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“Si a alguien todavía en nuestro tiempo le escandalizan cosas como el deseo y el cuerpo, que no abra ciertas partes de La Biblia”

La escritora multidisciplinar Luna Miguel aporta en Caliente aire fresco, valentía, claridad y compromiso a raudales para abordar sin tapujos temas a priori hirientes o peliagudos como el autoplacer, el deseo o el amor plural

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La editora, periodista, poeta, ensayista y novelista Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1990) aporta valentía, claridad y compromiso a raudales para abordar sin tapujos temas a priori hirientes o peliagudos como el autoplacer, el deseo o el amor plural, entre otros. Y lo hace sin eufemismos ni reflexiones acomodadas en lo políticamente correcto. En Caliente (Lumen) enarbola la lucha que en este sentido realizaron otras escritoras a través de su literatura como Louise Gluck, Cristina Morales, Annie Ernaux o Marina Tsvietáieva, para hacer suyo un mensaje tan provocativo como real e incuestionable en torno a confesiones iluminadoras que hace de esta obra un soplo de aire fresco entre tanto biempensante suelto. “Para mí el amor plural es eso: la ternura, la comunidad, la transparencia, el trabajo generoso hacia los vínculos verdaderos”, sentencia. ¿Alguien puede cuestionar esto con argumentos? Pues eso.

Su poesía, su narrativa y también sus ensayos se entrelazan en temáticas compartimentadas y perfectamente encajables. ¿En función de qué factores elige uno u otro género literario?

Decía Mariano Rajoy eso de que “Es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”. En esa misma línea yo podría asegurar que es el género el que elige muchas veces el tema por mí. Mi literatura rodea ciertas temáticas y obsesiones desde que tengo uso de razón, y dependiendo de la profundidad que algunas de mis ideas precisen, acabo decantándome por un género u otro para poder expresarlas, sugerirlas o enunciarlas de la mejor manera posible.

Lo íntimo y personal está muy presente no sólo en Caliente, su último ensayo, sino también en toda su obra, poética y narrativa. ¿Es esta desnudez una forma de normalizar algo que no tiene por qué estar oculto aún, como así parece que lo está aún hoy día?

No querría llamarlo desnudez. Para mí la desnudez es otra cosa mucho más física. En el terreno de las ideas quiero pensar que lo que escribo responde a una asimilación de aquellos escritores y escritoras con los que he crecido y con los que me he formado, que también desde distintos géneros y estilos, ¡e ideologías!, han apostado por lo autobiográfico. El primer escritor al que leí es Charles Bukowski, cuya narrativa nace de su biografía. Más tarde me obsesioné con poetas como Anne Sexton, Elena Garro, Sharon Olds, Safo, Louise Labé o Chantal Maillard. Una de mis periodistas preferidas es Gabriela Wiener, sin olvidarme de Joan Didion. Y ahora, por ejemplo, este 2021, estoy metida de lleno en Cristina de Pizán, San Agustín, Soren Kierkegaard o incluso Rosa Chacel, quien se nutre de esa literatura personal de la que estamos hablando. Viendo la importancia histórica de lo autobiográfico, si lo que yo hago es poesía nudista… entonces tendríamos que decir que la literatura es, en general, otra forma de desnudarse.

“En general, narramos mal el sexo”

¿Por qué esta valentía al relatar la intimidad sobre el deseo y el amor plural parece que sólo se le exige a la mujer, con no pocas connotaciones morbosas, y machistas, al respecto?

Lo que dices del morbo es cierto. Si un hombre narra su vida —Knausgaard, Carrère, Vilas—, está bien, es valiente. Si lo hace una mujer… ¡será que queremos llamar la atención! ¡Prostituir nuestra intimidad! Vuelvo a lo de antes: de sexo se lleva hablando desde que existimos. Si a alguien todavía en nuestro tiempo, de verdad, le escandalizan cosas como el deseo y el cuerpo, que no abra ciertas partes de La Biblia, que no vuelva a Ovidio, que no pasee por ciertas escenas cachondas de El Quijote porque se va a llevar un buen susto…

¿Existe una diferente calentura masculina y femenina?

No lo sé. Pero me da que en el terreno literario, muchas escritoras han preferido escribir desde posiciones más transversales y más abiertas al retrato del placer del otro, mientras que muchos escritores han creado retratos objetualizados del cuerpo cis-femenino. Durante la escritura de El funeral de Lolita y también de Caliente, leí muchas novelas de la colección erótica de La sonrisa vertical, y eso es cuanto pude advertir. En general, narramos mal el sexo. Me incluyo en ese grupo, pero te juro que estoy intentando corregir mis errores con mimo y paciencia.

