Desde el fallido intento de las tropas de Ramiro II, Rey de León, en el año 932 hasta la Guerra Civil ha habido más de una docena de ocasiones en las que Madrid ha sido sitiada y asediada, con resultados dispares en cuanto a doblegar la resistencia de los madrileños. El último período de acoso sobre la Comunidad que hace de Distrito Federal en España comenzó en la época de Rodríguez Zapatero y su patético escudero Pepe Blanco, que no alcanzaban a comprender cómo la región no se rendía a los encantos de la revolución progresista de las sonrisas y el buen rollito que ocultaba bajo esa piel de cordero un programa de revancha y rencor.

Desde entonces la progresía española, a través de los medios de todo tipo y a través del poder, cuando ello ha sido posible, se juramentaron para hacer pagar a los ciudadanos de Madrid la osadía de elegir una opción política liberal que demostraba que es posible dejar más espacio y dinero a los ciudadanos y a su vez hacer crecer las políticas sociales. Pero los madrileños se obstinaron en seguir eligiendo para regir sus destinos opciones de centro derecha.

Y en estas estábamos cuando sobrevino la enorme desgracia de la epidemia del COVID -19, momento en el que desde la secta progresista se decidió que había que convertir la calamidad en oportunidad y aprovechar la enfermedad y la muerte para asestar el golpe definitivo a los ciudadanos de Madrid, castigándolos por su mal comportamiento.

Da igual que en la región se haya producido el milagro del hospital de Ifema o que fuese la primera de España en tomar medidas como el cierre de centros educativos (Ayuso) o de bares y terrazas (Almeida) mientras el Gobierno de España todavía redactaba el borrador de ese golpe de estado permanente denominado estado de alarma. Además la razón para el castigo se acrecentó cuando encima los madrileños osaron desafiar al gobierno denunciando su incompetencia y sus abusos y reclamaron libertad ondeando la enseña constitucional.

La facción ha encontrado la herramienta perfecta para doblegar el espíritu de los ciudadanos, con el acoso social y el ahogo económico de mantener, sin fundamentos técnicos, restricciones a la movilidad y a las reuniones que en situaciones similares no se aplican en otras zonas. Es más, se hace de forma ostensiblemente agraviosa a fin de subrayar que hasta que los ciudadanos no alaben suficientemente a los grandes timoneles y sus guardias de corps, el gobierno los tendrá de cara a la pared.

Pero este no es el final del cuento. La Historia nos demuestra cuán grande es la capacidad de resistencia de los madrileños cuando su libertad es lo que está en juego y desde luego hace falta un poder aún más opresivo que el que ahora nos atenaza para hacer doblar la rodilla a este pueblo noble, libre, sabio y alegre. Si no, al tiempo… ¡Ánimo Madrid!

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2 Comentarios

  1. Otro Ana Rosa Quintana blanqueando lo inblanqueable.
    Criticando el 8M cuando no habia estado de alarma y defendiendo la irresponsabilidad de los borjamari en pleno confinamiento.
    Saltándose las normas de confinamiento para inaguraciones a imagen y semejanza del añorado? nodo.
    Esa prepotencia y orgullo de ignorante que te hace sentir intocable por pura inconsciencia.
    Viviendo temerosos de confabulaciones siniestras, cree el ladron que todos son de su condicion.

    No hay region no castellana que se libre de sus insultos y desprecios. Tampoco se libra cualquier ciudadano no practicante (lo de creyente lo dejamos para la intimidad, lo importante es que se vea, si es de negro y mantilla mejor).

    Al final habrá que poner a Madrid en una isla y alejarla con un palo, como hacen los ingleses, pero empujando desde el continente esta vez.
    Hecho esto , España se convierte un remanso de paz y tranquilidad.

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