El drama está servido. Y es que a perro flaco todo son pulgas. Como ya sabrán hay elecciones, y el partido mayoritario a la izquierda del PSOE ha entrado en una crisis de la que todavía no se atisba el fondo. La previsible y preparada salida al terreno de juego de Iñigo Errejón ha venido acompañada de otras deserciones y ajustes de cuentas, tanto de dirigentes como de organizaciones aliadas, que aprovechando la coyuntura nada halagüeña que atraviesa Podemos, han decidido priorizar lo personal a lo colectivo, sin importarles dar casi puntilla con ello a un proyecto que hace apenas unos años afirmaba querer asaltar los cielos. Una de las últimas bofetadas ha llegado desde Andalucía, en forma de reto a un Pablo Iglesias que está viviendo su peor crisis de autoridad desde que comenzase todo esto. Es normal. A rey débil siempre se le levantan los nobles. Y Teresa Rodríguez, que es más aristócrata que el duque de Alba en Podemos, decidió de repente que a los andaluces les correspondía tener voz propia en el Congreso. Vamos, que lo de presentarse en una candidatura estatal como un paria cualquiera no iba con ella. Y por eso, y apoyada firmemente por su ejecutiva, exigió presentar al partido con la marca electoral con la que se concurrió a las pasadas elecciones andaluzas: Adelante Andalucía.

Al final sus pretensiones quedaron en nada, pues ni Errejón ni Iglesias la han escuchado, y a su socio Izquierda Unida le horrorizó la idea desde un primer momento. Pero la lucha no ha hecho más que comenzar en el sur. Una lucha que es más profunda de lo que aparenta, y en la que se está planteando un falso debate en el que mientras unos reclamaban su inalienable derecho a concurrir con sus propias siglas y pidieron nuevas primarias para rediseñar las listas, los otros -fuera de foco- los señalaban como traidores por ello. Los anticapitalistas de Rodríguez aclaraban que lo suyo no era oportunismo, sino que Andalucía merecía una portavocía propia y los militantes tenían el derecho a participar de las nuevas listas. Nada nuevo bajo el Sol, ya que en política todos justifican sus acciones por el bien de su país o el de sus militantes. Pero por supuesto nada es tan sencillo, y a nadie se le escapa ya que si algunos quisieron hacer nuevas listas era para expulsar a los afines de Iglesias de la candidatura, además de que lo de la portavocía o tener grupo propio no es el objetivo final de los de Rodríguez. Pues quieren ir mucho más allá. Y cada vez está más claro que a lo que se aspira realmente es a la creación de un nuevo sujeto político de carácter nacionalista, progresista, e independiente de cualquier organización estatal con sede en Madrid. La idea no es ni mucho menos espontánea pues lleva meses fraguándose, y a ella llegaron por caminos muy distintos, algunos sectores cercanos al errejonismo movidos por su lógica populista nacional, y los trotskistas andaluces de Anticapitalistas, que aquí llevan años teorizando sobre la contradicción nacional como sujeto político.

Indudablemente, con unas elecciones a la vuelta de la esquina y otra crisis económica acechando, no parece que sean tiempos para experimentos, menos cuando estos se proponen desde una organización debilitada que no es consciente de sus limitaciones. Porque, si bien es cierto que en el resto de España Podemos está en caída libre, la federación andaluza -por mucho que se quiera aparentar lo contrario- no está en una situación distinta. Y es que aquí, la estructura de Podemos está deshecha: sin apenas militancia que la sostenga en las amplias zonas rurales de nuestra comunidad, divididos en múltiples familias que sólo hacen campaña si se presentan los suyos, y cada vez con un peso menor en los movimientos sociales que aspiraban a representar. En esta situación, el simple sentido común tendría que advertirnos de que no caben ahora pulsos contra Madrid, y menos todavía si la plataforma con la que se pretende hacerlo es precisamente Adelante Andalucía. Porque la Adelante Andalucía que Pérez Ganfornina defiende como “marca consolidada”, queda muy lejos de ser ese ambicioso intento de construcción de un instrumento de unidad popular que nos vendieron, y aunque se intente disimular, Adelante Andalucía no es más que una coalición electoral. Una coalición más de las que se han dado por todo el estado español y que se construyó en los últimos comicios andaluces por un pacto entre IU y Podemos, al que se sumaron dos organizaciones casi simbólicas (Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza), y que se construyó de arriba a abajo con un reparto de puestos en los despachos. Esta coalición, que además no es que tuviese unos resultados espectaculares (se han quedado lejos del propio techo electoral de IU en solitario), no ha calado todavía entre los andaluces, siendo así que ni siquiera la militancia de las organizaciones que la componen se sienten en muchos casos parte de ella.

