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Shakespeare no es argentino, ni Julio César de Mérida

La 68 edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida suma propuestas, espacios, ubicuidad y una ‘première’ que causó división de opiniones

Juan-Carlos Arias
Juan-Carlos Arias
Agencia Andalucía Viva. Escritor
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análisis

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Jesús Cimarro, incombustible director del más prestigioso evento teatral  grecolatino español, logró consolidar el programa del 2022 con seis estrenos mundiales. Se añadió el resucitado Teatro María Luisa emeritense y nuevas localidades extremeñas al teatro clásico por antonomasia. El éxito del festival trae causa por sinergias institucionales y privadas que apoyan unánimes esta apuesta cultural. Un gran equipo lo tiene todo a punto entre el 1 de julio hasta el 21 de agosto.

Destacamos la profesionalidad de las mujeres que hacen mayor el eco del Festival: Adriana Lerena (Directora de Comunicación), Toñi Escobero (Prensa) y Laura Gil (Comunicación digital). Logran que medios de toda España y el extranjero hagan crónica del evento.

Además de la impresionante sede del Teatro Romano, el festival suma espectáculos y películas vespertinas y nocturnas en el Templo de Diana (Agusto en Mérida), Parador y Claustro, conferencias (XI Encuentros con Clásicos, Shakespeare en Mérida), encuentros (IVº de Periodismo Móvil y Cultura, Creadores del FITCM), exposiciones (Spectácula, Koilon, Puro Teatro, Theatrum Mundi y Ars Fatum).

También, acoge pasacalles (pasiones de Zeus), programa infantil (Héroes y heroínas), campo de voluntariado, talleres en provincias de Badajoz y Cáceres, lecturas dramatizadas, y el estreno del juego Escape City Box “La Tumba de Alejandro Magno”, que en septiembre se podrá jugar en más de 55 ciudades de toda España.

Además, desde los pasados 8 al 26 de junio el FITCM calentó el ambiente llevando a los teatros madrileños Reina Victoria y su Ambigú, más el Bellas Artes, las obras Mercado de Amores, Hipatia de Alejandría, 50.000 pesetas, Tito Andrónico y Los Suplicantes con singular y aplaudida acogida del público.

En las localidades extremeñas de Medellín (22 al 24 de julio), Regina (29 de julio, 5 y 6 de agosto) y Cáparra (11 al 14 de agosto) el FITCM llevará las mismas obras que a Madrid. Pero se añaden las opbras Los Dioses y Dios (con Rafael Álvarez El Brujo) más 2500 años con Antígonas y Creontes.

Fotos: FESTIVAL DE MÉRIDA, JERO MORALES y ANDALUCÍA VIVA.

Expectación del estreno

Muchas ganas palpitaban para disfrutar del estreno del festival la noche del 1 de julio. Aquella velada pronosticaba además buena temperatura, no el calorazo que se acostumbra. Parte de las ganas venían del Julio César de Shakespeare (1599) en la versión del Complejo Teatral de Buenos Aires. Lo dirige José María Muscari. Críticas previas alababan y detestaban un drama por igual. Esas eran las únicas credenciales habidas sobre el espectáculo. 

Del Cervantes anglo [William Shakespeare] conocíamos que metabolizó a César en contexto de lucha por el poder y traiciones políticas. El marketing de la compañía argentina avisaba que esa Roma la tomaron tecnologías digitales, hombres con ovarios y mujeres con pelo en el pecho. Se añadía una versión libre de una obra de Shakespeare donde maridan amores escondidos y mentiras políticas. Ese prólogo apenas ni llenó el foro teatral.  

La tribuna la completaron autoridades extremeñas (Presidente-Fernández Vara, Consejera de Cultura-Nuria Flores, Alcalde de Mérida-Antonio Rodríguez…), el Ministro de Cultura (Miquel Iceta) y respectivos séquitos a los que no les hizo falta abrigarse por el calor del socialismo periférico.

Fotos: FESTIVAL DE MÉRIDA, JERO MORALES y ANDALUCÍA VIVA.

La excelencia y el fiasco

La libérrima versión de Muscari sobre Julio César shakesperiano es un totum revolutum. Difícil de metabolizar por el espectador. Shakespeare, si cobrara derechos, estaría encantado por polémico tras siglos criando malvas. Sigue oliendo mal en Copenhague, hay demasiados Hamlets, Macbeths, Otelos, Césares, Romeos-Julietas y sueños veraniegos.

El incomparable escenario emeritense se llenó de talentosos argentinos que, acaso, montaron un quilombo (alboroto). Excelente escenografía, sonido y 6 pantallas LED. La voz trapera de Nathy Peluso retumbaba, más canciones de C. Tangana y Rosalía. El vestuario era galáctico, nada romano. Un chillón que se peleaba con el buen gusto. Dosis trending, o drag-queen sin taconazos.

