Esther Bengoechea fotografiada por Marta Moras.

Afortunadamente, de un tiempo a esta parte, el número de publicaciones que logran rescatar del olvido a las mujeres que habrían hecho historia de no ser por el sesgo machista de quienes la han escrito hasta el momento (artistas, escritoras, pensadoras, científicas, matemáticas, etc) va en aumento. Poco a poco, y no sin esfuerzo, también la sociedad premia el ínclito esfuerzo que supone reivindicarlas, que es lo mismo que revindicar el papel que la mitad de la población ha jugado en la civilización que hoy conocemos. La novela de la periodista Esther Bengoechea, ‘La lluvia de Camille’, premiada con el Rrose Sélavy’ de Novela Histórica, es un buen ejemplo de esta tarea. En ella, Bengoechea recorre la biografía de Camille Claudel, excepcional escultora francesa del s. XIX, con un estilo ágil, concreto, bien desarrollado e, incluso, con cinematográfico. Hablamos con ella para acercarnos a su novela.

 

Además de su formación como filóloga y periodista, estás cursando actualmente estudios superiores en historia del arte y, ahora, te lanzas a la escritura de novela ¿Cómo decide escribir un relato sobre la vida de Camille Claudel? ¿por qué la escoge a ella?

Conocí la obra de Camille hace muchos años, cuando fui por primera vez a París y estuve en el Museo de Rodin, ya que allí había varias obras de Camille –su hermano Paul se las cedió al museo de Rodin, cuando ella ya estaba interna y silenciada-. Y comenzó a interesarme su vida y su historia. Poco después, mi tía me regaló un libro, ‘Historia de mujeres’, que contenía pequeñas biografías de mujeres olvidadas por la historia entre las que se encontraba Camille. Mi tía falleció el verano de 2018 y sentí la necesidad de releer aquel libro que me había regalado. Y volví a encontrarme con Camille… y ya no la dejé marchar. Comencé a investigar más sobre ella con las diversas biografías que se han escrito sobre ella y, con su correspondencia epistolar, a esquematizar su vida con fechas y hechos importantes. De esta manera, me decidí a intentar contar, desde mi perspectiva, cómo había sido su vida y todo lo que había sufrido y luchado.

 

¿Considera relevante visibilizar su labor?

En este caso concreto, sentí la necesidad de mostrar su dolor, su sufrimiento y su soledad. Cómo el mundo entero le dio la espalda, salvo su padre, solo por ser mujer, aunque tuviera tanto talento como su maestro. Era algo que tenía que hacer. No es justicia, pero quería contar qué ocurrió.

Y, sí, me gusta la idea de intentar visibilizar la labor y el gran trabajo de las mujeres artistas olvidadas por la historia solo por eso, por ser mujeres.

 

A lo largo de la narración, nos da cuenta de las proezas conseguidas por Claudel: la talla en mármol y jade de una pieza, el naturalismo expresivo de los rostros de sus obras, los desafíos incorporando, por ejemplo, la ola de Kanagawa (tras una supuesta apuesta con Debussy según la novela). Sin embargo, su obra no ha sido reivindicada, ni mucho menos tan conocida, como la de Rodin ¿a qué cree que se debe?

Su obra siempre estuvo a la sombra de la de su maestro por varios motivos. La perjudicó, y mucho, que su arte se pareciese al de Rodin –su forma de esculpir era parecida, que no igual, antes de conocerse- y la sociedad, muchas veces, la tachó de imitadora. Incluso llegaron a decir que él la ayudaba con sus obras, cuando era al revés, en realidad. (La frase de Rodin, de ‘yo le enseñé cómo conseguir el oro, pero todo el que encuentre es suyo’ que cito en la novela es textual. No se sabe cuándo la dijo, pero es cierto que Rodin trató de defender a Camille y su arte). También la perjudicó ser mujer e intentar ganarse la vida con su arte. Nadie entendía en la época que una mujer no quisiese casarse y se pasase el día encerrada en su taller esculpiendo. Pensaban que estaba loca, y, poco a poco, la soledad, la falta de ayuda y de dinero, y las continuas decepciones de la vida la llevaron hasta la locura.

“Nadie entendía en la época que una mujer no quisiese casarse”

 

Además, presenta su texto a un Premio de Novela Histórica y, merecidamente en mi opinión, lo gana ¿circuló antes por su cabeza la idea de escribir una novela orientada al texto o encajó una vez escrita?

Creo que la clave fue tener el esquema con todos los datos importantes y tiempo para interiorizarlos, empatizar con ella y entender todo su dolor. Di muchas vueltas a todo lo que ella sufrió y sintió, cómo se encontraría en este momento, a quién echaría de menos en aquel… Así, con el esquema cronológico de su vida, decidí la estructura de la novela, que fue clave para escribirla. Decidí que serían capítulos cortos en los que narraría cada vez un día específico de años concretos, como pildoritas de su vida. Intenté sus grandes momentos, algunos buenos y la mayoría, malos, y narrarlos con sencillez pero con mucho sentimiento.

