Parecía durante las semanas de confinamiento estricto que todos nos íbamos a echar a las calles en cuanto pudiésemos y, sin embargo, nos hemos encontrado que, si bien muchos hemos hecho realidad el deseo de salir y disfrutar del aire y el sol, para otros la simple idea de volver a la calle se ha vivido con angustia y ansiedad y han preferido finalmente, continuar en casa.

Este miedo a salir a la calle tras el confinamiento es lo que en psicología se conoce como síndrome de la cabaña. No es una patología como tal, hace referencia a un conjunto de reacciones psicofisiológicas que la persona padece por un cambio de entorno. En la situación actual, seria al pasar de una situación de confinamiento en casa a otra de incertidumbre retomando la vida en las calles.

El síndrome de la cabaña (y de ahí su nombre), se ha estudiado desde principios del siglo XX cuando era habitual que cazadores o buscadores de oro del norte de EEUU pasaran los meses de invierno en sus cabañas y que tras pasar estos periodos y al retomar el contacto social, sentían estrés, ansiedad y desconfianza.

Esta sintomatología también era frecuente en personal a cargo de los faros antes de que se automatizaran.

La característica principal de este síndrome es el miedo a salir al exterior (a menudo se manifiesta como inapetencia a salir de casa todavía y se justifica en que no hay necesidad). Otras señales serían tristeza y apatía, angustia, problemas de concentración… .

Las personas que más se ven afectadas por este síndrome son aquellas que se han visto especialmente dañadas durante esta situación: Los mayores por su vulnerabilidad, los enfermos o incluso aquellos que han sufrido pérdidas.

Lo más importante que debemos considerar es que esto también se supera y con recursos propios. De nuevo, tenemos un gran potencial para reponernos ante la adversidad, así que la pregunta clave es… ¿Qué podemos hacer para superarlo?:

  • Reconocer la emoción que subyace a nuestro estado de ánimo, el miedo. Y, hacerle frente para hacerlo más pequeño. Es bueno compartirlo con nuestro entorno más cercano.
  • Proponernos objetivos pequeños para ir retomando la normalidad poco a poco y de forma progresiva (por ejemplo, empezar por salir a la puerta, después un paseo por nuestra calle, después por la manzana… y así hasta hacer un paseo largo o ir a super). La clave está en darte tiempo.
  • Aplicar técnicas de relajación y respiración antes de salir a la calle.
  • Respetar las medidas de seguridad establecidas (mascarilla, guantes, distancia de seguridad, lavado de manos…), para tener la confianza de que lo estamos haciendo bien y controlamos el riesgo.
  • Mantener el contacto con nuestro entorno familiar y de amistades.

En principio estos consejos deben ser relativamente sencillos de seguir, así que, si nos sentimos incapaces para reintegrarnos a nuestra vida y tenemos limitaciones importantes, lo mejor es pedir ayuda a un profesional para que nos acompañe.

Estamos ante una situación sin precedentes de la que van a surgir muchos desafíos psicológicos. Por ello es fundamental ser conscientes, comprensivos y especialmente amables con los demás y con nosotros mismos para poder sobrellevar de la mejor manera posible esta situación.

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