¿Qué tiene de reprochable el hecho de que Lewis Hamilton se subiese al podium del Gran Premio de la Toscana con una camiseta en la que se pedía que se arrestara a quienes mataron a Brianna Taylor?

Nunca habíamos visto nada tan caótico en la F1 -sin lluvia- como el Gran Premio de Toscana.

La FIA -se le ve la oreja- ya no sabe qué hacer para animar el espectáculo

¡Tres salidas desde parrilla!

Pero Hamilton y Mercedes son más sólidos que una montaña y nada puede con ellos. Así que gana la carrera el hexacampeón del mundo una vez más y se sube al cajón más alto con una camiseta negra escrita en letras blancas en la que pide que se arreste a quienes mataron a Brianna Taylor.

Los comentaristas pusieron el grito en el cielo, que si no era adecuado, que si todo el mundo lo hiciera…

pues a nosotros nos parece perfecto. Lo de Hamilton y lo de que todo el mundo lo haga uando quiera. Al fin y al cabo los pilotos llevan publicidad hasta en el fondillo de los gayumbos y todo ello sale en las televisiones del mundo entero. ¿Por qué no ha de salir un mensaje personal y reivindicativo de una lucha justa y hercúlea contra el racismo?

Al podium deberían poder subirse los pilotos con la camiseta que les diera la gana. MAMÁ TE QUIERO. Mi hijo ha aprobado el bachillerato. NO TRATEMOS COMO ESCLAVOS A LOS PERROS… lo que sea.

Que la F1 no esté interesante este año porque no hay lucha por el campeonato mundial no es culpa de Hamilton ni de Mercedes, sino de que sus rivales -especialmente las escuderías- que no son lo bastante buenos.

Aplaudimos su camiseta en el Gran Premio de la Toscano y estamos con Hamilton en su petición:

QUE DETENGAN A QUIENES MATARON A BRIANNA TAYLOR.

Tigre tigre.

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