Pero es que encima, y por si esto no fuese suficiente, Teresa y los suyos han lanzado un órdago hablando en nombre de Adelante Andalucía sin consultar ni siquiera a las bases de Podemos ni al otro actor principal en este juego, esa Izquierda Unida que algunos dan por muerta, pero que en la región andaluza sigue contando con una estructura que supera en mucho a la de Podemos, y cuya militancia y dirigentes dudo que se vayan a prestar al juego de la construcción de un nuevo sujeto político nacionalista. Porque IU en Andalucía es el PCE, y este ya ha dejado clara su posición respecto a lo inoportuno de seguir confundiendo al electorado con papeletas distintas en cada región. Pero es que además, y a pesar del hondo andalucismo que abanderaron siempre los comunistas andaluces, los experimentos nacionalistas nunca han calado en una organización profundamente convencida de su carácter estatal. Por ello puedo jugarme lo que quieran a que IU no aceptará nunca la estrategia marcada por los trotskistas andaluces de Podemos, aunque por responsabilidad, ante las elecciones que vienen no vayan a hacer declaraciones que hagan peligrar la lista unitaria.

Y es que crear un nuevo sujeto político es legítimo, pero no se puede coger una marca que no es tuya para hacer de ella un partido nacionalista andaluz. Porque cambiar la ideología y carácter de Adelante Andalucía necesitaría como mínimo de un congreso fundacional en el que colectivamente se tomasen posiciones ideológicas y políticas, y no construir la casa por el tejado para convertir tu chiringuito en un nuevo Partido Andalucista de izquierdas en el que muchos -posiblemente la mayoría- no nos sentiríamos representados. Porque levantar banderas y priorizar la construcción nacional en una región sin arraigo nacionalista, no sólo es irresponsable en una coyuntura nada halagüeña como la que se avecina, sino que -muy probablemente- hará subordinar la cuestión de clase a la cuestión nacional en un momento en el que el pueblo andaluz va a buscar referentes de izquierdas. Yo, que trabajé desde la propia candidatura de las pasadas elecciones andaluzas en la construcción de Adelante Andalucía, desde luego no contribuiré en un giro ideológico en el que no creo, y que contribuirá todavía más a la división de la izquierda andaluza. Porque sólo la unidad popular en base a un programa de mínimos que defiendan la democracia frente a la nueva ofensiva del sistema para arrebatarnos la dignidad podrá darnos esperanza. Porque nuestra clase nos necesita y va a buscar sus referentes, sea con nosotros o contra nosotros. Y porque la Historia nos mira, y vamos muy tarde.

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Docente en educación secundaria e historiador. Especialista en historia del movimiento obrero andaluz. Es autor de numerosos artículos de investigación y ha publicado las monografías históricas José Díaz, una vida en lucha (Almuzara, 2013); ¿De qué se nos acusa? (Utopía Libros, 2014); y La lucha por la unidad (Utopía Libros, 2015), además de la novela "En el panel derecho de El jardín de las delicias" (Leibros, 2017) El autor escribe habitualmente en prensa escrita y digital y ha colaborado en medios como Viva Sevilla, Cuarto Poder, El Correo de Andalucía, Infolibre, Tercera Información o eldiario.es. Actualmente es jefe de opinión de El Común.

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