Una vez que se consigue lo imposible no parece tan difícil volver a lograrlo. El año pasado era imposible que Sergio Pérez ganase una carrera de Fórmula 1. Llevaba años y años intentándolo, siempre sin éxito. Y además parecía qué una estrella negra brillaba sobre su cabeza y la carrera del gran piloto mexicano iba a tocar a su final.

Nadie, o casi nadie, al principio de la temporada 2020, ni tampoco al final, habría apostado un mísero dólar a favor de que Sergio Pérez llegaría a subirse en una carrera al cajón más alto del podium.

Era imposible.

Nos dirán que una carrera no son 23 carreras; en 23 carreras el azar y los milagros son más difíciles, y que no va a haber 23 veces un George Russell en un Mercedes abandonando y dejando pista libre.

Pero el Red Bull de este año tiene una pinta excelente, y hasta el gruñón del Dr marco parecía impresionado con Sergio. El gran Checo Pérez.

Así que desde aquí nosotros no apostamos el pan de nuestros hijos, por supuesto, pero un mísero dólar por supuesto que sí, e incluso un ciento.

Desde España se mira a Sergio Pérez con afecto pero no con tanta pasión cómo se hace en México y toda América Latina. Y desde esa pasión no ciega, ese afecto, pensamos que es un imposible posible, que Sergio Pérez acabe siendo campeón del mundo 2021.

Why not?

Tigre tigre.

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