Muscari, sobre texto y diálogos de la obra, penetra a Shakespeare con mimbres: ambición del poder, autocracia, corruptelas, satrapías y un perenne discurso político. Válido hoy, para España y Argentina. Pero que los hombres sean mujeres y al revés, el halo trans revolotee mezclado con besos de vicio lésbico confunden al personal, más cuando se le hurta la aconsejable sensualidad.

Estamos ante una versión libre de una obra de Shakespeare donde maridan amores escondidos y mentiras políticas. Ese prólogo apenas ni llenó el foro teatral

Reivindicar feminismo y la diversidad sexual está genial, más en las tablas del teatro. Olé. Y más jaleando el Orgullo LGTBI+ en su semana grande, luchando la homofobia, violencia de género, maltrato a las mujeres, niños y emigrantes. Pero desde la pancarta de vanguardias a un escenario que tiene delante público que espera versiones con mínimos del teatro clásico hay distancia.

Las gracietas intentadas para que el respetable sonriera repetían tópicos hispanos. Incomprensible. ¡Con lo bien que cuentan los argentinos chistes de españoles! Acordémonos cómo nos tronchamos de risa con Les Luthiers, o aclamamos a genios del país hermano Darín, Sbaraglia, Luppi, los Alterios (Héctor y Malena). ¿El Ministro Iceta ayudaría con sus bailes mitineros?

El César de Muscari parecía inmerso en un club de alterne empequeñecido por la inmensidad del Teatro Romano. Moira Casán, la intérprete de César, no regateó guiños a su papel de diva. Movía poco el esqueleto y hablaba muy alto, quizás creyendo que nadie la oía. Los flash backs (retornos en el tiempo) del/la César no resultaban muy creíbles. El ídolo romano, creemos, fue mucho más ecléctico en la mente de Shakespeare. Casán, sin embargo, insinuaba que su liderazgo se trasplanta fuera del escenario. Top de VIPs  

Otros personajes del drama (Bruto, Marco Antonio, Tribunio, Cornelia…) juntaban sus palabras al público sustentados bajo claves variopintas. O bebían un Aperol, o corrían hasta las redes sociales, o agarraban un Uber o alquilaban Netflix. 21 siglos después de que César viviera, Shakespaeare licenció a lo mejor que se resucitara a su César en Mérida con la compañía argentina. El totum revolutum suma y sigue.         

Fotos: FESTIVAL DE MÉRIDA, JERO MORALES y ANDALUCÍA VIVA.

La irreverencia campaba sobre los más puristas del teatro greco-latino. En las gradas de Mérida son mayoría. Esa ortodoxia asume obvias versiones de los clásicos adaptadas al siglo XXI y las aplaude. Otras reseñas del espectáculo dan fe que se hurtó hasta el aplauso y bises. Algo injusto. Pero parece innecesario tanto color hortera, gafas de sol y repetidas palabras soeces para versionar el César de Shakespeare. O acaso debemos pensar que los españoles somos paletos ante genialidades australes. Si César viviera reinaría desde Buenos Aires. This is the question

El estreno del 68º Festival emeritense fue ideal para los que gustan opinar sobre base de la polémica. Ahí, seguramente, está la grandeza de Muscari, un elenco actoral capacitado y un equipo técnico de diez. Lo dieron todo para sembrar la división de opiniones que tendríamos sobre Shakespeare y su Julio César. Según el prisma de Muscari y su nutrido equipo.

En Mérida ya se representaron diez versiones del César shakesperiano. Debemos concluir que ni el famoso escritor británico es argentino, ni el irredento icono romano es de Mérida. To be or not to be.      

FICHA TÉCNICA:

REPARTO:  Moria Casán, Marita Ballesteros, Alejandra Radano, Malena Solda, Mario Alarcón, Mariano Torre, Mirta Wons, Vivián El Jaber, Fabiana García Lago y Payuca

Coordinadoras de producción: Daniela Cristobal y María La Greca

Asistentes Técnicos: Mariana Melinc (Dirección), Pilar Repetti (Vestuario), Paula Vicharelli (Escenografía), Paola Luttini (Video), Rosario González (Realización), Sebastián Blejman (Sonido) y Omar Posematto (Iluminación).

Diseño de vestuario: Camila Milessi y Emiliano Blanco para Kostüme

Diseño de escenografía: Gabriel Caputo

Dirección: José María Muscari

Producción: COMPLEJO TEATRAL DE BUENOS AIRES (Argentina).

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