Una mujer del siglo veintiuno siente el mismo ardor en Marruecos, España o Japón. Y se supone que su deseo es idéntico al de las mujeres del París revolucionario de 1789, de la Roma Imperial o de la América del New Deal. Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿realmente ha cambiado algo?

No lo sé. Yo estoy viva en 2021, en España, con un cuerpo de mujer cisgénero, blanca, con una determinada educación y lecturas y con el privilegio de llegar a fin de mes. Puedo hablar y escribir sobre mi propia experiencia ardorosa, pero no puedo sentar cátedra por lo que arde en el cuerpo de las otras ni de los otros. Lo que sí quiero pensar es que hoy muchas mujeres de este lado del mundo podemos contarnos y escucharnos entre nosotras. Y ojalá eso sirva para que otras puedan contarse y escucharse también.

¿Qué se interpone, además del machismo ancestral, para una verdadera normalización del deseo femenino a todos los niveles?

La vergüenza. El desconocimiento.

¿Ha habido algún tipo de ánimo provocador en su ensayo para analizar el mundo del placer erótico femenino?

No sé si es provocador, pero ya me he encontrado con emails largos de lectoras criticando mi posición sobre el debate trans o la relacionada con el trabajo sexual. Incluso se me ha dicho —y aquí incluyo lecturas de otros libros míos anteriores— que frivolizo con el abuso infantil, cuando lo único que he hecho es narrar mi propia y nefasta experiencia con el mismo. Hay cosas que una escribe con el máximo respeto y cuidado, pero que a veces son interpretadas, a mi juicio, con cierta cerrazón.

Consentimiento, respeto y honestidad. ¿Es este el verdadero Santo Grial de  las relaciones personales de cualquier tipo?

Sí. Añadiría la generosidad. Un concepto que deberíamos aplicarnos todxs.

“Si un hombre narra su vida, está bien, es valiente. Si lo hace una mujer… ¡será que queremos llamar la atención! ¡Prostituir nuestra intimidad!”

Usted se pregunta en un momento determinado de su libro: “¿Qué es más degradante, narrar el dolor o narrar el placer?”

Sigo sin saberlo. Supongo que en realidad ninguna de las dos cosas es degradante si se hacen con pasión. Si lo piensas bien, sólo degradan estas escrituras quienes las miran con asco y con prejuicios.

¿Reprimir el deseo es amar sólo a una única persona? ¿Por qué?

No. Creo que reprimir el deseo es esconder nuestras pasiones y nuestras ambiciones. Escondérselas incluso a las personas con las que más confianza tenemos. No poder mostrarnos vulnerables. No poder reconocer nuestros miedos ni nuestras dudas. Al menos así es como yo lo he vivido. Ojalá nunca más vuelva a sentirme así de desamparada. Trabajo para crear vínculos fuertes, para que este capitalismo criminal no nos haga tanto daño. Y ya que empecé citando a Rajoy, permíteme que acabe mencionando a Juan Manuel de Prada, quien hace poco, en una conversación con Víctor Lenore, decía precisamente que “al capitalismo no le interesa que los seres humanos establezcamos vínculos fuertes y verdaderos”, pues cuanto más solos, desvinculados y reprimidos para con los nuestros estemos, más se podrán aprovechar de nosotros. Para mí el amor plural es eso: la ternura, la comunidad, la transparencia, el trabajo generoso hacia los vínculos verdaderos. 

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2 Comentarios

  1. Estimada enemiga:

    No se llega al afecto por intelectualización, sino por sentimiento, experiencia y sabiduría.
    Si fueras huérfano o hubiera ocurrido que hubieran abusado de ti en el momento «lindo» de la vida, y nadie a tu alrededor pareciera haber dedicado un minuto a solas a pensar y rabiar y llorar por ello, poco obtendrías poniéndote a teorizar.
    Por otra parte, ¿qué es eso de «los afectos», «los cuidados», las categorías de afectos, y toda esta parafernalia cansina y burocrática con que hablais las jóvenes de hoy?
    ¿Por qué ese miedo, ese ocultamiento continuo de que lo que deseais es hablar de Amor? O de amor.

    Nadie puede ser buen escritor si no se juega la vida. Esa es una de las razones por las que hay más hombres que mujeres escritoras, o por la que suelen ellos presentar más calidad.

    Sufro por ti, y más viendo que tienes un nene pequeño. Pero en ocasiones también veo que estás bien.

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