Estamos viviendo una de las etapas más difíciles que la sociedad ha tenido que soportar desde la Segunda Guerra Mundial. La pandemia actual, está provocando numerosas pérdidas irreparables, tanto personales como económicas. Hay familias que han perdido de forma dramática a seres queridos de los que, ni siquiera, han podido despedirse. Hay personas que se están, LITERALMENTE, arruinando de la noche a la mañana. El paro aumenta exponencialmente, los niños han sido separados de sus amigos en el colegio, creándoles una sensación de luto perpetua. Y podría seguir, porque son tantos los casos y los dolores soportados que, en vez de un artículo, necesitaríamos un libro del tamaño de una enciclopedia para poder resumirlos mínimamente.

Es por todo ello que la ciudadanía intenta ser fuerte, sobreponerse, cumplir las normas que inevitablemente chocan de frente con los derechos más fundamentales del ser humano. El ambiente general es de preocupación y tristeza, pero también de lucha, de aceptación y de entendimiento ante las nuevas circunstancias.

El papel del mundo de los medios de comunicación y de la política es fundamental. Se ha de ser realista, pero no morboso, se ha de ser duro, pero no despiadado. En un escenario “ideal” ante la Covid-19, lo que la mayoría de gente espera es empatía, acompañamiento, apoyo por parte de sus representantes. Pero parece ser que el Ayuntamiento de Barcelona ha decidido librar dos batallas a la vez, dos batallas que quizás no deberían ir temporalmente de la mano. Una, la pandemia, dos, la movilidad. Atacan directamente al uso de los coches “viejos”, o lo que es lo mismo, al uso de los coches de las familias más humildes. Y yo pregunto:

  • ¿Alguien discute que la polución de Barcelona ha de bajar radicalmente?
  • No.
  • ¿Se podría hacer sin PERJUDICAR directamente al bolsillo de los que tienen menos, y yendo directamente al corazón del problema real?
  • Diría que sí, pero no parecen encontrar la fórmula (aunque insistan en que hasta los mensajeros vayan en bici).

Y entonces, ante la indignación de miles de ciudadanos que, hablando en términos muy humanos, LO ESTÁN PASANDO MUY MAL, y que reclaman que la gestión de la zona de bajas emisiones se haga de forma práctica, y con datos reales, sin MACHACAR sólo a un sector de la población (ejemplo de ello lo podemos encontrar en la recién creada Plataforma Afectados Restricciones Circulatorias) aparecen testimonios en Twitter, como el de Silvia Casorrán.

Silvia Casorrán, consejera del Distrito de Sant Martí, y asesora del área de movilidad de Barcelona (AMB), reincide en la falta de respeto hacia parte de la ciudadanía. Silvia Casorrán ironiza ante las quejas legítimas y democráticas de “su” pueblo ante su gestión o, dicho de otra forma, Silvia Casorrán insulta con su falta de empatía y sus chistes nada graciosos, a esas personas que no están de acuerdo con las actuales políticas de movilidad en Barcelona.

“Un millón de euros en tan solo unos pocos días de la ZBE. (Emoticono con los ojos en forma de $). ¡Buena fuente de ingresos para la “mobilitatsostenible!”

“10.000 x 100€… ¡1 millón de euros! ¿Qué podemos hacer con un millón de euros?”

Un usuario de Twitter, sorprendido ante tanta frivolidad, afirma que a esto se le podría denominar “afán recaudatorio con premeditación”. Ante tal afirmación, en vez de obtener una respuesta justificando el procedimiento del Ayuntamiento de Barcelona en esta época de pandemia, la respuesta de la consejera es la siguiente; “Soy como el Tío Gilito”. Esta vez, el emoticono no sólo posee el símbolo del dólar en sus ojos, sino también en su lengua verde. Curioso…

Creo que a nadie sorprende, sea del color político que sea que, ante tales afirmaciones, haya preguntas “impertinentes”, como la de un usuario, que le insiste en saber si cobra comisiones de las empresas de vehículos de alquiler, o de las multas de la ZBE. Ante tal cuestión, la respuesta de Silvia Casorrán, miembro de peso de BComú, es directa hacia el ciudadano de la urbe que ellos gestionan; “Cuando dejes de hacer preguntas estúpidas desde cuentas anónimas te empezaré a hacer caso. ¡Saludos, valiente!”

Tras leer sus Twits (entre otros muchos, de los que ya se ha tenido que disculpar en algún caso), mis preguntas (sin querer ser impertinente, y sin el anonimato de Twitter del que ella se queja), son las siguientes:

  • ¿La falta de empatía hacia la ciudadanía, es parte del programa actual de BComú, o sólo un gesto personal de esta señora?
  • ¿La falta de respuestas ante las dudas de la ciudadanía, se debe a que no quiere responder, o a que en muchos casos no tiene una respuesta englobada en los parámetros de la lógica?
  • ¿El regodearse de la recaudación obtenida a través de las multas a ciudadanos que no se pueden comprar coches nuevos, es ético y políticamente correcto?
  • ¿El divertirse con Twitter cómodamente desde la silla, con el coche de la nueva flota de BComú esperándole en la calle, es coherente teniendo en cuenta el sufrimiento de “su” pueblo en tiempos de Coronavirus?

Quién sabe, quizás obtenga respuesta ante estas dudas. O quizás no…

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