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Seis horas sin Whatsapp, el miedo a la desconexión

Diario16 habla con expertos para medir el impacto emocional causado por la desconexión mundial de las redes sociales que se vivió el lunes

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El pasado lunes, internet puso a prueba la capacidad que tenemos de vivir sin estar conectados a las redes sociales ni a las aplicaciones de mensajería instantánea. Durante más de seis horas los más de 2.000 millones de usuarios que tiene Wathsapp volvieron a un pasado en el que la comunicación era menos inmediata y menos constante. “Vivimos en la sociedad de la inmediatez. Es decir, necesitamos inmediatamente estar conectados y tenerlo todo ya”, explica a Diario16 la psicóloga experta en adicciones comportamentales y directora del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones No Tóxicas, Consuelo Tomás.

Tolerancia a la Frustración

La caída de Whatsapp, Instagram y Facebook durante más de seis horas sumergió a parte de la población en la inquietud y la ansiedad. “Las personas empiezan a ver que no se pueden conectar y entonces empiezan a experimentar cierto nivel de ansiedad, cierto nivel de inquietud. Sobre todo porque no sabían por qué se habían quedado sin conexión. Uno de los aspectos que más ansiedad genera es la incertidumbre”, continúa la experta. Esta costumbre a la inmediatez, al tenerlo todo aquí y ahora está provocando según la psicóloga que cada vez tengamos menos “tolerancia a la frustración”. Como niños que necesitan de la satisfacción instantánea nos cuesta aceptar episodios como el vivió el pasado lunes. “Cuando las cosas no son como y cuando nosotros queremos nos sentimos frustrados, irritables y ansiosos”, matiza Tomás.

Adictos a la conexión

Pero si la caída de la conexión afectó a casi todo el mundo, los que peor lo sufrieron fueron aquellas personas que han desarrollado un comportamiento adictivo con este tipo de aplicaciones. “Estamos hablando de que el estar conectado se convierte en el eje central de la vida de una persona, hasta el punto de que cuando a estas personas se les interrumpe o no pueden estar conectadas experimentan un síndrome de abstinencia”, explica Consuelo Tomás y continúa describiendo los síntomas que pueden mostrar las personas adictas a las redes sociales cuando se les interrumpe la conexión. “Ansiedad, agitación psicomotriz e incluso aparecen movimientos involuntarios con los dedos o con las manos como si estuvieran frente a un teclado”.

Pensar en los demás

Otro de los problemas que genera la hiperconexión es la dependencia hacia los demás. “El problema que se vivió el lunes no era solamente que las personas no se podían conectar, sino que no podían dejar de pensar en lo que en ese momento podría estar sucediendo en las redes o lo que sus amigos estaban colgando”, explica la experta que continúa describiendo hasta dónde llega el nivel de dependencia: “Para algunas personas su autoestima depende de colgar algún comentario o alguna foto e inmediatamente tener la retroalimentación de los demás en forma de un comentario o de un Like”.

Vivir sin redes sociales

Para la experta es importante matizar entre las personas que están conectadas por trabajo de las personas que lo están por ocio. “Las personas que lo estaban utilizando por trabajo y de repente no se podían conectar con sus compañeros de trabajo o no podían enviar información lo que experimentaron fue estrés”. Pero también hubieron aspectos positivos en la desconexión forzada. “Para algunas personas lo sucedido también sirvió para ver que pueden vivir seis horas sin redes sociales y que no pasa nada en sus vidas”.

Desconectar

De lo sucedido parece quedar una lección por aprender: “Es importantísimo aprender a desconectar el móvil. Cuando estamos durmiendo el móvil se desconecta, cuando estamos con amigos el móvil se desconecta, cuando estamos en una reunión de trabajo el móvil se desconecta”, aconseja Consuelo Tomás y concluye con un vistazo optimista. “No hay que demonizar las redes sociales porque en el confinamiento nos han servido para ponernos en contacto los unos con los otros. Lo que hay que hacer es intentar construir un mundo que no solo sea virtual y en el que estemos bien con nosotros mismos porque lo bonito, más que exponer, es compartir”.

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