 

Lo consiguió (postillo)

¡Gracias! (ríe)

 

¿Cómo ha ido lo de pasar de las noticias a la revisión de las galeradas?

Fue toda una experiencia, la verdad. Un rato escribía un reportaje de deportes y al siguiente estaba viendo cómo mi texto se iba a convertir en una novela de verdad. Fue un poco estresante todo…unido al periódico y a los niños (tres!)…pero sarna con gusto no pica. Así que volví a corregir el texto varias veces, porque no hay cosa que más odie en el mundo que las novelas con erratas.

 

Aunque ya existe un largometraje versado en la vida de Camille (protagonizada por Juliette Binoche) y otro sobre la relación de Rodin con ella, he creído desvelar en cada capítulo de la biografía de Camille un equivalente a un capítulo para una serie o incluso, obra de teatro ¿lo escribió pensando así? En este caso ¿quién podría ser la actriz que le diese vida? ¿y cómo decidió plantearlo por etapas vitales?

Leí muchas biografías y biografías noveladas sobre Camille, y, en todas me volví un poco loca con tantos datos y todo un poco mezclado. Por eso quería hacerlo sencillo, de lectura fácil, pero profunda…¡o eso intenté!. Me pareció más importante el contenido que los datos en sí. Quise detenerme a pensar cómo se sentiría, qué pensaría o cuándo tiraría por fin la toalla de esa vida que le dio tanto la espalda. También, he de reconocer, que cada capítulo era un paso más, una pequeña victoria hacia el objetivo que no era otro que lograr terminar la novela dignamente. A días pensaba que sí que estaba bien escrita y era interesante, y otros solo quería tirar por la ventana el portátil y olvidarme de todo. Fue un poco una montaña rusa de emociones.

En cuanto a la actriz, yo escogería a Isabelle Adjani, sin duda. Es la que protagonizó ‘La pasión de Camille’ y, cuando vi su interpretación, sentí que veía directamente a Camille en la película. Aún tengo grabada su voz, gritando ‘Rodin’, y sus increíbles ojos azules heridos y acercándose a la locura.

 

Muchas de las etapas vitales, como suele suceder con los artistas, están relacionadas con periodos artísticos u obras concretas ¿cómo seleccionó cada pieza para ofrecerle esta relevancia?

Sentí la importancia que dio a esas obras, lo que le rondó por la cabeza, la cantidad de réplicas que hizo. Y entendí que, muchas veces, sus sentimientos y su propio dolor estaba tallado en su obra. Por eso creí importante, para entender realmente a Camille y su vida, introducir su obra en la novela.

 

La biografía de Claudel encierra una serie de episodios desdichados consecuencia, en tu novela, de la falta de reconocimiento (en gran medida ocasionada por causa de Rodin, en parte también por ser mujer en una época en la que las mujeres lo tenían bastante más complicado para despuntar en el mundo del arte) y de dinero dadas las dificultades con las que se encuentra para dar visibilidad a su obra o ponerla en valor en una sociedad prejuiciosa y machista ¿cree que habría sido diferente de haberse tratado de un hombre?

Sí, estoy segura de que su vida hubiera sido distinta si Camille hubiese nacido hombre. Su vida ya fue un continuo dolor por el odio de su madre, que esperaba un varón para reponer el primer hijo que había muerto. Por eso, su madre siempre la llamó “la usurpadora”. Desde que nació, ser mujer le trajo desdichas. Era mujer, era bella, tenía talento, era soberbia y orgullosa. Nada de eso gustó y cuajó en la época. Basta señalar que Camille logró pasar la prueba para estudiar en la Academia de Bellas Artes de París, pero, como era mujer, no pudo hacerlo. En cambio, Rodin intentó ser admitido tres veces y no lo logró ninguna. Estoy segura de que, si hubiera sido hombre, nadie la habría encerrado en un sanatorio, ni habría sido enterrada en una tumba sin nombre, lejos de París y de todo su mundo.

 

El estilo aparentemente sencillo pero a la vez sumamente ilustrativo que emplea en la novela bien merece que se emplee en futuras obras ¿tiene algo en mente?

En mente, sí. Hace tiempo que me ronda por la cabeza la escritora Kate Chopin, cuya obra, ‘El despertar’, es una de mis favoritas, pero no lo tengo demasiado claro aún. No sé si quiero seguir por este campo o probar otra cosa completamente distinta, más cerca del periodismo deportivo, en el que trabajo. Aún estoy dándole vueltas, a la vez que sigo disfrutando de la primera novela, de que guste, de que la gente me pregunte, de todo eso. Es completamente cierto que no me lo esperaba. Probé suerte con algún concurso, pero, mientras, estuve ahorrando para publicarla yo misma pensando que no iba a ganar. Y me equivoqué. Después de ganar este concurso de la Editorial Ápeiron, se pusieron en contacto conmigo de otro concurso en el que participé también con esta novela para decirme que no había ganado, pero que estaban interesados en publicarla. ¡Eso ya me pareció increíble!

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