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Ser o no ser cínico

"Ser cínico es lo contrario de lo que creemos. Normalmente el cínico es una persona honesta y contraria a la hipocresía política" 

Antonio Guerrero
Antonio Guerrero
Antonio Guerrero colecciona miradas, entre otras cosas. Prefiere las miradas zurdas antes que las diestras. Nació en Huelva en 1971 y reside en Almería. Estudió relaciones laborales y la licenciatura de Filosofía.
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análisis

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En estos últimos días he encontrado mucho la palabra cínico para definir situaciones vinculadas a los vericuetos de la política. Normalmente cuando se emplea se hace para dar un significado muy concreto: calificar a personas o actos en los que predomina la obscenidad, el descaro, y la ausencia de vergüenza, a la hora de mentir o de narrar hechos inmorales, ilegales o etc. En ese sentido este término puede llegar a ser sinónimo de hipocresía cuando describe el ocultamiento de los verdaderos deseos o motivos de un hecho; o cuando expresa la incoherencia entre lo que se defiende y lo que se hace. No obstante es justo aclarar algo de vital importancia.

Si bien la RAE le da al vocablo cínico ese sentido, no lo es en sentido estricto y menos aún etimológicamente. El cinismo fue una corriente filosófica formada por algunos alumnos de Sócrates que se bifurcaron del maestro.

De forma vehemente despreciaron los bienes materiales hasta el punto de creer que la civilización era un mal para el hombre. La libertad y la sabiduría eran las únicas vías para la felicidad; y el perro era el modelo a seguir, ya este animal tenía más valores que las personas. De hecho «cínico»(kynikós) significa «perro» en griego. Ser cínico era ser honesto y lejano a la hipocresía política y social. En España hay alguien que ha abanderado se concepto. Ha sido Juan Perro (Santiago Auserón) -que por cierto, es Filósofo-. Y lo ha hecho a través de las letras de sus canciones. Pues bien, a la luz de lo dicho, debemos afirmar que un cínico es lo contrario de lo que creemos. A la sazón no usamos bien esa palabra al referimos a nuestros políticos. Por eso lo justo sería ahora poner otros calificativos a las acciones de estos. Resultaría más correcto el uso de voces como «Utilitarismo» o «Maquiavelismo». El primero consiste en anteponer lo útil sobre lo bueno, renunciando así al debate ético. El segundo trata de señalar que el fin está por encima del medio, dejando anulado el derecho a la dignidad. Ambos son, sin duda, mejores retratos de nuestro presente político: uno vacío, lleno de intrusitas y de intereses de la geopolítica. Decir que nuestros políticos son cínicos no solo es equivocado sino una atribución de cualidades positivas de las que carecen. Para finalizar les dejo una frase del gran cínico Diógenes: «El insulto deshonra a quién lo infiere, no a quien lo recibe».

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