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Sinfonía de la palabra

Lo que nunca sabré de Teresa, de Martín Llade

Antonio Illán Illán
Antonio Illán Illán
Escritor. Licenciado en Filosofía y Letras. Catedrático (jubilado) de Enseñanza Secundaria de Lengua Castellana y Literatura. Ha desempeñado diversos puestos en la Administración. Tiene publicaciones de poesía, narrativa y ensayo. Colaborador cultural en medios de comunicación (prensa, radio y televisión), con más de 2.000 artículos publicados. Crítico de teatro en el diario ABC Castilla-La Mancha.
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análisis

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Lo extraordinario y lo posible, la realidad y la ficción, lo mítico y lo humano, el cine y la vida, la autobiografía y el deseo de encontrar, la música de fondo, unos años libertarios maravillosos y nostálgicos del siglo XX, en fin, Lo que nunca sabré de Teresa, es la obra que ha escrito Martín Llade, asaz interesante y que se lee de un tirón.

El primer plano, como una luz brillante, como un neón en la calle céntrica de una ciudad, nos lleva a la sex symbol que protagonizó Calígula o fue portada en Playboy, Teresa Ann Savoy (1955-2017). Pero eso es solo el celofán, lo importante, lo serio, el meollo, es la indagación sobre la vida, sobre la persona, sobre el día a día de quien se escapa de casa a los dieciséis años, que luego vive en una comunidad jipi en Sicilia, que triunfa en películas de tono erótico con su lolitismo adolescente y que, tras pocos años de éxito, viene la decadencia y termina pasando muchos años en una vida familiar totalmente fuera del universo del glamur.

Lo que nunca sabré de Teresa es un texto narrado como novela, que en muchos tramos es biografía, con documentación precisa bien indagada y bien contada, en especial todo lo que tiene que ver con el universo del cine; en otros, donde la realidad se oculta, la ficción pretende mostrar lo que pudo ser; y, por momentos, es pura autobiografía, donde el autor nos da detalles de su pasión por la actriz, de su descubrimiento, de los años de búsqueda de documentación y hasta esos detalles más personales, como que era escuchante de Radio Clásica desde su adolescencia o el momento mágico que ya le abrazó por siempre a la música, a partir de escuchar las obras de Prokófiev, y que lo convirtió en un melómano insaciable.

Me parece acertado, independientemente del fin y las fuentes de lo escrito, que el texto biográfico sobre la actriz, el ficcional y el autobiográfico se compendie en el molde genérico de novela, sobre todo si atendemos a la teoría de Lukács, para quien “la novela, en el proceso de configuración, busca descubrir y construir la totalidad de la vida oculta”. Esa construcción y reconstrucción, donde incluyo la emoción e implicación del propio autor en el contenido narrado, conforman una trama lineal sobre el eje vital, eminentemente humano, de Teresa Ann Savoy. Y el todo, la sucesión de descripciones, declaraciones y narración de hechos, ya desde mi visión de lector, componen una realidad, o mejor un reflejo de la realidad, multifacética, caleidoscópica, desmitificadora, contextualizada en el momento histórico, colorista y objetiva. No es una novela para mentir, sino para buscar por todos los caminos posibles la verdad, tanto la del mundo denotado, como la puramente narrativa. Ahí, en esa vida como texto, donde se da relevancia a lo verdadero y lo auténtico frente a lo legendario, en esta sinfonía de la palabra, es donde encuentro el valor literario de esta obra que nos ofrece Martín Llade.

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Asimismo, este observar la vida que nos propone el autor en Lo que nunca sabré de Teresa se acerca a la afirmación de Virgina Woolf: “De modo estridente, clamoroso, la vida ruega siempre ser la meta adecuada de la narrativa, y que cuanto más se vea de ella y de ella se capte, mejor será el libro”. Así es o así me lo parece, la vida es el contexto y el texto. Es cierto que Martín Llade atrapa muchos hilos para construir su novela y que otros quedan sueltos, pero así es la existencia, plena de valles y montañas, de momentos brillantes y de oscuridades.

Lo que me fascina en la lectura de esta ecléctica novela (el propio Martín Llade afirma: “…pero a pesar de mi empeño en concluir este asunto, la novela o lo que quiera que sea esto…”) es ese estrecho vínculo que podemos establecer entre literatura e historia, ficción y testimonio, cine y música, engaño y verdad. La potencia expresiva de lo anecdótico del personaje, los datos, se complementa bien con el acercamiento al contexto personal y social de Teresa y con la propia narración del proceso de indagación y la propia reflexión del autor sobre sí mismo. Ahí también, en ese jardín de senderos que se entrecruzan, es donde encuentro la originalidad compositiva de este texto, que no es nada vaporoso, evasivo o populista, sino que hace confluir emoción, vida e historia. Y lo que nos queda, tras la lectura, es la memoria esclarecida de quien fue persona por encima de mito, los reflejos sociales de un tiempo determinado y las pasiones que han modelado la vida del propio autor.

Lo que nunca sabré de Teresa nos ofrece todo lo que podemos conocer sobreTeresa Ann Savoy. No creo que nadie sepa más sobre ella que Martín Llade. Ese conocimiento nos lo muestra con el formato de novela “o lo que sea”, y lo hace de una manera ágil y amena, con un lenguaje como el que estamos acostumbrados a escucharle en sus programas de radio, con corrección y desenfado, sin moralinas ni moralejas, pero sí con valores muy claros, que ayudan a situar lo verdaderamente humano, emocional, positivo y auténtico muy por encima de los contravalores que rodearon a la protagonista y a los que no es ajena la sociedad actual. Lectura muy recomendable.

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