Sexto sin ascensor

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Hoy, después de toda una vida de viejos peldaños de madera, han puesto
en funcionamiento un ascensor y María, la del sexto derecha, ha podido
bajar hasta la calle tras veinte años de encierro forzoso. Lo ha hecho
apoyada en su andador, abrigada hasta la coronilla y escondiendo bajo el
chal un cuchillo de cocina por si las moscas.

No ha pasado del umbral María. Ni siquiera ha llegado a la calle. Le ha
clavado el pela-verduras a un repartidor de propaganda que quiso
aprovechar el portal abierto. Ha vuelto sobre sus pasos, ha cerrado todo
los pestillos de su puerta, se ha sentado frente al televisor y se ha
conectado a su presentador de noticias favorito aseverándole en voz
baja lo peligroso que se ha vuelto este mundo.

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