas que conduzcan a una mejora y, por ende, se sientan identificados?

El socialismo ha pasado y sigue pasando momentos difíciles en el conjunto europeo, salvo el caso portugués y algunos países del norte de Europa. El hecho de que durante estos años de crisis, con su claro crecimiento de las desigualdades, el PSOE no haya sido el referente juvenil es un evidente motivo de la estaticidad que la organización ha mantenido desde la victoria electoral de 2004.

Cuando un partido político que necesita de los sectores más jóvenes de la sociedad se acomoda y no estudia con antelación los desajustes que ya anunciaban sociólogos, como el cambio generacional, está condenado a que la apreciación que de este se tiene comience a empeorar. Motivos tales, además de una pérdida de identidad por las políticas empleadas durante la novena legislatura, han ocasionado un camino complejo y sin rumbo claro entre sus filas, Chacón le llamó “la travesía del desierto”. No se ha sabido cómo cohesionar los diferentes postulados existentes entre quienes forman parte, directa o indirectamente, de la organización desde los inicios de la democracia y de los que desean una modernización y más participación, mirando a dirigentes como Jeremy Corbyn.

El uno de octubre del pasado año, el PSOE inicia un punto de inflexión indiscutible. Con la dimisión de Sánchez, a consecuencia de la aprobación de la abstención al PP, las bases socialistas inician un debate que no se experimentaba desde el poscongreso de Suresnes. Se despertó la modernización, llegó de manera clara y mayoritaria, pero sin la extensión suficiente, pues los conservadores de los años ochenta obtuvieron un porcentaje superior al treinta por ciento, clara consecuencia de la edad media de su militancia.

¿Cómo acabar con ese último lastre que acompaña al PSOE? Se necesita juventud, pero para lograrlo, el PSOE tiene que dejar a un lado los mismos discursos de siempre. Aquí entra en mi juego la memoria histórica. Yo, que soy un enamorado de la Historia, mucho de la española de la primera mitad del XX, y un claro defensor de la Ley de Memoria Histórica, estoy cansado de escuchar una y otra vez el mismo mantra que habla de la Guerra Civil y su posguerra.

La juventud está sufriendo un desastre en cuanto a su visión de futuro. ¿Dónde están las ideas socialistas sobre las prioridades de los jóvenes? ¿Por qué no son proclamadas a los cuatro vientos? El pasado viernes, Rafael Lemus, candidato a la secretaria general de la provincia de Badajoz, se reunía con militantes para hablar de memoria histórica. Lo hacía en plena campaña y en un acto oficial de partido. Un claro ejemplo de lo que ya no puede ser el PSOE si de verdad quiere conquistar su espacio, el que tuvo. En primer lugar, no puedes hacer un acto oficial de partido cuando aún no has sido reelegido y, segundo, dando protagonismo a algo más que conocido y que claramente va en los genes socialistas, es indiscutible. Pero, ¿y los jóvenes?

Estamos cansados de llenar mítines y pegar carteles. Necesitamos ideas, que se estudie en la calle y en las Universidades – muy olvidadas por el socialismo español –, donde haya juventud tiene que estar el PSOE, conociendo las necesidades reales de la juventud y planteando soluciones.

¿Cómo puede ser que las juventudes socialistas sean tan comedidas que casi no se diferencien del PSOE en algunas provincias y regiones? La juventud debe estar por delante, no puede perder su punto utópico. Cuando los jóvenes se afilian a una organización juvenil y piensan más en ser políticos que en transformar las desigualdades en igualdad social estamos rozando algo que, para mí, es peligroso.

El cambio empieza por la propia transformación y hay que asentarlo definitivamente. Los partidos son herramientas, cuando una herramienta no sirve se desecha. Hay que recuperar el deseo de futuro de una vez por todas, orientarnos a nuevas leyes desde ya. Para ganar se necesita a la juventud, a esa juventud que ansía la transformación, y para conseguirlo hace falta una reestructuración que aún no se ha extendido del todo, ha empezado, pero no puede parar.

1 Comentario

  1. El problema es que no sabeis lo que es el socialismos,sois como una famosa bebida que empezò siendo normal,luego sacò su versiòn light y ahora la zero.Zero socialismo es lo que haceis ahora.
    No puede haber camino cuando no sabeis hacia sonde vais.

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