El paradigma de la música en directo en la nueva normalidad guarda dos preocupaciones comunes: el aforo y el distanciamiento social. El sector musical, en todos sus ámbitos, ha sido uno de los más azotados por la pandemia del COVID-19 debido al confinamiento y a la pertinente distancia de seguridad, con especial incidencia en la música en directo. Por eso, las trabajadoras y los trabajadores de este gremio se las han tenido que ingeniar -y siguen haciéndolo- para continuar de la forma más digna posible.

Hablamos de músicos, pero también de técnicas, son los de producción y las que organizan festivales, las personas que trabajan en una tienda de discos, regentan un bar musical o una sala de conciertos. ¿Para quién pincha un dj si no es para un público que baila? ¿Cómo se sufragan los gastos de una sala de conciertos sin conciertos? ¿Es el streaming la solución? ¿Cómo se monetiza? La cultura está viva y requiere de personas que puedan vivirla para sobrevivir. Diario16 ha hablado con diferentes profesionales del sector musical para que nos acerquen su realidad y cómo se presenta el futuro próximo de la música con esta nueva normalidad.

La calle Sol de Granada alberga uno de los últimos bastiones de la música de la ciudad. Nos referimos al Ruido Rosa, un local que ha creado escuela en varias generaciones desde abriera sus puertas hace 33 años. En 2017, coincidiendo con el aniversario de su tercera década, el músico Sergio Vela tomó el relevo del local con más solera y deleite musical de la capital granadina. Hoy hace una semana que volvieron a subir la baraja tras el confinamiento. Lo hicieron con el 75% de aforo y respetando todas las medidas de seguridad exigidas. Este verano no habrá vacaciones, la temporada baja del bar se convierte forzosamente en temporada alta, sobre todo, para deseo de Sergio y su equipo.

“Momentos de bloqueo y un caudal informativo agobiante y abrumador”, así recuerda Sergio Vela el periodo de confinamiento, donde la palabra “incertidumbre” fue capitana tanto a nivel personal como de negocio. Cerró el 12 de marzo “por responsabilidad y coherencia”, ya que su local es muy pequeño y por aquel entonces la virulencia del coronavirus era total. Pudo acogerse a la ayuda por cese de actividad como autónomo y solo tiene “palabras de agradecimiento” hacia sus caseros, ya que al comienzo del estado de alarma le comunicaron que “si no había negocio, no había alquiler”. En ese momento no tenía a nadie contratado, por lo que no tuvo que entrar en demasiadas burocracias, eso sí, “toda la programación se me vino abajo”, reconoce.

Sergio rompe una lanza a favor del Gobierno porque “se le ha criticado mucho por improvisar”, y el mismo replica: “¿Quién no habría improvisado en esta situación? Sobre todo, por la catástrofe económica que se nos viene”.  Respecto a la cultura cree que es “bastante complicado” gestionar las ayudas, ya que “las condiciones son precarias, no todo el mundo está dado de alta y no todas las profesiones están reconocidas en el ámbito cultural”, lamenta. No obstante, considera que la partida presupuestaria presentada por el Ministerio de Cultura es “exigua”.

Con el Ruido abierto al 75% del aforo, Vela cuenta que las medidas de higiene, además de considerarlas necesarias, no son tan difíciles de cumplir. En su opinión, lo más complicado serán las consecuencias de la reducción del aforo. “Vamos a tener que subsistir hasta el final de las restricciones con una importante reducción de ingresos, la coincidencia con el verano (en Granada es temporada baja) y la reticencia de mucha gente a entrar en un local cerrado”, explica. Sin embargo, “los gastos de suministros y alquiler van a ser los mismos, a los que hay que sumarle los pagos atrasados”. Al menos le queda el consuelo de contar con las ayudas del gobierno a autónomos hasta septiembre, pero entiende que va a ser difícil.

En lo que concierne a la música en directo, Vela manifiesta que “ya existía un modelo muy injusto”. El circuito de salas de conciertos “se había desvirtuado a cómo yo lo entiendo antes de la pandemia y en el caso de los festivales, muchos y con los mismos grupos, que más que bandas parecían vender cerveza”, asevera. Se muestra esperanzado en “volver a tener un modelo de concierto más realista que no perjudique al público y, por supuesto, a los grupos”. En este sentido, confía en que “vaya evolucionando a mejor y se permita el aumento de aforo en las salas”. Hace especial hincapié en que “la distancia social ya existía de antes”, y que sería más apropiado hablar de “distancia de seguridad”, como uno de los principales problemas para la apertura de los bares.

Sergio ve “ridícula” la nueva modalidad de disfrutar los conciertos desde una silla y defiende la posibilidad de mantener la distancia de seguridad de otra manera. “Podría delimitarse el espacio que puede ocupar cada persona con cinta adhesiva y no criminalizar de antemano a un público al que se da por hecho que no va a respetar las normas”. Finalmente, espera que si se diese el caso de un rebrote en algún bar, “no paguen justos por pecadores y tengan que volver a cerrar todos los bares”, ya que con las cárnicas “no se está haciendo”.

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